De verbenas por Madroñal

Entre primos anda el juego de política y toros

FuenteLuis Falcão | @luischiado

Llega el verano, y con él sus fiestas patronales -o las nuevas inventadas para satisfacer necesidades sociales y de ocio inciertas, y cómo no, esos momentos mágicos de las noches de estío que llegan asociadas a las verbenas. ¿Quién no asocia el verano a una noche loca en el pueblo bailando y cantando al son de la música de la orquesta de turno ‘Paquito el Chocolatero’ o ‘La Campanera’? ¿Quién no disfruta de un paseo nocturno por las calles iluminadas con bombillas y decoradas con farolillos, banderines, flecos y guirnaldas? ¿El olor a garrapiñadas recién hechas, el algodón hilado, la pachanga, la coreografía de la canción del verano, o los churros al amanecer? Las fiestas populares son un momento de distensión y diversión máxima. Seguramente la mejor manera de pasar en vela una noche de mucho calor y, de paso, fomentar la convivencia entre los propios vecinos con los hijos emigrados y con los de los pueblos de al lado.

Eso acontece estos días en el pueblecito serrano de Madroñal en honor a su Patrona, Santa Ana, donde las noches con sus fiestas se han convertido en el epicentro festivo y de ocio de toda la Sierra de Francia. Es la llegada de los jóvenes, si antes se hacía en coches particulares, ahora llega la bien venida moda de hacerlo en taxis, furgonetas e, incluso, autobuses. Prevenir, en estas noches desenfrenadas de jolgorio y alcohol, es toda una necesidad de vida. En esta noche de miércoles, con la verbena de la gran orquesta segoviana Pikante -quizás uno de los mejores espectáculos de diversión, música y puesta en escena de toda Castilla y León- se cumplieron todas la máximas para ser una buena verbena.

Llegué al pueblo en una calurosa y bochornosa tarde al reecuentro con el ‘rey de las verbenas’, Manuel Guinaldo. Y tras una gran cena aderezada con tomates de su huerta y morucha de Tamames y el sello de la buena cocina del restaurante Lemus de Calvarrasa de Abajo -muy recomendable por cierto en calidad y precio- llegó el momento de cruzar una puerta del tiempo. El carrilano se plantó treinta o cuaranta años atrás, cuando las hojas del calendario estival bailaban al son de ‘Paquito Chocolatero’, ‘La Chevecha’ que se me sube a la cabeza, ‘Borracho’ o la cumbia de la orquesta ‘Los Cumbias’. Nunca fue de festivales. Era, como sigue siendo, de verbenas. Calentaba motores en junio, al terminar los exámenes, y empezaba el partido en San Juan de Cabeza de Framontanos.

Esta noche de miércoles dio para mucho en la nocturnidad calenturienta atemperada con la brisa serrana que descendía montes abajo sorteando cerezos, castaños y robledales. Fue el encuentro con gentes, amigos al fin, más jóvenes que se hacían perdidos en el tiempo. Fue compartir copa, risa y cháchara con la cuadrilla del arte, Alberto -ya sin su inseparable coleta, el tiempo-, pero sobre todo con el barman más audaz y desenfrenado del orbe provincial, Javi que confundió una playa de Ibiza con la noche de Madroñal. Pero también Pablo y Alonso Martín del Hostal Restaurante San Marcos cepeano, en la concentración bīrrica y premio al mejor dios baco -dicen que el Cesar local del pueblo vecino- de las fiestas, el del coche que todo lo impedía, como también la libertad que va de Cepeda a Madroñal para terminar en ‘El Soto’, y Guillermo -si su melena- y Alberto, con los cuatro haciendo pesas en la esquina de la barra. Eran los reyes de una noche sin desenfreno, festiva, ociosa y de mucha convivencia. Era la visión de la esencia mientras Javi -el sempiterno Javi Pikante en la vuelta a sus orígenes- cantaba desde arriba que podría ser la ‘Gran Noche’.

Es que las fiestas del pueblo de uno son sagradas. A partir de ahí, recuerda El Carrilano, la conga se alargaba hasta septiembre. Una detrás de otra. Y pasaba las noches sentado en la acera frente al bar La Extremaña haciendo alto, -verdad Templario de la Falla– prestos a avasallar a quien pudiera tener huecos libres en su coche; bailándolo todo, los pasodobles del inicio, las rumbas del medio y las roqueras del final, botando y cantando a voz en grito lo que se echara de por medio. O en el mejor de los casos colocando el tiesto a la ‘helenita’ que se apreciara contorneándose en el escenario de la plaza.

Con esta noche de Madroñal, aún queda la otra ‘gran noche’ para hoy, con La Huella y ‘La Chica de Ayer’, El Carrilano defiende todas estas fiestas ya que forman parte de la cultura popular. Por eso hay que acudir, disfrutar y convivir -y ser prudentes siempre- para que no se pierdan estos espectáculos populares que son la raíz y savia del pueblo y, además, como ocurrirá esta noche, serán más especiales si suena ‘La Campanera’, aunque no sea en mi pueblo, ay!

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