Septiembre, un vacío rural

Sobre incendios, población y mundo rural

Termina el festivo agosto y llega septiembre, aún hay pueblos con fiestas pero, poco a poco, se acaba el calor, se hace necesario un ligero abrigo, hace frío fuera, los corrillos a la puerta se dejan para otro año y la diversión del chismorreo también.

Se va haciendo el cuerpo a los fríos y, si no lo haces, la gripe, el resfriado te agarra el pescuezo, te oprime el pecho anunciándote en tu propia salud los cambios intempestivos del tiempo y termina uno a golpe de tos, fiebre y pastillas por ponerse en el lugar y el tiempo.

Septiembre es un mes de altos y bajos, de tiempo indefinido. Ahora calor, ahora frío, y es que es así como se endurece el hierro, como se han endurecido, en definitiva, los hombres del campo y las mujeres! Las mujeres del campo y de los ansiados infantes la que sostiene la casa donde ven pasar sus últimos días esos padres, esos abuelos, figura tan poco valorada como necesaria.

 Llegan los tiempos desolados, los otoños indecisos “frío o calor”, los inviernos recios, con olor a matanza, a lumbre baja, a platos contundentes de cuchara.

Hoy el invierno en el ámbito rural se mide en despoblación, en despoblación humana y, este año además, en despoblación arborícola.

 Ha sido el verano del fuego, con la sequía como principal aliado, arrasando miles de hectáreas y, es que este año, a fecha 31 de julio han ardido 61.300.

Según el Ministerio de Medioambiente es el peor año del último lustro. Y no se han contabilizado los producidos en agosto y los que aún siguen asolando el paisaje sediento no solo del campo charro, también de muchas provincias y de un país hermano, Portugal, al que deseo recuperen la normalidad lo antes posible.

Que la quema de bosques es consecuencia, entre otras, de la desaparición de un uso adecuado, correcto, un uso experto, continuo, asentado en el tiempo y en la experiencia  “usos y costumbres”, este duopolio y no la ley, es el que ha permitido que nos llegue el patrimonio natural, cultural, monumental y social que hoy tenemos.

Es gritar para reivindicar la vuelta a un uso que se ha hecho costumbre porque era, sobre todo, un uso que primaba mantener, proteger y explotar de una forma ecuánime para el habitante para su ganado y para el bosque, de producir el alimento del año y de asegurar con esa gestión el del año siguiente.

Y es que el hombre se acostumbró a comer, por ello no es baladí la famosa frase de Charles Dickens “el hombre es un animal de costumbres”

Lo he escrito muchas veces, la supervivencia del entorno salmantino no puede estar sólo en Valladolid o Madrid, el que entienda de hacer leyes para este medio debe estar aquí conociendo el medio, debe estar aquí para saber la importancia en seguir las tradiciones y usos como he escrito antes, debe comprender que de no practicarse, pervierte la intrínseca  relación que existe desde siglos entre el rumiante, la tierra y el ganadero. Y la dehesa salmantina es el mayor exponente de lo que digo.

Debe saber también en hacer un uso multidisciplinar del bosque, que el bosque no es un monumento que se deba proteger para que simplemente esté para ser observado, es algo que se debe mantener, sí, pero existen otros usos que no hace mucho tiempo se compaginaba con todo y todos. Por ejemplo, el retorno de la acampada libre este es uno de esos usos multidisciplinares, la cual con un carnet específico asociado a seguros de responsabilidad civil y una adecuada educación en el uso y disfrute del campo, con cuotas específicas y limitaciones geográficas permitirá hacer limpiezas preventivas de maderas y basuras por los propios campistas, porque si algo somos los campistas, que lo fui en mis tiempos en Riomalo, responsables conscientes del entorno de su protección y es volver, retornar al hombre urbanita a ese entorno que le es propio del que nació en algún momento, de que el campo, el pueblo, tenga otra forma de subsistencia.

Y vamos a dejar las cosas claras, si creen que los dueños de camping se pueden sentir atacados en su negocio con la acampada libre, olvídense, el campista va a hacer acampada libre en un periodo en el que muchos campings no han abierto y no van al camping, quieren libertad, autonomía plena, quieren volver a sentirse parte del entorno natural en toda su extensión.

Uso multidisciplinar decíamos, lo encontramos en la gestión de un producto que sirve para ahuyentar el frío, la industria de la biomasa, el pellet, el petróleo de Castilla y León, ni siquiera se sabe del potencial que hay en el campo yermo e improductivo de Castilla y León.

De qué sirve un montón de árboles que no deja ver el bosque que hay detrás.

Sin lugar a dudas es la Junta de CyL, el Gobierno de Madrid con sus políticas proteccionistas las que están haciendo morir el campo, lo alejan de la ciudad y no permiten o dificultan el necesario retorno, su posibilidad de repoblación.

Decía el alcalde de Castrillo Mota de Judíos, Lorenzo Rodríguez, que a los pueblos con 70, 100, 500 habitantes no se les puede aplicar normas de poblaciones más grandes, deben tener legislación específica adecuada a su población. Y no le falta razón.

El ámbito rural debe tener una revolución en sus normas administrativas, por poner un ejemplo, un porcentaje muy alto de la población salmantina y la emigrante fuera de Salamanca retorna al pueblo a sus orígenes, como decía Inés Arrimadas en el sermón de este año dado en Salmoral “a adquirir el conocimiento de sus ascendientes que recogieron de sus antepasados a rememorar sus vivencias”, muchos tienen casa en el pueblo pero su empadronamiento se produce en la ciudad por pura cuestión de servicios.

Por que no se establece un segundo empadronamiento que llamaríamos filial, el que se produce durante dos meses de verano. Dos meses  de un boom de habitantes en que algunos pueblos multiplican su población por 10 o por 20 pero sus servicios merman cada año, y cada año es más difícil prestar servicios. Ese empadronamiento estaría asociado a la existencia de una vivienda, de familias directas o durante el veraneo. El Patrimonio del municipio recibiría un ingreso extra que solventará en parte el déficit económico. Hay tantas normas que cambiar e innovar.

En fin, hay que remover la legislación existente para encontrar la más adecuada, “pero mientras,  hay que cumplir con la que hay”.

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