Las matanzas, tradición o necesidad

El antes y el ahora de las matanzas tradicionales

Durante los meses de diciembre, enero y febrero, en la atmósfera matinal de cualquier pueblo, la niebla y el frío se mezclan con el humo de hogueras encendidas con prisas donde poner rápidamente cazuelas con agua para llevarlas a ebullición. Y los ánimos no lo están menos, en las mujeres y hombres del campo en jornadas como estas, y es que esa mañana se enfrentan a un animal totémico como el toro, un animal sobre él que se asientan hoy, la economía de no pocas poblaciones y de no pocas familias.

Alrededor de él se conforma durante esos días las relaciones sociales y familiares. Días en los que la familia y los amigos de la familia se reúnen para aunar esfuerzos, ayudarse mutuamente en esas labores (y es que la colaboración entre habitantes era y es normal) las labores propias eran durísimas, hoy la tecnología ayuda a serlo menos, pero aún así el elemento climático pesa lo suyo, el frío, nieve o lluvia empeora el trabajo y cualquier ayuda sirve para adelantar el trabajo y conseguir el éxito.

Decía que sobre este animal se asienta también una cultura gastronómica de primer orden y, no de menos nivel, un mural cultural con viejas e imperdurables tradiciones. Cada lugar prepara las carnes de acuerdo a recetas antiquísimas que atraviesan el tiempo por medio de un conocimiento transmitido de  generación en generación y de familia en familia, tantas formas de prepararlas, que bien podría hacerse un libro al respecto.

Si esta jornada estuviese ubicada 40 o 50 años atrás y así hasta donde llegan los recuerdos de nuestros ancestros, del bien hacer de este día y los siguientes (pues la matanza no termina con la muerte del animal, paradójicamente ahí empieza todo) hasta cinco o seis meses después, dependerá la supervivencia del núcleo familiar si el trabajo está bien hecho.

Sin duda, debemos entender todos que, en menor o mayor medida, somos lo que somos gracias a este animal “Sus scrofa domestica” más conocido como cerdo, puerco, gorrino, gocho.

Un animal que antiguamente comía las sobras de las comidas familiares, poco más y lo sientan a la mesa como uno más de la familia, y es que no lo era?

Eso sí que era economía circular.

Alimentaban al animal con lo mejor que les sobraba porque sabían que, luego, tras el necesario sacrificio, alimentaría a la familia.

Hoy, en el periodo de tres meses antes descrito, se representará la matanza tradicional en muchos sitios de la provincia de Salamanca, los más pequeños y menos pequeños deben saber, conocer la cruda realidad de lo que somos, animales omnívoros y que seremos por muchos años por muchas generaciones enteras, a pesar del cambio forzado en nuestro hábito alimenticio impuesto políticamente por sentimientos mal entendidos.

Debemos explicar lo que es ahora una tradición, qué significaba entonces y sigue significando para las economías familiares en tiempos no tan remotos y en algunos casos como decía, incluso ahora mismo.

Es una lección de historia, economía, naturaleza, sociedad y cultura todo en uno que hay que aprovechar.

Y por qué se está convirtiendo en una tradición algo que es o debería ser obligatorio saber mantener?

Por qué convertimos este acto familiar, social, gastronómico, económico, cultural y festivo, algo que se viene y ha venido haciendo en pequeñas comunidades y, suena paradójico “como la vida misma”, en una tradición algo ajena, rara, trágica por contundente pero lógica por definición a ojos extraños, a escondidas ojos poco entendidos? Es quizás, porque con el tiempo se tornará escasa, rara políticamente incorrecta, pero no lo olvidemos, siempre necesaria.

Desgraciadamente rememorar una tradición indica su claro desuso, al fin y al cabo es otro elemento más de la despoblación del ámbito rural.

Porque este país, si algo le debe al cerdo es haber aliviado o mejorado la economía familiar en épocas de paz y la supervivencia del pueblo español a lo largo de sus contiendas bélicas.

La supervivencia y el hambre es una consecuencia del devenir político, las matanzas tradicionales, las del cerdo no deberían ser solo una tradición, su conocimiento, cómo se hacen y elaboran sus productos deberían ser una lección a tener en cuenta siempre, como son los conflictos y penurias que ha ayudado a superar, es posible y solo posible que no repitiendo unas no tengamos que repetir las otras, aunque en este último caso repitamos la siempre por estas fechas frías de invierno.

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