Leyenda de la Virgen de los Caballeros de Villavieja de Yeltes

Varios caballeros templarios se encontraban de caza en la dehesa de Santidad cuando un brillo entre las rocas les sobresaltó a lo lejos

FuenteRaúl Martín
Virgen de los Caballeros de Villavieja de Yeltes

La actividad de los templarios transformó la cultura, la economía y el comercio por toda Europa durante la Edad Media. En España, la Orden del Temple cobró indudable protagonismo en la cruzada contra los árabes para consumar la Reconquista. Fue aquí donde demostraron su superioridad en la estrategia militar y donde recibieron fuertes recompensas por los servicios prestados. La provincia de Salamanca fue uno de sus muchos asentamientos y lugar donde posteriormente se celebró el proceso contra los templarios. Una orden que siempre lleva aparejado un halo de misterio y fantasía que inevitablemente condujeron a enriquecer el folclore popular con relatos para explicar el origen de determinadas tallas que actualmente se veneran en nuestros pueblos. Así ocurre con la Virgen de los Caballeros en Villavieja de Yeltes.

Cuenta la leyenda que varios de estos caballeros se encontraban de caza en la dehesa de Santidad cuando un brillo entre las rocas les sobresaltó a lo lejos. El reflejo de los rayos de sol se repetía sin cesar, llegando incluso a cegar a quien osara dirigir la mirada hacia la dirección en que parecía provenir el sensacional halo. Pero allí estaba, desafiando a su curiosidad. No lo dudaron un instante, aparcaron la persecución de sus presas y emprendieron la carrera hacia las rocas para resolver el enigma. ¿Sería un cofre lleno de monedas? ¿Un arcón repleto de joyas? ¿O tal vez preciosos cristales del Mediterráneo? Así iban satisfaciendo la intriga hasta alcanzar la cima, donde el destino añadió otro peldaño más que subir en forma de hallazgo.

Los caballeros se mostraron contrariados. Ante ellos se encontraba la talla de una Virgen, con las manos abiertas sobre la cintura, mostrando la palma, como queriendo decir aquí estoy. Sobre la cabeza, una reluciente corona, origen del destello que a lo lejos percibieron. Tras debatir durante un rato sobre qué hacer con la imagen, decidieron llevarla hasta sus aposentos para rendirle culto. Tan milagroso hallazgo así lo requería. Sin embargo, al bajar de las rocas, se cruzaron con unos lugareños que rápidamente preguntaron por la virgen. Los caballeros narraron lo acontecido y al momento los vecinos de Villavieja se apresuraron a reclamar la propiedad de la talla. Si había aparecido en sus tierras lo más justo era que se depositara en la iglesia. Los caballeros se negaron, iniciándose una discusión que terminó en pleito.

Como ambas partes no se ponían de acuerdo y ninguno quería emplear la fuerza para no ofender a la virgen, mientras se resolvía el entuerto se construyó allí una ermita para venerar a la imagen. Templo del que aún que se conserva en la actualidad un arco. Y allí pasó el tiempo hasta que la autoridad eclesiástica, como recogen las crónicas, falló a favor de los caballeros, llevándose la virgen hasta Salamanca para depositarla en la capilla del convento de las Adoratrices, donde se levantó la que desde entonces sería Nuestra Señora de los Caballeros, en homenaje a quienes la encontraron. En compensación, a Villavieja de Yeltes le dejaron una copia que es la que actualmente sale en procesión cada 28 de agosto.

Sin embargo, cuentan los más viejos del lugar que los lugareños dieron el cambiazo a la imagen y la que se llevaron los caballeros a Salamanca era una copia, quedándose en el pueblo la talla encontrada en las rocas, que permanece guardada desde entonces en algún lugar de Villavieja para que no sea reclamada desde Salamanca.

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