Unidad Canina de la Policía de Salamanca: el olfato, listo para intervenir

Tres instructores velan junto a sus perros por la seguridad de los ciudadanos y vigilan el tráfico y el consumo de estupefacientes en colegios y parques

FuenteJavier A. Muñiz
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NOTICIASCYL SALAMANCA continúa este domingo con su serie dominical de reportajes sobre los servicios municipales. Iremos contando todo aquello que el Ayuntamiento de Salamanca tiene en marcha en su labor de servir al ciudadano y mantener la ciudad en el mejor estado posible. Áreas municipales de las que puede disponer cualquier vecino de Salamanca y que este diario acercará para que pueda conocerlas un poco mejor. Hoy, la Unidad Canina de la Policía Local.

Con el objetivo de prevenir la drogadicción, especialmente entre los más jóvenes, la Policía Local de Salamanca dispone de una de las mejores unidades caninas del país. No en vano, los agentes salmantinos, con el jefe de la unidad a la cabeza, José Bartol, acostumbran a instruir a otros cuerpos, como así ha ocurrido en ciudades como Valencia, Oviedo o Badajoz, o incluso Holanda y Bélgica. En total son tres guías caninos titulados con perros detectores de estupefacientes capaces de localizar distintos tipos de droga. Eso sí, aquí están especializados en cocaína, heroína, marihuana y hachís, que es lo que más se encuentra en nuestras calles, tal y como explica el jefe de la unidad canina en Salamanca.

“Nos dedicamos a la prevención en colegios e institutos y parques, donde se desarrolla la actividad de los jóvenes”, resume Bartol. De paisano o de uniforme, en función de la actuación, los policías aparecen acompañados de sus peludos compañeros, muchas veces a petición de los propios directores de los centros. “Cada vez que aparecemos ganan lo que nosotros llamamos la paz social para uno o dos meses, haya o no sanciones”, explica el jefe mientras indica que están teniendo muy buenos resultados. En términos generales, la unidad canina de la Policía Local de Salamanca está levantando unas tres actas diarias de media.

Los perros son propiedad de sus instructores y los ceden al Ayuntamiento a través de un contrato en el que algunos de los gastos derivados de su manutención corren a cargo de las arcas municipales. Por ejemplo, el pienso, las herramientas que utilizan o el veterinario. Son sus perros. Trabajan con ellos, pero también salen, juegan y viven con sus familias. “ A veces es difícil. Recuerdo que mi primer perro de drogas, después de toda la ilusión y las horas invertidas con él, se murió a los seis meses de un cáncer. Fue una de las cosas más duras que he vivido. El perro no es una máquina, no es un objeto. Al final son testigos de tu carrera profesional y de tu vida personal. Así que también cuando funcionan es un espectáculo. Es la mayor satisfacción”, comenta.

Perro y guía crean un vínculo emocional muy fuerte que les hace comportarse en la calle como un equipo. Los canes obedecen las órdenes de los agentes para buscar la droga después de una instrucción de castigo y recompensa. Al final, para ellos es un juego. “El mayor castigo que les podemos hacer es no hacerles caso. Los premios van desde una caricia hasta el mayor juego que le puedas dar. Los perros buscan droga porque les hemos enseñado. Ellos genéticamente prefieren buscar gatos o conejos. Cuando trabajan es porque tienen un vínculo muy estrecho con el dueño”, explica.

Una vez en la calle, en un parque o frente a un colegio, los agentes disponen los elementos o personas que deben registrar y les dan la orden de búsqueda, como se puede apreciar en el vídeo que acompaña a este información. “Los perros pueden marcar de dos maneras. Activa o pasiva. La activa es ladrando y arañando. Si alguien lleva 1.000 kilos en un coche, pues está justificado que el perro cause daños, pero si estamos hablando de un chaval que lleva una ‘china’ o un ‘gramo’, no. Por eso utilizamos el marcaje pasivo en el que el perro se queda quieto con la trufa lo más cerca posible del foco de olor”.

Los fines de semana acuden más a los parques y las zonas peatonales. Luego están los dispositivos de afluencia masiva. Incluso, de cara a la Nochevieja Universitaria, José Bartol imparte un curso de formación de unidades caninas para cuerpos de toda España. “Lo que hago es preparar a la gente que viene a formarse de manera teórica y ese día tenemos un aula práctica sobre cómo trabajamos aquí en Salamanca”. En los últimos años, las sanciones han bajado significativamente, desde las 150 actas levantadas esa noche hasta prácticamente la mitad el último año.

La Unidad Canina de la Policía Local de Salamanca acostumbra además a colaborar con otros cuerpos policiales siempre que se les requiere. Ya sea con la Policía Nacional o con la Guardia Civil, que tienen las competencias en tráfico de drogas, aunque siempre sin estropear ningún operativo mayor. Para ello es fundamental el flujo de información y, al menos en Salamanca, funciona correctamente.

Además, cabe destacar que la unidad colabora con el Área de Bienestar Social del Ayuntamiento de Salamanca para darse a conocer y motivar a algunos colectivos. “Hemos vivido momentos mágicos. Recuerdo un niño que tenía autismo y apenas se movía, y aquel día se motivó hasta que logró agarrarme de la mano y llegar hasta el perro para hacerse una foto. Son momentos importantes en tu vida”, comenta Bartol. Lo mismo sucede con las víctimas de violencia de género, a las que, en ocasiones, ceden perros que la misma unidad ha adiestrados para que les ayuden a recuperarse con óptimos resultados.

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