Por San Mateo, rejoneo y Día de la Provincia

TERRITORIO VETÓN

FuenteCarlos Velasco

Dicen los entendidos que por San Mateo las gentes de los pueblos campeaban hacia Salamanca capital en pos de un día de asueto después de que hubieran concluido las faenas agrícolas del verano, o sea, mayormente la recogida de la mies.

Y en Salamanca se reencontraban con amigos y conocidos en la Plaza Mayor, con los que se hacía balance de la campaña; luego, la ronda por tabernas y mesones del centro. Y por la tarde, a La Glorieta en busca de la popular corrida de rejones de San Mateo, la de los caballitos, un festejo que al cabo de los años ya no parece tan popular, igual que la feria taurina toda, que, a diferencia de épocas pretéritas, pasa ahora totalmente desapercibida en el ambiente social de la ciudad.

En parte se entiende el declive de la tradición por la España ‘vaciada’ con la que martillean los censos y estadísticas: si cada vez hay menos gente en los pueblos, más difícil resulta llenar espectáculos dirigidos a ese público rural.

Hace tiempo escuchamos que el día de San Mateo los entendidos en materia taurina y los señoritos en general regalaban a la servidumbre sus entradas de La Glorieta, acaso porque consideraban que lo ecuestre es de tono menor frente a la corrida de tres diestros a pie y, a buen seguro, porque no querían mezclarse con la chusma cereal.

La Diputación de Salamanca sigue con esta tradición de festejar San Mateo emplazando en esta fecha el Día de la Provincia. Su presidente, Javier Iglesias, tal vez no confiaba en presidir el acto en esta ocasión, porque las previsiones electorales de mayo, ante la cuña canalla de Ciudadanos, no auguraban al PP salmantino una mayoría absoluta en la institución provincial.

Sin embargo, sonó la flauta numérica e Iglesias seguirá cuatro años más al frente de la Diputación salmantina. Conque, además de agricultores y ganaderos, él también tenía mucho que celebrar en este San Mateo atípico bajo la lluvia.

La lluvia, ay, como el vino que causó las heridas al Lazarillo y luego sirvió para sanarlo. Esta lluvia balsámica de fin de estío, que es un beso maternal para el campo resquebrajado, pero que obligó a la Diputación a prescindir del patio habitual al aire libre en el que acostumbra y a trasladar el acto del Día de la Provincia al hall del palacio de La Salina.

Resultó así un Día de la Provincia deslucido e incómodo para todos, solo redimido por el reconocimiento a las cuatro alcaldesas que arrojaron las urnas en las elecciones municipales de 1979 y el homenaje a cinco alcaldes y exalcaldes que acumulaban cuarenta años sosteniendo el bastón de mando en sus respectivos ayuntamientos.

Lo mejor de estos actos viene después, con el vino español, donde uno puede saludar a unos y otros y enterarse de algunos detalles de la vida provinciana. Los alcaldes y concejales de los pueblos son los protagonistas de este acto. Y, en efecto, la representación fue amplia.

Muchos de ellos aprovechan el día para almorzar a pierna suelta y asistir luego a la corrida del rejoneo. Las ansias de fiesta propician una generosidad desbordante en la plaza a la hora de pedir trofeos y el festejo taurino de San Mateo suele terminar con la salida de los protagonistas por la Puerta Grande, que es lo que ha sucedido, claro, con Hermoso de Mendoza y la francesa Lea Vicens.

Así pues, en lo periodístico, retornamos al cabo de los años a nuestra Salamanca, la Salamanca de nuestros inicios, bien pertrechada de estudiantones, tunos, pícaros, vividores y demás. ¡Válame Dios esta comodidad ya olvidada que supone conocer a casi todos y rellenar la libreta de apuntes haciendo el retortero de la Plaza Mayor! Conque, día a día, iremos entrando en detalles.

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