¡Crispa que algo queda!

Desde que Pedro Sánchez accedió a la presidencia del Gobierno tras aprobarse la moción de censura contra Mariano Rajoy, el clima político se ha ido calentando de tal forma, que en muchos casos produce vergüenza e indignación. Los partidos de derechas y algunos independentistas catalanes son los principales protagonistas de la crispación. La derecha porque vive en un continuo desconcierto, sin asumir su paso a la oposición; actúan de forma agresiva en un estado de constante irritación con el único objetivo de elevar la tensión para desgastar al enemigo político aprovechando el contexto político de incertidumbre electoral, la falta de argumentos y de un proyecto sólido que presentar a los ciudadanos, todo les vale para recuperar de nuevo el poder. Y los independentistas perdiendo el norte con la causa secesionista y elevando el tono con su dialéctica agresiva para deslegitimar sistemática y permanentemente la política española provocando más confrontación entre territorios, ambos extremos contaminan la vida política y nos conduce a la crispación social.

Desde la irrupción de Vox en el panorama político los partidos de derechas han elegido, deliberadamente, la estrategia de la crispación para hacer oposición, porque entienden que las posiciones extremas les puede reportar votos. La competición entre los partidos de derechas ha propiciado una crispación más intensa, que se hace más extrema, a medida que se acerca la fecha de las elecciones europeas, autonómicas y locales sin importarles cómo pueda repercutir entre los ciudadanos, el objetivo es crear división para sus beneficios electorales ¡crispa que algo queda!. El partido Popular y Ciudadanos, que se disputaban el “centro derecha”, se han visto contaminados por la extrema derecha que los ha obligado a sacar su verdadera cara, que no es otra que seguir defendiendo las mismas políticas conservadoras. Prueba de ello es la patética exhibición de cinismos e hipocresía que han escenificado para conseguir el Gobierno de Andalucía.

Sin dramatizar en las diferencias ideológicas que me separan de la derecha, como mujer me siento avergonzada de una derecha que pone en venta los derechos de las mujeres para conseguir el poder, el Partido Popular por aceptar las imposiciones del partido de Vox que reabre un debate ya superado y que condiciona la igualdad y la lucha contra la violencia de género, y a Ciudadanos por asentir y ser consentidores de este acuerdo con la extrema derecha que entre sus exigencias está relegar a las mujeres al modelo tradicional patriarcal.  Todo esto va a tener contestación en la calle con movilizaciones de los colectivos feministas que por supuesto muchas de nosotras apoyaremos por solidaridad con las mujeres que viven en Andalucía, porque no se puede permitir un paso atrás, a pesar del silencio cómplice de la mayoría de mujeres conservadoras.

Es lamentable la actitud de la derecha populista y de algunas tertulias mediáticas que siguen viviendo en un estado de constante irritación practicando la dialéctica del miedo. Es desestabilizador que se haya cambiado el respeto por el insulto, el diálogo por la confrontación, el debate por el insulto y la crítica por la descalificación distorsionando la realidad en un ejercicio indignante de hipocresía insólita. Hoy el adversario se ha convertido en enemigo.

Se necesita más que nunca recuperar la normalidad y hacer una política responsable que piense más en el interés de los ciudadanos, y se rebaje la crispación que nos impide pensar y dialogar con serenidad, por encima de las discrepancias políticas ideológicas, pero eso, por desgracia, en el escenario actual es complicado, no es de extrañar que la mayoría de ciudadanos sienta hastío con la política.

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