San Esteban, los dominios de los dominicos

NOTICIASCYL continúa la serie dominical que repasa la evolución de los barrios de Salamanca a través de los recuerdos de niñez de sus habitantes. Hoy, turno para una zona en torno al convento e iglesia del mismo nombre, un compendio de huertas e iglesias en torno al arroyo de Santo Domingo, hoy sólo visible en el sistema de alcantarillado

FuenteRaúl Martín
Plaza del Concilio de Trento con la iglesia de San Esteban / Foto: Luis González de la Huebra

En un mundo tan célere y alocado como el actual apenas sobreviven los recuerdos que van más allá de un lustro. Ésa es la barrera que marca la pervivencia de la información en internet, pero hay otra mucho más valiosa que aún se atesora en álbumes de fotos escondidos en recónditos cajones, esos que ya apenas casi se ven en familia, y sobre todo, una información guardada a fuego en la memoria de quienes vivieron cada momento. NOTICIASCYL tiene en marcha una serie dominical que repasa la evolución de los barrios de Salamanca.

Hoy es el turno para San Esteban, un barrio comprendido en la actualidad entre las calles Marquesa de Almarza, San Pablo, Rector Esperabé y Canalejas, que debe su nombre al convento y la iglesia del mismo nombre, comúnmente denominada Dominicos. La Orden de Predicadores fue fundada en Toulouse (Francia) en 1215 por el canónigo español santo Domingo de Guzmán y en 1216 recibió la aprobación del Papa Honorio III. Dos años más tarde, en 1218, se creó la Universidad de Salamanca, y muy probablemente santo Domingo mandó que en esta ciudad se fundara un convento, pues quería que sus frailes estuvieran presentes en las ciudades universitarias. La iglesia de San Esteban era un pequeño templo románico situado dentro de los muros de la ciudad, con su cementerio y posesiones contiguas. Los frailes decidieron edificar en ese nuevo emplazamiento una iglesia gótica de tres naves, y un convento con su claustro y dependencias.

Un templo que fue cobijo contra la peste negra del siglo XIV y donde Cristóbal Colón encontró el apoyo necesario para convencer a los Reyes Católicos de que financiaran su aventura para atravesar el Océano Atlántico y terminar descubriendo América. Así, la rica historia de San Esteban se completa con la aportación a la evangelización de las tierras de América y Filipinas.

Durante la Guerra de la Independencia el convento fue ocupado por los franceses en 1809. No destruyeron mucho, fuera de algunas imágenes, relieves, columnas, etcétera, pero se apoderaron de todos los objetos de oro y plata que poseía el convento. Hasta los frailes fueron expulsados y el edificio quedó como cuartel de las tropas de Napoleón hasta 1813. Tras la desamortización de los bienes de la Iglesia, los edificios se abandonaron, utilizándose algunas zonas para cuartel y enfermería. De esta ruina se salvó solo la iglesia que, por determinación del obispo de la ciudad, fue convertida en parroquia. Con ella se libró también la sacristía, pero todo el mobiliario y la biblioteca del convento fueron expoliados. La restauración de los dominicos en San Esteban se debe a los cuatro frailes españoles que vinieron a vivir con los franceses. El empuje definitivo se dio en septiembre de 1892, cuando el convento quedó constituido en casa formal con prior.

Colegio de Calatrava / Foto: Laurent

Junto al convento de los dominicos está el Colegio de Calatrava, actual Casa de la Iglesia, sede del Obispado de Salamanca y epicentro de su Diócesis. La orden de Calatrava fue fundada en la ciudad-fortaleza de Calatrava (Ciudad Real) en el siglo XII. Su abad, San Raimundo de Fitero junto con otros religiosos y caballeros, lograron frenar varios ataques musulmanes en una época en la que cristianos y musulmanes se disputan la hegemonía en los distintos territorios. A partir de ahí, la orden de Calatrava se expande por diferentes lugares de España. Es pues, la primera orden religioso-militar creada en España.

El edificio se pensó inicialmente como un colegio para los caballeros de Calatrava, pero comenzó su andadura como colegio adscrito a la Universidad de Salamanca, con la aprobación del emperador Carlos V. Sin embargo, la construcción del edificio tal como lo conocemos hoy comenzó en el año 1716, siendo el proyecto inicial de Joaquín de Churriguera. Incluso se encargan pinturas al célebre Francisco Goya. Pero estas obras desaparecieron durante la Guerra de la Independencia contra los franceses. Hoy en día solo se conserva en el museo del Prado el boceto de un cuadro de la Inmaculada.

Fue el Padre Cámara a finales del siglo XIX quien rescató definitivamente este edificio para la Diócesis de Salamanca, y adquirió parte del patio actual, llamado Monte Olivete, cuya propiedad obtuvo por permuta de otros terrenos propios del Obispado, que cedió al Ayuntamiento para vías públicas; en concreto, los terrenos de las iglesias derruidas de Santa Eulalia y de San Justo, ubicadas en las respectivas plazuelas. Pero las vicisitudes de este edificio no cesaron, pues en 1960 sufrió un voraz incendio que sólo dejó en pie las paredes maestras. Volvió a reconstruirse y en los años noventa restaurado en su totalidad

Ruinas de la iglesia de San Polo

Si la presencia de la Iglesia marcó el devenir de este barrio, también lo hizo la muralla, con sus respectivas puertas. Pero la invasión napoleónica dejó destruidas casi la totalidad y apenas han llegado algunos vestigios de la muralla original. De hecho, tras la guerra contra los franceses los lienzos fueron aprovechados para construir casas señoriales, por ejemplo la Casa Lis, y en otros se agrupan adyacentes unas modestas viviendas.

Uno de los restos que se han conservado es el denominado Pozo de Nieve. Su comercialización requirió de estas construcciones para asegurar su almacenamiento y conservación. De hecho, en Salamanca existieron varios pozos de nieve desde el siglo XVI, algunos de los cuales se han conservado hasta la actualidad y hoy, rescatados del olvido, se han convertido en un recurso turístico, como ocurre con el que perteneció al desaparecido Convento de San Andrés.

Es uno de los monumentos más peculiares y desconocidos de la Salamanca del siglo XVIII. Junto a la Cerca Nueva de la ciudad se conservan los restos de uno de los más importantes conventos de la Salamanca renacentista, el de San Andrés, conocido como el ‘Escorial salmantino’ por sus grandes dimensiones y adusto estilo arquitectónico, levantado en el siglo XVI por la Orden del Carmen Calzado. Fue uno de los centros conventuales más importantes de la ciudad hasta su destrucción a mediados del siglo XIX. De él nos han llegado la capilla de la Orden Tercera del Carmen y unas pequeñas dependencias de servicio anexas al cuerpo principal consistentes en una casa de oficios con tenadas y un magnífico pozo de nieve construidos durante el siglo XVIII.

El Pozo de Nieve constituye una asombrosa construcción en la que nuestros antepasados almacenaban y conservaban la nieve que traían sobre mulos desde las Sierras de Francia y Béjar para convertirla en hielo, que luego aprovechaban para fabricar helados o sorbertes, como conservante o con fines terapéuticos. El espectacular pozo de más de siete metros de profundidad cubierto por una bóveda de pizarra se encuentra junto a parte de la antigua muralla medieval de Salamanca, las caballerizas y tenadas del convento, parte de la torre nordeste del complejo… Misteriosas galerías subterráneas, de origen y función inciertos.

Arroyo de Santo Domingo: Foto: Cándido Ansede

En la Edad Media este barrio estaba repleto de huertas en torno al templo y del arroyo de Santo Domingo, cuyo cauce ya sólo es visible en el sistema de alcantarillado, pues fue cubierto por razones de salubridad. De ahí que perduren puentes como el de Domingo Soto, del siglo XVI y que ha llegado a nuestros días gracias a que no se aprobó la idea de un arquitecto, Víctor D’Ors, de derribarlo para culminar la Gran Vía hasta la ribera del río Tormes. Hasta una veintena de puentecillas cruzaban el arroyo. El puente perduró, no así su entorno en la actual plaza del Concilio de Trento, una zona de ocio que antaño fuera una fábrica de cerveza y el lugar para la llegada y salida de los denominados coches de línea.

Durante las últimas décadas este barrio se ha ido transformando en un paraje turístico, dentro del empeño de las administraciones públicas por recuperar el patrimonio para atraer visitas desde otras provincias de España e incluso desde el extranjero. Lejos parecen quedar imágenes de hace apenas medio siglo que muestran otra Salamanca, con unas costumbres y oficios ahora impensables para el olvidadizo charro moderno.

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