Ejemplos de superación: Daniel Martín Anaya, el Robin Hood charro

NOTICIASCYL tiene en marcha una serie dominical con testimonios de salmantinos que decidieron luchar contra las adversidades y sortear los obstáculos que la vida les puso. Daniel comenzó a perder la vista a los dos años, pero su tesón y esfuerzo le han llevado hasta la Universidad, estudiando Magisterio de Educación Primaria. Gracias a su pasión por el deporte ha practicado diversas modalidades, destacando en tiro con arco, pues es el actual campeón de Castilla y León, campeón de España en sala y al aire libre, y está disputando las pruebas clasificatorias para el campeonato del mundo que tendrá lugar en junio en Holanda

FuenteRaúl Martín

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La vida siempre pone a prueba al ser humano. La caprichosa montaña rusa transcurre entre altibajos que obligan a adoptar una posición ante las adversidades. Y siempre se puede elegir entre dejarse llevar por la inercia o intentar marcar el rumbo hacia una meta más próspera. NOTICIASCYL ha puesto en marcha una serie dominical con los testimonios de salmantinos que no se resignaron ante su destino y decidieron luchar para sortear cada día los obstáculos. Así, se han convertido en ejemplos de superación cuya historia puede ser el espejo donde mirarse otros en su misma situación.

El joven Daniel Martín Anaya es el segundo protagonista. A sus 24 años, este estudiante de segundo de Magisterio de Educación Primaria es campeón de España en sala y al aire libre de tiro con arco en la categoría de impedido visual, además de campeón de Castilla y León. Ahora comienza las pruebas para estar este verano en el campeonato del mundo que se disputará en Holanda. Sí. Están leyendo bien. Daniel es ciego. Desde que era un bebé. Pero eso no le ha impedido acertar en la diana para alcanzar sus metas. Es el Robin Hood charro.

La vida de este salmantino de Villarino de los Aires ha sido una carrera de constantes obstáculo, precisamente el deporte que ahora también ha empezado a practicar. A los dos años el nervio óptico comenzó a atrofiarse y ahora Daniel sólo aprecia contrastes de luz. Su estancia en el colegio, al tiempo que aprendía braille, fue muy diferente al resto de compañeros. “A los discapacitados nos enviaban a diversificación”, recuerda.

No fue impedimento para aprobar las asignaturas e ir avanzando curso a curso. Sus ganas de estudiar no eran correspondidas por algunos docentes. Le aconsejaron un grado medio, en lugar de Bachillerato, impidiéndole hacer prácticas. “Tuve que replantearme todo”. Pero también aprobó Bachillerato y fue a la Universidad. Le gustaba el periodismo, pero se decantó por ser maestro. Las notas que va obteniendo son buenas, “algún sobresaliente saco”, bromea, y el próximo año podrá hacer prácticas. Ésas que le querían negar.

Eso sí, no es fácil alcanzar los objetivos académicos. Y no por la dificultad de las materias a estudiar, sino por la adaptación de libros para personas ciegas que realiza la ONCE, que no avanza al mismo ritmo que requieren los alumnos. Algunos libros han llegado a sus manos en abril, casi al final del curso. “Es muy lento todo, porque un libro de texto puede ocupar hasta catorce volúmenes en braille”. También espera un perro guía desde hace trece meses. “En nuestro día a día es muy importante el orden y la adaptación, y por ejemplo pasear por el centro de la ciudad en verano es complicado por las terrazas, es difícil caminar sólo por la calle”.

Las puertas que le querían cerrar en los estudios, Daniel las abría de par en par en su vida social. Incluso intentaba no llevar bastón al caminar. “Tengo facilidad para hacer amigos, aunque es difícil encontrarlos, que te acompañen en determinadas actividades”. Gracias a la Fundación Aviva, de la que es usuario voluntario, ha expandido su círculo de amistades. Y ofrece charlas en colegios para concienciar a niños de que deben mirar la capacidad de cada persona, no las discapacidades. También va a conferencias y mesas redondas, “donde me llaman, a todo lo que puedo voy”.

La música es otra de sus pasiones. Toca el piano, la gaita y el tamboril. “Todo lo hago de oído, porque las partituras en braille son bastante complicadas. Me las envían en audio, las memorizo y luego las toco”. Le gusta cualquier estilo, pero sobre todo disfruta interpretando cualquier pieza tradicional charra. ¿Y bailar? “Cuesta encontrar compañía para ir a las discotecas, porque no me gusta beber alcohol y muchos amigos me dicen que si no se controlan ellos, cómo van a cuidar de mí, así que salgo con gente que no bebe”. Y qué decir de los cines, sin salas en Salamanca adaptadas para personas invidentes.

Su simpatía y sus ganas por experimentar nuevas sensaciones le han propiciado muchas amistades. Sobre todo en el deporte, porque es un asiduo a los partidos de baloncesto de Avenida y de fútbol de Unionistas de Salamanca. “Me encanta el ambiente, quien está conmigo me cuenta lo fundamental y así voy siguiendo el partido, mi padre suele hacer de narrador, o más bien, de periodista locutor, pero lo que más me gusta es cómo los aficionados cantan todo el rato”.

Esa pasión por el deporte llevó a Daniel a querer jugar al fútbol. “Hasta soñaba por las noches y me despertaba de las ganas”. Pero no encontró más personas que practicaran el deporte rey en la modalidad de invidentes, por lo que se decantó por el judo en el Club Zarza, logrando una medalla de bronce en un campeonato. Pero se lesionó en una costilla y tuvo que dejarlo. También hizo ajedrez (las casillas negras están abultadas y las piezas se clavan), y “como no me podía quedar quieto”, descubrió el tiro con arco en una jornada en el instituto y allí comenzó su carrera deportiva gracias al Club La Flecha de Salamanca. “Me gustó, me enganché y aquí sigo”.

Por eso se interesó por un club profesional. Su entrenador, Daniel Morillo, quien fue campeón de España e incluso estuvo en los Juegos Olímpicos de Pekín en 2008, reconoce que “fue en cierto modo un experimento, dije por qué no, y le aceptamos como uno más, cada día rompe barreras y se va superando”. Y así es, pues “no poder ver no es impedimento para hacer lo que deseas, aunque tengas que demostrarlo cada día”, añade el joven arquero salmantino. Prueba de ello es que incluso una imagen suya ilustró el cupón de la ONCE el pasado 16 de octubre de 2018.

Cuando veranea en San Vicente de la Barquera, Daniel practica en la playa el pádel surf. Ahora ha empezado con el atletismo, entrenando dos días a la semana con José María Cordero, “que me motiva muchísimo, es un encanto de persona”. Surgió durante la carrera popular San Silvestre. Hizo una parte del trayecto junto a un monitor de la Fundación Aviva, y mientras les adelantaba su actual entrenador le propuso que probara este deporte. “Fui, me gustó, me enganchó y ahí estoy, está siendo una experiencia magnífica”.

Por eso anima a más personas en su situación a practicar deporte. Y es que la competición no sólo es un bálsamo en una ya de por sí complicada vida diaria, llena de retos, sino que también contribuye a forjar ese espíritu de superación que tanto ayuda después en lo cotidiano. “En el pueblo había un ciego que nunca se movió de la puerta de su casa”, pone como ejemplo el padre de Daniel. “Mucha gente se queda parada, pero es el mayor error, una discapacidad no impide que puedas practicar lo que quieras, todo se puede adaptar”, añade el joven.

En su vida laboral, quiere ser profesor de Primaria o docente de apoyo en la ONCE. En su carrera deportiva, disputar un campeonato del mundo y después unos Juegos Paralímpicos. “¿Y por qué no? Todo se puede conseguir. Tardarás más o tardarás menos, pero todo se puede conseguir con adaptaciones”. Seguro que así será, al igual que ha dado en la diana de cientos de corazones salmantinos con su tesón y esfuerzo, además de afecto y simpatía.

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