Jero, de Pasapalabra: “Ser embajador de Salamanca se lleva en el corazón”

El concursante salmantino de Pasapalabra explica en una entrevista para los lectores de NOTICIAS CASTILLA Y LEÓN sus sensaciones durante su retorno al programa. ¿Se llevará 'El Rosco'? ¿Batirá un nuevo récord de permanencia?

FuenteJavier A. Muñiz
Jero durante su participación en Pasapalabra / Telecinco

Decir Jero es decir Pasapalabra. Y también Salamanca. El jefe de Protocolo de la Universidad, a sus 53 años, reverdece laureles en la pequeña pantalla buscando un objetivo, completar ‘El Rosco’, que aún se le resiste pero que acecha con ahínco. Con una insistencia encomiable que le ha valido récords de permanencia en el programa, y de paso, un hueco en los corazones de muchos españoles y la mayoría de salmantinos.

Es la tercera vez que acude al programa después de haber completado una primera y efímera participación y una segunda y longeva racha. En una entrevista para los lectores de NOTICIAS CASTILLA Y LEÓN, Jero responde, con la naturalidad y premura a las que acostumbra, cuestiones de toda índole. Reconoce el honor que supone ser embajador cultural y televisivo de Salamanca, explica su disciplina de entrenamiento para concursar y revela detalles de la ‘cara B’ del programa. Lo que hay detrás de las cámaras.

También habla sobre personas que ha conocido en la televisión, como su amigo el presentador Christian Gálvez o el malogrado José Pinto, una referencia eterna que sí merece el calificativo de sabio. No como él mismo, dice. Con la precisión lingüística de un literato, pero la humildad de un vecino más, toma perspectiva y dibuja un panorama mediático en el que sigue inmerso.

-¿Cómo se lleva ser uno de los embajadores de Salamanca en todo el país?

-Es una gran alegría. Por la presencia en la televisión, ahora en Pasapalabra, es inevitable que los espectadores te vayan conociendo cada vez más y que sepan dónde vives y dónde trabajas. Para mí es una satisfacción muy grande hablar con naturalidad de Salamanca cuando se presenta la ocasión. Al igual que sobre la Universidad y otras cosas importantes para mí.

-¿Cómo le devuelve la ciudad, que ya le hizo pregonero, esa labor de abanderado?

-No hay que perder la perspectiva. Ser un concursante de programas culturales es algo que está muy bien, pero hay que ponerlo en su sitio. El nombre de Salamanca lo llevan por todas partes muchas personas. Periodistas, gente del mundo del arte en todas sus facetas, científicos, profesores… Yo creo que un concursante como yo le da una difusión en la cultura popular y eso está muy bien.

Para mí ser nombrado pregonero hace unos años sin que ningún grupo se opusiera y decir el pregón desde el balcón del Ayuntamiento para todos los salmantinos es una alegría suficiente. No se trata de compensar. Ser embajador es algo que no se paga, se disfruta y se lleva en el corazón. Yo por la ciudad de Salamanca y por los salmantinos me siento súper reconocido. Con el pregón, los saludos por la calle, los ánimos que me llegan y un montón de cariño. Ese es el verdadero reconocimiento.

-¿De dónde le viene el interés por la televisión?

– Más que el interés por la televisión, yo siempre digo que siempre he sido muy curioso. Me han gustado muchas cosas en general, aunque quizás no he destacado en ninguna. Y esa visión, esa cultura general, se ha juntado con oportunidades que surgen. Luego, el éxito y la continuidad te acaban llevando unos años por esta vía y no sé por cuánto tiempo. Yo creo que lo previo es la curiosidad, luego ya te ves en televisión, que es un medio para aprender y recibir preguntas, Y, claro, los premios también son importantes.

-¿Qué le dice a quien le ve responder con esa cadencia y piensa que esa sabiduría cultural es magia?

-En primer lugar le diría que eso no es sabiduría, es cultura general y práctica. La práctica se consigue de una manera prolongada. Una persona como yo, con 53 años, si tiene los ojos abiertos a lo largo de la vida puede aprender cosas de todo el mundo. Luego, claro, los concursos son un juego. Y un juego implica un entrenamiento y una práctica. Si te entrenas para responder preguntas, poco a poco vas adquiriendo más ritmo. Si no te entrenas, vas más despacio. Es como cualquier actividad deportiva. No es magia. Hay que aprovechar las propias capacidades, que todos tenemos, para sacar el máximo de nosotros mismos.

-Entrenamiento, práctica, estudio… ¿Cómo describiría sus rutinas de preparación para el programa?

-Como he comentado alguna vez, y otros concursantes también lo dicen, cada concurso es diferente y cada persona también tiene un ritmo distinto. En Pasapalabra el vocabulario es la parte fundamental. Eso se consigue de muchas maneras. Viendo muchos programas, apuntando palabras que han salido y pueden volver a repetirse, o que te pongan en la pista sobre palabras que pueden salir. Estar atento a los medios de comunicación. Por ejemplo, recientemente ha terminado el Giro de Italia, lo ha ganado un ciclista ecuatoriano que se apellida Carapaz. También han salido los Premios Príncipe de Asturias de la Letras hace poco, etcétera. Es sobre todo tener los ojos abiertos. Elaborar listas, bases de datos, gestionar cifras… Elementos que te permitan estudiar y, sobre todo, repasar porque todo se olvida muy rápido.

– Sobre estudiar, aprender e incluso olvidar hay mucho en la Universidad de Salamanca. ¿Cómo ha influido el entorno en el que trabaja en su faceta de concursante implacable y casi invencible?

-Bueno, eso es mucho decir. Tengo muy buena experiencia de obtener resultados buenos, incluso algún récord y alguna cosa que muy pocos han podido conseguir, pero también tengo la experiencia de estar muchos programas y no llegar al objetivo final.

Estar en la Universidad de Salamanca es un verdadero privilegio porque estás en contacto con muchas personas de las que puedes aprender. Profesores, personal de administración y servicio y, por supuesto, de los estudiantes. Trabajar en un sitio como la Secretaría General, en la sección de Protocolo, te permite estar en el alma de la Universidad y conocer muchas cosas que transcurren en ella, sobre la docencia, la investigación y también las visitas de personalidades. Desde poetas que reciben el Reina Sofía a los Honoris Causa. El hecho de estar cerca y conocer un poco de su vida y su trayectoria profesional es una fuente de aprendizaje inmensa. Al cabo de los años, que llevo más de 25 trabajando allí, es algo que yo considero muy valioso.

-Recientemente le hemos visto acompañando a Christian Gálvez en la presentación de su último libro aquí en Salamanca, ¿cómo ha evolucionado su relación con él?

-Lo mejor de los concursos es las personas que conoces. A lo largo de mis participaciones en Pasapalabra, que tenido dos muy largas, una en 2015 y otra en el presente, he podido conocer a Christian Gálvez, que es una persona entrañable y maravillosa. Además es muy trabajador y muy incisivo en sus investigaciones sobre el Renacimiento, sobre todo sobre Leonardo, y ya ha publicado varios libros. Cuando ha venido a Salamanca, ya en tres ocasiones, he tenido el honor de poder acompañarle siendo el presentador del presentador. La última el pasado mes de mayo, que volvió a llenar el Liceo y es algo fantástico. Esa cercanía es una ilusión grande para mí, igual que poder contar con su amistad.

-Otro ilustre salmantino, también relacionado con la cultura y la televisión, era el malogrado José Pinto. ¿Cómo recibiste la noticia de su fallecimiento?

– Fue una pena inmensa para mí. Yo estaba grabando en Pasapalabra y no tenía conectado el teléfono por la mañana. Entonces las compañeras de producción me dieron la noticia cuando fuimos a comer para seguir grabando después. Me quedé de una pieza Tuve el privilegio de compartir muchos momentos con José. En reuniones de concursantes, en entrevistas con la prensa… Es una persona de las que dejan huella en tu vida para siempre. Hombres como José sí se les puede llamar hombres sabios. No solo por sus conocimientos en un montón de campos, sino por su manera de ser, por su humildad y por cómo transmitía la alegría de vivir y un estímulo constante para aprender, crecer y disfrutar de la vida. Para mí será un ejemplo a imitar y a seguir. Y un impulso para siempre.

-¿Cuál es la cara B de grabar un programa? Aquello que no vemos por la tele…

-Hay una parte que implica un esfuerzo invisible de muchas personas que están tras las cámaras. Para tener una hora de programa se necesitan muchas horas de trabajo de mucha gente. Hacer muchas interrupciones, muchos viajes… Se graban varios programas seguidos. En Pasapalabra puedes grabar en una tarde 5 o 6 horas sin apenas descanso y al final de la jornada es un esfuerzo verdaderamente agotador. No se puede comparar con un esfuerzo físico como el de un agricultor o el de un minero. Eso es mucho más duro. Pero llegas a casa, o a la habitación del hotel en el que tienes que dormir para grabar al día siguiente, verdaderamente cansado. Una parte fundamental de la resistencia en los concursos es sobreponerse a eso y ser consciente de que hay días que en tu casa podrías contestar 25 y ahí vas a contestar bastantes menos. Esa es la parte menos conocida y menos grata de los concurso.

-Últimamente hay un rumor en redes sociales que apunta a que le están haciendo un boicot desde el programa por la diferencia de nivel entre sus preguntas y las de su rival. ¿Cómo ve estas cosas?

-Esos rumores surgen periódicamente. A mí al principio me afectaban mucho. La mayoría de veces las redes se hacen un eco, que gracias a la potencia y a la fusión que tienen las nuevas tecnologías, se incrementa mucho. Entonces, un comentario, una crítica o una opinión de unas pocas personas se presenta como si fuera mayoritaria. Sin entrar en si es correcto o no lo es. Yo llevo más de 50 programas en antena. Al principio salían rumores de que me las ponían a mí más fáciles. Luego el concursante cambia y hay una temporada que dicen que se las ponen a él más fáciles. Es una constante en los concursos. No hay que olvidar que la imagen que ofrecemos es percibida de muy distinta manera por las personas que lo ven. A mi por redes sociales, y por carta escrita y por la calle, me llegan muchos testimonios que dicen que mi manera de jugar les transmite una serenidad, una tranquilidad y un sosiego. A mi me hace mucha ilusión. Pero al mismo tiempo, jugando igual de bien o igual de mal, otros me dicen que soy un soso que aburre a las ovejas. Como no está en mi mano agradar a todo el mundo, yo intento jugar lo mejor posible y disfrutar al máximo. En estos concursos con mucha audiencia es normal que la gente comente y lo viva con pasión. Pero bueno, yo intento no darle mucha importancia porque esto es un ‘sube y baja’ constante que a veces te pone en el punto de mira a ti y a veces a otros, pero que casi siempre está alejado de la realidad.

-¿Qué hará con el dinero si se lleva ‘El Rosco’?

-Siempre digo que lo importante es la familia y las necesidades que uno tiene más cerca, pero también hay que acordarse de entidades que lo necesitan y hacen una gran labor. Me acordaría de Cáritas, del Centro de Investigación del Cáncer de la Universidad de Salamanca y de la Asociación de Esclerosis Múltiple. Esos son los pequeños granos de arena en los que pienso si algún día consiguiera el premio.

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