Plaza del Liceo, el ágora del fervor religioso y la cultura

Concluido el repaso a todos los barrios de Salamanca excepto el entorno de la Plaza Mayor, NOTICIASCYL se adentra ahora en zonas concretas del casco histórico de la capital charra

FuenteRaúl Martín

En un mundo tan célere y alocado como el actual apenas sobreviven los recuerdos que van más allá de un lustro. Ésa es la barrera que marca la pervivencia de la información en internet, pero hay otra mucho más valiosa que aún se atesora en álbumes de fotos escondidos en recónditos cajones, esos que ya apenas casi se ven en familia, y sobre todo, una información guardada a fuego en la memoria de quienes vivieron cada momento. NOTICIASCYL tiene en marcha una serie dominical que repasa la evolución de los barrios de Salamanca.

Tras abordar todas las zonas más allá del casco histórico, sólo falta el corazón de Salamanca, el entorno de su Plaza Mayor, pero son tantos los cambios que se han producido en algunas zonas que hasta final de año vamos a repasarlas de forma más exhaustiva. Hoy es el turno para la plaza del Liceo, que debe su nombre al teatro allí ubicado.

Durante la Edad Media sólo existía la Calzada de Toro desde la plaza de San Martín (lo que hoy es la plaza Mayor y la plaza del Mercado juntas). Así, en planos anteriores al siglo XV hacia la plaza de San Eulalia se accedía a través de la hoy calle Deán Polo Benito. Fue a partir de la construcción del Monasterio de San Antonio el Real cuando se habilitó el final de la calle Azafranal tal y como ha llegado a nuestros días. Hasta entonces era el denominado callejón de los herreros.

El monasterio fue levantado en 1745 con una iglesia que no llegó a concluirse, empleando unos elementos arquitectónicos muy singulares dentro del Barroco. Pero con el paso de las décadas quedó relegado al olvido hasta que un siglo después el auge cultural en Salamanca proyecto sobre estos restos el teatro Liceo, finalizado en 1862 según los planos del mismo artífice del teatro Bretón.

La conexión de las calles Azafranal y Toro dejó un espacio abierto en forma triangular que se confirió en una plaza donde peatones y los primeros vehículos compartían calzada. Las representaciones líricas eran frecuentes en el teatro, congregando a cientos de personas, pero sobre todo para disfrutar de una innovación tecnológica de finales del siglo XIX. Porque el Liceo fue el primer lugar de Salamanca capital (antes había sido Béjar) donde se llevó a cabo una exhibición del cinematógrafo Lumière.

Durante el siglo XX la plaza fue registrando los avatares del progreso. Con el aumento del tráfico se habilitó una especie de glorieta con una jardinera con bancos en el centro. Así permaneció hasta que en los años ochenta, con la llegada de la democracia, el entonces alcalde socialista Jesús Málaga decidió peatonalizar las calles Toro y Zamora. La plaza del Liceo mantuvo su forma, con mobiliario en el centro del ágora, pero de mayor tamaño para habilitar más asientos.

Con el cierre del Liceo en 1994, entonces ya sólo como sala de cine, la plaza quedó como lugar de trasiego hacia la Plaza Mayor o de ruta entre los numerosos comercios de la zona. Hasta que con motivo de la Capitalidad Cultural Europea del año 2002 el Liceo se reabrió como teatro, se restauraron las ruinas del monasterio en una parte y en otra se construyó una gran tienda textil. La plaza del Liceo rejuveneció, se eliminó el mobiliario, quedando un espacio totalmente diáfano, y ganó en vida al ser lugar de concentraciones, manifestaciones culturales y sociales, e incluso encuentros políticos. Su última remodelación ha añadido una escultura, la del salmantino Vicente del Bosque, jugador, entrenador y seleccionados nacional de fútbol, con quien España logró el ansiado Mundial y después una Eurocopa. Homenaje de Salamanca a un paisano en un espacio que siempre fue uno de los epicentros de la sociedad charra.

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