Salamanca criminal: cuando robar a un ladrón no tiene perdón

NOTICIASCYL continúa su serie dominical sobre prácticas delictivas cada vez más comunes en la provincia charra. El décimo capítulo aborda los denominados 'vuelcos' a narcotraficantes dentro de las disputas entre las bandas por hacerse con el control de la compraventa de droga

FuenteH. Huerta

La crónica de sucesos está impregnada cada vez más con hechos delictivos hasta no hace mucho tiempo más propios de grandes urbes, de otras latitudes donde la delincuencia está a la orden del día. Pero la globalización también conlleva la expansión del delito y sus nuevas vertientes, que NOTICIASCYL les detalla cada domingo en una serie, acercándoles los detalles sobre prácticas cada vez más comunes en Salamanca.

Es el caso de los denominados ‘vuelcos’ a narcotraficantes, vendedores de droga que roban a otros la mercancía dentro de una creciente disputa por el control de la compraventa de sustancias estupefacientes. Asaltos que pueden ser muy rentables a priori, porque no se denuncian ni a la Policía Nacional ni la Guardia Civil, pero que después suelen derivar en ajustes de cuentas y tiroteos, con heridos por arma blanca o disparos. En la primavera del año pasado hubo tres muertes por estos motivos. Este año los ajustes de cuentas han sido apuñalamientos de aviso.

Las bandas dedicadas a los ‘vuelcos’ cuentan con múltiples antecedentes y se caracterizan por la violencia que emplean a la hora de cometer sus actividades criminales, haciendo uso de armas de fuego, armas blancas y agresiones físicas para conseguir su propósito. Además, se valen de avanzados medios técnicos para someter a vigilancias y seguimientos a sus objetivos y conocer sus movimientos en todo momento.

Lo más fácil para ellos es perpetrar un ‘vuelco’ simple, aquel en el que el comprador roba al vendedor en pequeños intecambios de droga, o al revés. Robos sin especialización en los que el ladrón sabe que la víctima no va a denunciar. Ya cuando la mercancía es algo mayor entra en juego el engaño, haciendo creer a los narcos que disponen del dinero en efectivo suficiente para comprar el estupefaciente. Para ello introducen en un sobre numerosas cartulinas blancas y encima un billete de 100, 200 o 500 euros para engañar a los vendedores. Cuando van a comprobar que todo el dinero es correcto, los compradores los pillan desprevenidos, sacan un arma de fuego, sustraen la droga y huyen del lugar.

Otro tipo de ‘vuelco’ es aquel en el que los asaltantes simulan ser agentes de la Policía Nacional o de la Guardia Civil, ya sea fingiendo un control en carretera (así murió un ladrón en la autovía A-66 hace dos años) o en la vivienda de los narcotraficantes como si fuera una redada.

La banda se estructura en forma piramidal para establecer una jerarquía criminal en sus actividades. En la cúspide de esta estructura se encuentran quienes supervisan y coordinan a los integrantes del grupo.

En el segundo escalón están los ‘santos’, encargados de conseguir la información, de averiguar quién tiene mercancía para robar; los ‘técnicos’, que hacen vigilancias y seguimientos, principalmente personas de Europa del Este con experiencia en conflictos bélicos; y los ‘ejecutores’, que llevan a cabo los robos en domicilios, especialistas con gran destreza en la apertura de cerraduras mediante el ‘bumping’ para hacer saltar los cilindros, el ganzuado o la lana, técnicas que únicamente personas con una alta cualificación en este tipo de delitos conocen.

En un tercer escalón están los encargados del apoyo logístico, quienes buscan pisos de alquiler y habitaciones subarrendadas para alojar a los integrantes de la banda mientras se enfría el delito, proporcionándoles tarjetas de telefonía limpias. Todo medido y estudiado, pero aquí, quien roba a un ladrón, no tiene cien años de perdón.

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