Para mear y no echar gota

Entre primos anda el juego de política y toros

Aunque la edad siempre conlleva un aumento de la micción, en cuestiones políticas en procesos electorales es para mear y no echar gota, como dice el sabio refranero popular, al escuchar tantas sandeces, medias verdades, mentiras, insultos y exabruptos. Cuánto se echan en falta aquellos grandes políticos, auténticos magos de la oratoria, de los primeros años de esta manoseada democracia. Eran los tiempos de Felipe González, Adolfo Suárez, Alfonso Guerra, Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón -no compartía con él su ideario, pero qué grandísimo orador-, el mismo Miguel Roca, Marcos Vizcaya Retana del PNV, el gitano socialista Juan de Dios Ramírez Heredia, o el añorado viejo profesor Enrique Tierno Galván. Verdad amigo Roberto?, un gran orador como usted y encima premiado por el Grupo Educativo CEF-Udima por regar esa virtud de la oratoria.

Viene a cuento por los exabruptos lanzados esta mañana por una novísima candidata del PP a la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, quien, así a las bravas, aventura que si el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, logra repetir cargo tras las elecciones generales del 28 de abril, “indultará a los golpistas una vez condenados” y “entregará el presupuesto de la nación a esos mismos separatistas”, para finalmente “permitir la independencia de Cataluña”. “Es cada vez más evidente que la primera decisión de Pedro Sánchez sería indultar a los golpistas una vez condenados, entregar el presupuesto de la nación a esos mismos separatistas y, finalmente, permitir la independencia de Cataluña”, ha lanzado durante su intervención en el desayuno informativo de Europa Press, donde ha reseñado que “no hay mayor traición a España”. Y se queda tan pancha por no decir tan páfila.

Estamos en una época política donde prima el absurdo. Todo vale para intentar arañar un puñado de papeletas. Ya decía, mentiras, manipulaciones… es tal el bajo nivel de estos políticos que no encuentran fondo en el pozo oscuro de la mezquindad. La cuestión es denigrar al contrario, buscar o inventarse cualquier patraña para ofender, crispar o alentar falsas noticias. Y ahí entramos en el mundo de las fake news, tan de moda con campañas como las presidenciales de Estados Unidos a favor de Donald Trump, los independentistas en aquellas fatídicas fechas de primeros de octubre de 2017 o, incluso, en las Elecciones Andaluzas recientes. Es hacer de la normalidad una anormalidad. ¿De verdad que existe un golpe de estado en Cataluña? He ahí la cuestión, de tanto afirmarlo termina por creérselo, primero el que lo dice, y segundo, los fieles que lo expanden como gasolina ardiendo. Un tema que no quería dejar de lado es el papel de las redes sociales en esta ‘mierda’ que todo lo mancha.

En redes sociales, en concreto en Twitter, las fake news políticas se viralizan tres veces más rápido que el resto de informaciones falsas. Se comparten más y su capacidad para hacerse virales es muy alta: llegan a más de 200.000 personas, casi tres veces más deprisa de lo que tardan las otras noticias falsas en llegar a 10.000 individuos. “Un mensaje cuidado y bien elaborado, que se adapte a las singularidades de cada social media, puede contribuir a aumentar el alcance y, por tanto, el efecto de las fake news. Detrás de estas campañas puede haber expertos en comunicación y marketing que se encarguen del diseño y la planificación de estas acciones de desinformación en campaña electoral”, explica Sílvia Martínez, directora del máster universitario de Social Media.

En este sentido, redes como WhatsApp o Telegram dificultan el control de las noticias falsas. “Los impedimentos para controlar la difusión de noticias falsas en un entorno de comunicación privada es evidente. Y ello, por consiguiente, afecta a las posibilidades de poner freno a su alcance pero también al desarrollo de otras medidas de corrección como puede ser la emisión de desmentidos”, detalla. Para Martínez, en este contexto, el amigo y conocido, al reenviar o compartir un mensaje, se convierte en puerta de entrada de estos contenidos falsos en círculos de confianza de manera que las fake news se ven así favorecidas por la propia credibilidad que posee ese nodo en este entorno.

Según un estudio de 2017el 86% de la población española se cree las noticias falsas, el 60% cree saber detectarlas pero, en realidad, solo el 14% las distingue de las ciertas.

Las implicaciones tanto éticas como legales y las consecuencias de las noticias falsas en el propio sistema democrático son evidentes. “El efecto social que tienen es evidente, pues pueden condicionar los resultados al promover la actuación en favor de un partido político, al conseguir su voto, o bien restar votos a otra formación”, advierte la también investigadora del grupo GAME-UOC.

Con este transfondo asqueroso vamos a tener que vivir estas sucesivas campañas electorales que nos llegan en esta primavera invernal. Considero como remedio mear a gusto y si es posible a campo abierto, en plena naturaleza, perderse por parajes de encanto sean de Arribes, Sierra de Francia, Rebollar o Portugal, para obviar tanta banalidad y ruido que llega incluso a molestar. Qué nos tocará ver y escuchar, como dice una amiga, ay!

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