La contracrónica: Con un pan debajo del brazo y ‘Casado’ con España

Otra mirada sobre la visita del candidato del Partido Popular a Salamanca

Con un notable, aunque justificado, retraso ‘aterrizó’ Pablo Casado en el Teatro Unicaja de la Plaza de Santa Teresa de la capital del Tormes. Desde tiempo antes, militantes y simpatizantes se agolpaban en los accesos para hacerse con una de las butacas que ofrece el coqueto, pero demasiado acogedor recinto. Al final, sentados en las escaleras, de pie, e incluso desde fuera, pudieron disfrutar de las proclamas de su candidato predilecto. Y es que el Partido Popular habilitó unos televisores a pie de calle ante la previsión de aforo completo para el acto en Salamanca.

Y lo hubo. Lleno hasta el ‘copete’, banderas de España, azules del PP, música festiva y un ‘tortuoso’ camino ‘infestado’ de saludos, besos, apretones de mano, abrazos y sonrisas infinitas. ¡Dejen avanzar al candidato! No sea que no llegue hasta La Moncloa. A buen seguro no es el deseo de cuantos allí se congregaron. A pie de coche, Casado fue recibido por José Antonio Bermúdez de Castro, Alfonso Fernández Mañueco, Javier Iglesias y otro miembros de las listas en las generales como Bienvenido de Arriba y María Jesús Moro.

Estaban todos. Candidatos, concejales, diputados, alcaldes populares de la provincia y una nutrida representación de Nuevas Generaciones que ocupó un lugar privilegiado en el escenario. Muy guapos todos, no cabe duda. Y guapas, claro. La montaña rusa, geográfica que no de emociones, llevó al candidato a descender desde lo más alto del teatro hasta el pie del escenario para después emerger de nuevo y situarse por encima de su militancia.

Las emociones, por su parte, fueron in crescendo hasta explotar en un singular e inesperado anuncio. Y es que su justificado retraso se debía al nacimiento en Salamanca de su sobrino. “¡Un nuevo charro!”, proclamó. De hecho, Casado se saltó el protocolo y fue él quien abrió el acto en lugar de cerrarlo ante la emoción y las ganas de anunciar la buena nueva. Enhorabuena al candidato, a su hermano el reciente papá ,y a toda la familia Casado. Algunos pensarán que ojalá ese niño traiga un pan debajo del brazo. Los mismo algunos que pondrán ‘cara de pan’ a la Presidencia del Gobierno.

Una vez hubo liberado su emoción, Casado se pertrechó en la trinchera, se armó con el argumentario popular y comenzó a ‘disparar’ a diestro y siniestro. Con un duro discurso castigó con severidad a Pedro Sánchez y advirtió sobre sus compañías. Las alusiones al independentismo y también al terrorismo fueron constantes. Lo cierto es que Casado había venido a la cuna del conocimiento, la ciudad universitaria por excelencia, la honorable casa de la Universidad Pontificia de Salamanca y la de los ocho siglos, a hablar de educación. Y lo hizo.

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