Cómo tratar a personas con discapacidad: sin paternalismo y con naturalidad

Este lunes 3 de diciembre es el Día Internacional de las Personas con Discapacidad. El Comité Estatal de Representantes de Personas con Discapacidad subraya que por encima de las particularidades, a estas personas hay que tratarlas teniendo en cuenta que no están incapacitadas

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Las personas con discapacidad no necesitan un trato especial, sino cierta sensibilidad por parte de quienes se dirigen a ellas. Hay que evitar comportarse de forma excesivamente paternalista, agobiándolas con nuestra diligencia y creyendo que necesitan de la ayuda de otra persona para todo. Tampoco se las puede ignorar o forzarlas a actuar como si no tuviesen ninguna limitación funcional.

La forma de dirigirnos a personas con discapacidad está llena de matices, relacionados, en su mayoría, con el tipo de discapacidad. Las necesidades de una persona sorda son diferentes a las de una persona ciega o a las de otra con problemas de movilidad o con discapacidad intelectual. Entender las cuestiones específicas de cada caso ayuda a que el trato sea el adecuado.

Tanto los documentos del Comité Estatal de Representantes de Personas con Discapacidad (CERMI) como los publicados por el Ministerio de Sanidad al respecto coinciden en subrayar que por encima de las particularidades de cada discapacidad, a estas personas hay que tratarles con naturalidad y teniendo en cuenta que no están incapacitadas.

La atención que esperan recibir es la de cualquier otra persona. Es importante preguntarles qué tipo de ayuda necesitan y, en caso de prestársela, hacerlo sin sobreactuar. Asimismo, hay que concederles toda la independencia posible, sin impedirles las acciones que pueden realizar y ofreciendo solo la ayuda que pueden necesitar. Otro consejo indispensable es interactuar y dirigirse a ellas y no a quienes las acompañan.

La silla de ruedas es uno de los elementos más característicos de las personas con movilidad reducida. Este objeto es parte del espacio corporal de la persona, de ahí que hay que evitar tocarla en la medida de lo posible, incluso para empujarla, salvo que la persona lo solicite expresamente.

Para hablar con una persona en silla de ruedas, siempre que sea posible, hay que situarse de frente y a su misma altura. Si desconocemos el manejo de alguna ayuda técnica, hay que preguntar al usuario cómo ayudarle.

En caso de que nuestro acompañante no lleve silla, pero tiene dificultades para caminar, debemos adaptar la velocidad de nuestro paso al suyo y preguntarle siempre si necesita ayuda cuando muestre dificultades para andar o sortear un obstáculo, y también cuando se haya caído.

Los expertos aconsejan preguntar a las personas con discapacidad visual si necesitan ayuda antes de ofrecérsela directamente, y solo cuando se las vea vacilar o se encuentren ante un obstáculo o un peligro.

Es importante también identificarse al dirigirse a ellas por primera vez, describirles nuevos escenarios y ofrecerles indicaciones muy precisas que les sirvan de orientación útil en sus movimientos.

No todas las personas con discapacidad visual acceden de la misma forma a la información. Según su resto visual, sus habilidades precisarán Braille, textos impresos en tinta, o herramientas informáticas. Otro aspecto a tener en cuenta es que no podemos ausentarnos sin avisar ni sustituir los mensajes por gestos. Hay que ser muy precisos y específicos con el lenguaje.

En cuanto a las personas con discapacidad auditiva, el principal vehículo de expresión es nuestra cara. Por ello, es importante dejar el rostro bien iluminado y libre de obstáculos, vocalizar adecuadamente y evitar subir el tono de voz, ya que nuestro interlocutor interpretará hostilidad.

Hay que evitar hacer ruidos innecesarios, y asegurarse de que todos entendemos los respectivos mensajes. Si la persona sorda está acompañada de un intérprete, hay que dirigirse a ella igualmente.

Podemos ayudarnos de gestos naturales y del uso de escritura si es necesario. Si esta persona no nos entiende, debemos repetir el mensaje o construirlo de otra forma más sencilla, pero correcta y con palabras de significado similar.

A la hora de interactuar con personas con discapacidad intelectual es importante asegurarse de que han comprendido todo lo que se les ha dicho. Debemos ser pacientes y flexibles, ya que el proceso de comprensión y de expresión puede ser más lento. Hay que ser llanos en nuestra forma de hablar y utilizar un vocabulario sencillo.

Hay que dirigirse a estas personas de acuerdo a su edad, pero adaptándonos a su capacidad. Si tenemos que explicarles algo, debemos darles instrucciones claras y concisas, acompañadas de alguna demostración de acción, como guiar con la mano. Asimismo, hay que estar atentos a sus respuestas para poder adaptar la comunicación.

El CERMI aconseja ayudar a las personas con discapacidad intelectual solo en lo necesario y recomienda que les facilitemos la relación con otras personas. “Si algo caracteriza a las personas con discapacidad intelectual es su enorme capacidad de alegría, cariño y ternura. No desaproveches la oportunidad para descubrir personas diferentes que pueden enseñarte otra forma de ser feliz”, señala esta organización.

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