Regresa el vicio de las apuestas deportivas con el inicio liguero

Prolifera en Salamanca la apertura de locales para poder apostar, aprovechando la expansión de las multinacionales en todas las capitales. El nuevo perfil del ludópata es el de estudiantes o 'ninis' sin responsabilidades familiares, incluso menores de edad pese a estar prohibido, que burlan al sistema a través de amigos. Muchos desconocen la obligación de declarar a Hacienda los beneficios

FuenteRaúl Martín
Local para apuestas deportivas recién abierto en la avenida Federico Anaya de Salamanca, dode antes había un bar

Este fin de semana comienza la liga de fútbol en España e Italia y la semana pasada lo hizo en Inglaterra. Regresan las máximas competiciones del deporte rey y con ellas también la necesidad de jugar entre quienes ya han adquirido el vicio de realizar una apuesta deportiva cada semana.

Según la Dirección General de Ordenación del Juego del Ministerio de Hacienda y Función Pública, unos 670.000 españoles apuestan al menos una vez al año. Casi la tercera parte, un 30%, tiene entre 18 y 25 años. Es el nuevo perfil del ludópata, estudiantes o ‘ninis’ sin responsabilidades familiares, incluso menores de edad pese a estar prohibido, pero burlan al sistema a través de amigos. Así, lejos ha quedado la figura del hombre casado de entre 35 y 45 años enganchado a la máquina tragaperras como perfil del jugador impulsivo.

Este auge de las apuestas deportivas ha propiciado la proliferación de aperturas de locales para poder jugar en Salamanca, aprovechando la expansión de las multinacionales en todas las capitales. Por ejemplo, en el barrio Garrido de la capital varios son los espacios físicos que se han transformado en casa de apuesta, cuya reforma se ha acometido durante el verano para llegar a tiempo del inicio liguero.

Desde la Asociación Salmantina de Jugadores de Azar Rehabilitados (Asaljar) perciben el incremento de este problema. Cada vez son más los jóvenes que precisan ayuda debido a las apuestas deportivas por internet, “se ve incluso bien entre grupos de amigos”. Pero las consecuencias negativas son las mismas pese a que no haya síntomas evidentes físicos como los que producen el alcohol y las drogas. De hecho, se ha creado un nuevo grupo de ayuda exclusivamente para tratar esta adicción a las apuestas, explicaba a NOTICIASCYL Luisa Ventola, psicóloga de la asociación.

Las apuestas deportivas llevan aparejado otro problema, Hacienda. La Agencia Tributaria está muy al tanto de los beneficios que obtiene un jugador, al acecho de que posteriormente realice la declaración de lo ganado. Incluso hay quienes, a pesar de haber perdido dinero con las apuestas, han tenido que pagar cuantiosas multas a Hacienda por su olvido en la declaración.

Según la Ley del Juego, siempre hay que incluir las ganancias en la declaración de Hacienda. Según explican los expertos, como concepto de IRPF, las apuestas deportivas son ganancias y pérdidas patrimoniales que no derivan de la transmisión de elementos patrimoniales. Es como si se realizase una inversión de la que se pretende obtener beneficios.

Por tanto, quienes realicen apuestas deportivas deberían llevar la cuenta del dinero que ganan y pierden para no llevarse después un susto, pues todos los movimientos quedan registrados por los negocios y son remitidos a Hacienda. Así, por ejemplo, si en una apuesta se perdieron 100 euros y en otra 200 pero en la tercera se ganaron 800 hay que declarar un beneficio de 500. Ahora bien, la declaración de los beneficios también se realiza en función de la situación laboral de cada persona.

Si el único beneficio económico proviene de apostar, es decir, estudiantes o personas sin trabajo, y las ganancias superan los 1.600 euros, hay que declararlos a Hacienda. Si es menos de esa cantidad, no. Si la persona tiene trabajo y su sueldo anual es superior a 22.000 euros, hay que declarar las apuestas si el beneficio supera los 1.000 euros. Si el sueldo es inferior a esa cantidad, no.

Quienes no rindan cuentas con Hacienda, más temprano que tarde serán objeto de una inspección y tendrán que pagar no sólo lo no declarado, también una sanción de entre el 50% y el 150% de la cantidad que la Agencia Tributaria considera se ha defraudado.

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