Del paripé al vinito blanco cortesano

Ambasaguas

Sentarse en la tribuna de prensa en el hemiciclo de las Cortes de Castilla y León no es todo pulcritud lo que luce, polvo también hay, y encima de plasmas -tan de moda en la política moderna-. Sus señorías, a pesar de las apariencias, buscan acomodarse ante el futuro incierto que espera al final del túnel del que no se vislumbra el color de la luz última, como esos dos grupitos en el banco del gobierno uno, y otro en el de atrás, donde el partido azul, porque adjetivos hubo y muchos para unos y otros, más cuando llegan de las canas del incombustible socialista Martín Martínez -discurso agrio, duro, mordaz-.

Es que José Francisco no se anduvo con palabras chiquitas, habló del partido bloom, del partido burbuja, de la derecha naranja y de la derecha azul, del partido low cost, del partido paripé y, para no dejar títere con cabeza, abundó en ese partido de “arrimados porque en Castilla y León no tienen arrimadas…”. Y todo ello aderezado con la “pitonisa de la Junta”. Es que, la verdad, menudo papelón le tocó representar a don Luis, al que un paisano del partido azul tildó de “regionalista”, ni más ni menos. De por medio, el burgalés Díez Romero, cual Cid morado, a la conquista del feudo, lucha bien el chico, cachis!

Como de Salamanca iba la mañana, nada más acceder al hemiciclo dos ilustes charros del “partido azul” -dixit M.M.- se turnaban en sendas intervenciones. Uno debatiendo sobre medio ambiente y el otro sobre el cupo etéreo que llaman vasco. Buen papel los dos, don Julián y don Salvador. Se puede suponer que el nuevo jefe popular tomará buena nota de los valores que tiene en las tierras del Lazarillo, porque por el Tormes, pícaros haberlos haylos, cachis!

En ciertos momentos la tribuna parecía un teatro de títeres, donde un actor interpretaba el papel que una mano oculta manejaba a su debido antojo. Cosas de esta nueva política. Nuevos procederes que también eran viejos en las lides políticas. En los pasillos, tanto los de la vieja como los de la nueva política, ninguno quería una estatua que luciera digna en los accesos a la Plaza Mayor de Salamanca por hacer ‘caer’ a uno de los dos muertos de los que hablaba en la sesión anterior el podemita don Pablo, aunque agonicen hospitales en interminables listas. Cosas de los excesos verbales, decían algunos. Poco tranquilo puede estar el regidor charro, porque la herida seguirá supurando sangre, que no fresca sangría turística de verano, cachis!

Compadreos, sí, muchos. Grupos por un lado y por otro, susurrando para que los de al lado como que no se enteren. Es el decir de un prestigioso periodista que habla ‘de los cuatro’ contra uno, Garicano, perdón, Igea. Son las cosas de la política y su acomodo. Los inquilinos del “low cost” en Felipe Espino ya saben a qué sardina tienen que arrimar el ascua.

En estos días previos a las grandes citas que llegan, sean locales o regionales, o como decía un veterano político y alcalde del partido azul -M.M. dixit-, “y veremos si no también generales”, se nota el pulso latente, a pesar de las sonrisas y el compadraje de los salmantinos Cruz y Fuentes, y Ramos y Castaño, entre azules y naranjas. La guerra, como quien dice, está servida y esperemos que más pronto que tarde, como la cena, fría.

Las horas pasaban por la cafetería cortesana con saludos a la presidenta de Zamora, Maite Martín, a los alcaldes de Benavente, Luciano Huerga, de Toro, Tomás del Bien, y de Medina del Campo, Teresa López. Don Luis Tudanca había llamado a ‘arrebato’ por el asunto de la Sanidad. A los regidores locales, no a la presidenta, por Dios!

Unos iban otros venían. Otros y otras, como dicen ahora los modernos, buscaban acomodo donde no tienen cabida, sino una fingida normalidad color cielo. Bien lo sabe don Luis -el del partido naranja- que lo aplica a pies juntillas -como diría mi abuela- el que busca la silla, la pierde. Y por no perder, ni el presidente Herrera se perdió la visita a la cafetería, mientras don Alfonso se reunía con los trabajadores llegados de la industria de Miranda de Ebro-. Decían que el intercambio de papeles. Por cierto, Juanvi degustaba el vinito blanco, fresquito que sabía a gloria junto a la consejera Del Olmo -hoy de rojo chillón, ay!-, pero este periodista no sabía bien si de Rueda, Ribera del Duero, o de las Tierras de León, quién sabe de dónde, cachis!

Y dentro de quince días… hablaremos del Gobierno!

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