El secreto de belleza de Cleopatra está en la leche de burra

La emprendedora Elsa García ha puesto en marcha la marca de cosmética y nutrición biológicas Neathea, un proyecto sostenible, respetuoso con el medioambiente y que ayuda a conservar una especie en peligro de extinción. El equipo está realizando un estudio con la Universidad de Salamanca sobre las ventajas del consumo de la leche de burra en distintos grupos de población

Elsa García con las burras que proporcionan su materia prima

La leyenda en torno a Cleopatra cuenta que diariamente se bañaba en leche de burra para conservar su belleza y la blancura y elasticidad de su piel. Por su parte, el médico griego Hipócrates fue el primero en mencionar los beneficios de la leche de burra para sanar numerosas enfermedades, allá por los siglos V-IV a. C. Precisamente para aportar soluciones a problemas de alergias e intolerancias, tanto cutáneas como internas, la emprendedora salmantina Elsa García ha puesto en marcha Neathea, una firma especializada en cosmética y nutrición biológica certificada a partir de este ingrediente tan especial.

“Este proyecto surge de mi tradición farmacéutica y del deseo de aportar soluciones reales a problemas cada día más comunes”, explica Elsa. “La leche de burra se puede considerar un ‘superalimento’, tanto para nuestro organismo como para su uso en productos cosméticos”. Todos los ingredientes empleados en la fabricación de sus productos son 100% ecológicos y están certificados. Fabricados en España en su totalidad, no utilizan siliconas, parabenos, conservantes ni elementos derivados del petróleo. Tampoco están testados en animales.

Neathea es un proyecto sostenible que busca mejorar el entorno rural y contribuir activamente al cuidado del medioambiente. Los embalajes de sus productos poseen la certificación FSC de gestión forestal responsable y son 100% reciclables. Además, ayuda a conservar una especie en peligro de extinción: las burras de la raza zamorano-leonesa, que se encuentra oficialmente en peligro de extinción desde 1987. La ganadería proviene del colectivo de ganaderos zamoranos ASZAL, dedicado a velar por el mantenimiento de esta raza.

Esta idea empresarial encuentra su complejidad en que el proceso es integral: desde la granja al cliente final. “Por ello en la fase incipiente pensé que era el momento perfecto para estar acompañada de profesionales”, cuenta esta emprendedora. Y se decidió por participar en el primer Espacio Coworking EOI Salamanca, iniciativa de la Escuela de Organización Industrial (EOI) cofinanciada por el Fondo Social Europeo y por el Ayuntamiento de la localidad. “El paso por el Coworking nos ayudó con el enfoque de externalizar inicialmente gran parte de la actividad y centrarnos en la obtención de primer producto mínimo viable (PMV). Así pudimos salir al mercado dos meses antes de lo previsto, obtuvimos nuestros primeros ingresos y nos endeudamos menos de lo previsto inicialmente”, explica al respecto Elsa García.

Actualmente, Neathea cuenta ya con 32 referencias de productos en el mercado que se venden a través de tienda online, venta directa a particulares y en una treintena de tiendas repartidas por la península. Además, ya se han dado los primeros pasos para la exportación a Italia, Francia y Rumanía.

Con una farmacéutica en la dirección técnica, lo que caracteriza a este proyecto es el rigor en la formulación de los productos, así como el compromiso adquirido de demostrar que son eficaces a base de ensayos de investigación y control. Tanto es así que, actualmente, está llevando a cabo un estudio junto con el Decanato de la Facultad de Medicina de la Universidad de Salamanca, en el que se analizan los efectos sobre personas ancianas de tomar un vaso diario de leche de burra fresca durante seis meses. “Esperamos que los resultados marquen un antes y un después de este proyecto y nos permitan seguir investigando sobre las ventajas del consumo de la leche de burra en distintos grupos de población, como pueden ser los niños, deportistas, convalecientes de radioterapia o quimioterapia, etcétera”, concluye Elsa.

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