Ejemplos de superación: Almudena Merino, la escritora de los sentimientos

NOTICIASCYL tiene en marcha una serie dominical con testimonios de salmantinos que decidieron luchar contra las adversidades y sortear los obstáculos que la vida les puso. Almudena padece la enfermedad de Charcot Marie Tooth, más conocida como neuropatía periférica, que la dejó en silla de ruedas desde los catorce años. Pero no le ha impedido disfrutar de su juventud, poder formar una familia y escribir tres libros de éxito

*Si quieres contar también tu historia o conoces a alguien que merezca ser protagonista de esta serie, puedes ponerte en contacto con NOTICIASCYL a través del correo electrónico salamanca@noticiascyl.com o del teléfono 620 83 36 56.

La vida siempre pone a prueba al ser humano. La caprichosa montaña rusa transcurre entre altibajos que obligan a adoptar una posición ante las adversidades. Y siempre se puede elegir entre dejarse llevar por la inercia o intentar marcar el rumbo hacia una meta más próspera. NOTICIASCYL ha puesto en marcha una serie dominical con los testimonios de salmantinos que no se resignaron ante su destino y decidieron luchar para sortear cada día los obstáculos. Así, se han convertido en ejemplos de superación cuya historia puede ser el espejo donde mirarse otros en su misma situación.

Almudena Merino García es la tercera protagonista. A sus 41 años, lleva más de la mitad de su vida en silla de ruedas y ha pasado por una veintena de operaciones. ¿El motivo? Padece la enfermedad de Charcot Marie Tooth, más conocida como neuropatía periférica, una patología neurodegenerativa que afecta a la movilidad, sobre todo a las extremidades. Pero decidió no quedarse postrada en la silla viendo pasar la vida. Ni mucho menos. Disfruta de todo lo positivo que le ofrece y lo hace intensamente. Siempre con una sonrisa en la boca y bromeando. Así, no sólo pudo desarrollar su infancia y juventud, formando después una familia, sino que además es una escritora de éxito pese a que sus manos no se mueven tan rápido como discurre su mente.

Nacida en Barcelona, reside desde su infancia en Salamanca, primero en el barrio Garrido y en la actualidad en Puente Ladrillo. Desde pequeña sabía que no podría correr como los demás niños, aunque sus compañeros de andanzas en el particular patio de la calle Trébol siempre intentaban integrarla en cualquiera de sus ocurrencias. Sin embargo, a los catorce años recibió un mazazo para su inquieto espíritu. “Fue como un accidente sin serlo, un choque, de un día para otro me dijeron que te tienes que sentar en una silla de ruedas. Ese cambio radical no fue fácil, fue el momento más duro por la inmadurez de la edad”, recuerda Almudena.

Su entorno familiar y de amistades se volcó con ella, aunque “hubo momentos muy duros, incluso en plan cruel, es ahí donde tienes que salir adelante”. Y lo hizo, disfrutando de su juventud al máximo. El único pero, de lo que se arrepiente, fue de dejar los estudios, porque llegó el momento en que sus amigos comenzaron a labrarse un futuro profesional. Los primeros coletazos de Internet la habían ayudado a través de los entonces denominados chats, pero se vio en la necesidad de labrarse también un porvenir. Comenzó entonces diseño gráfico.

Las líneas que Almudena trazaba en sus láminas eran directamente proporcionales a aquellas que marcaban el estado de sus huesos y articulaciones en las radiografías. Las operaciones se sucedían para intentar paliar los efectos de su enfermedad. Fue entonces cuando salió su vena escritora y se dedicó a ello por entero, relatando su propia experiencia. “La actitud es fundamental. Uno no se puede quedar en la silla, con una manta de cuadros y llorando”. Todas sus vivencias se plasmaron en los libros ‘Reflejos de una sonrisa’ y ‘Secretos de un alma callada’, de gran éxito en Salamanca. Fueron unos años de muchos kilómetros entre conferencias y presentaciones.

Mientras crecía en Almudena la pasión por la literatura, en su corazón se fue forjando el amor. Con 22 años conoció a Isi, “llevamos veinte años juntos”, y eso que, bromea, no tuvieron afinidad inicialmente. El fuerte sentimiento entre ambos les llevó a vivir juntos antes de casarse, “no es lo mismo ir a buscarme a casa de novio que tener que ayudarme en el baño, vestir, salir a tomar algo, hay muchas limitaciones”. De hecho, él era camarero y dejó su trabajo para dedicarse en cuerpo y alma a Almudena. Se casaron y ella pudo ir al altar caminando. “Yo soy más cabezona que mi enfermedad”.

El siguiente paso fue formar una familia, porque quería ser madre. Se sometió previamente a estudios genéticos y diversas pruebas. Los análisis reflejaron que había un 50% de posibilidades de que el niño no naciera sano. Habló mucho con su marido, reflexionaron y ambos decidieron seguir. “Si yo he podido salir adelante gracias a la educación de mis padres, también podríamos dársela a nuestro hijo”. Se quedó embarazada, pero la incomprensión siguió levantándose como un muro. Al llegar a la consulta, el médico le dijo si quería abortar. “No, perdone, es un niño buscado”, respondió tajante Almudena.

Fueron nueve meses de reposo absoluto “y no me veían capaz, pero lo conseguí y gracias a Dios nuestro hijo Izan está bien”, admite orgullosa Almudena. “Y no tengo más porque Isi no quiere”, asegura mientras le mira, aunque puntualiza: “He podido ser madre y un segundo hijo ya con esta edad podría ser perjudicial para todos”. Izan acaba de cumplir nueve años y también la ayuda, “lo lleva haciendo desde pequeño y no lo hemos educado para eso, es lo que ha vivido, es impresionante su solidaridad, incluso con cosas que puedo sola”.

Cuando puede, le gusta viajar, aunque hay lugares que no están realmente adaptados para personas con discapacidad, “solo para cumplir la ley”. Pero no se limita a lo que puede hacer, siempre intenta algo más. “No me pongo obstáculos, al menos lo intento”. Así, recuerda con humor que su cabezonería le llevó a subirse a la réplica de los barcos de Colón “y el problema era luego bajar, menuda montamos”.

Ese afán por experimentar novedades llevó a Almudena a escribir su primera novela, ‘El escondite de una rosa’, publicada recientemente y que está cosechando una buena crítica. Alumbrar esta obra ha sido también todo un reto, porque la movilidad de la mano no le permite escribir en un ordenador al mismo ritmo que fluyen las ideas por su mente. Escribe a través de la aplicación de mensajes WhatsApp, con la función de texto enriquecido que completa palabras, lo envía al correo electrónico y luego le da forma y corrige con Word en el ordenador. “Es un proceso muy lento, podría decir en un determinado momento, paso, pero he buscado opciones para hacer lo que me gusta”.

Porque Almudena no quiere compasiones. “Odio que me miren y digan pobrecita, así tan joven. Si a esos comentarios le das la razón con tu actitud, así te va a tratar la gente. Hay muchas personas que asocian lo físico a lo mental y te tratan como una niña. Claro que no todo es de color de rosa, no ha sido fácil tener todo lo que he conseguido, pero no hay que dejar que te traten como lo que no eres. Hay que demostrar y luchar. Cualquiera que tenga una meta puede lograrla, solo tiene que proponérselo”.

Lucha también contra la enfermedad. Almudena acude a un fisioterapeuta dos veces por semana. “No es fácil. Sé que es beneficio para mi salud pero es para mantenerme, para no ir para atrás, no para mejorar. Me lo he tomado como mi trabajo y en casa también sigo con los ejercicios”. Por eso lamenta que la Seguridad Social no cubra el tratamiento de enfermedades raras y deba costearse ella las sesiones de fisioterapia en una clínica privada. Y los resultados se ven, porque en casa puede caminar con un andador. “Hay que luchar, obstáculos hay, pero hay que ser una persona activa”. Por eso juega con su hijo, hacen los deberes, escribe… “Tengo todo el día ocupado”. Y la voluntad de seguir hacia delante también, porque Almudena Merino es un ejemplo de cómo afrontar la vida y encontrar un camino, el suyo ser la escritora de los sentimientos.

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