La prueba del algodón para Cs

Entre primos anda el juego de política y toros

FuenteLuis Falcão | @luischiado

Una vez culminado el pacto -no se puede llamar de otra manera, digan lo que digan- en Andalucía entre PP, Ciudadanos y VOX para formar la Mesa del Parlamento, las aguas bajan cada vez más revueltas en esta senda electoral que está a la vuelta de la esquina. Más certeros, pasados Reyes Magos. Aunque magia es la que deben tener las diferentes empresas de estudios/encuestas sociológicas para acertar el devenir de los tiempos futuros en la política. Sobre todo en esta tierra cidiana y de León.

Una primera lectura de lo acontecido en el antiguo hospital de las Cinco Llagas en Sevilla, actual sede del Parlamento de Andalucía, a alguna formación claro que le producirá muchas llagas. El Partido Popular se siente cómodo en esta nueva tesitura. No olvidemos que las gentes de VOX vienen todas del PP de José María Aznar. Es necesario recordar que Abascal, su líder, era una persona de confianza de Esperanza Aguirre, que marchó del PP cuando todo el asunto catalán comenzaba a fraguarse y encima con la derecha -la marcha de Vidal Quadras-. Eran aquellos tiempos -no muy lejanos- cuando Aznar hablaba catalán en la intimidad. ¿Recuerdan aquel episodio? En 1996, Aznar protagonizó un gran momento televisivo afirmando que hablaba catalán en la intimidad, tras ganar las generales con el apoyo de CiU. Así, hubo un acercamiento hacia la CiU de Jordi Pujol, con quien había realizado el famoso Pacto del Majestic a cambio de más competencias. “La lengua catalana es una de las expresiones más completas, más perfectas, que yo conozco desde el punto de vista de lo que puede ser el lenguaje, y quiero decir que no solamente lo leo desde hace muchos años, la entiendo, y además, cuando estoy en círculos reducidos, no muy amplios, la hablo también”. No lo dice Torra ni Sánchez, lo decía José María Aznar. La hemeroteca…

¿Y Ciudadanos? He ahí la madre de todas las batallas políticas. De momento ya existen muchos militantes, allegados, afines, simpatizantes… y votantes que ponen el grito en el cielo y avisan del «tremendo error político» de Albert Rivera al permitir este pacto con la extrema derecha -perdonen la expresión, porque si Pablo Casado es la derecha… Abascal no es la derecha, sino la opción más extrema de la derecha por situación estratégica-. Este acuerdo político de Andalucía le pasará una seria factura a la formación naranja. El problema no es la factura a pagar, sino que el espacio político electoral se le ha cerrado por la izquierda de la derecha, no confundamos, que es decir el centro. Ahora, Rivera y sus naranjitos y naranjitas tendrán que pelear por ese espacio tan disputado de la derecha… ¿Volverá a repetir esa frase tan cacareada del pacto de Pedro Sánchez con ER o PDeCAT? Por cierto, a ello se suma también el PDeCAT que busca «recuperar el centro político» en Cataluña y, como pequeño avance, corren rumores de que un grupo fuerte de los políticos catalanes de la antigua CiU -abandonados por Puigdemont y desconcertados con Quim Torra- desea presentar como candidato en las próximas más que lejanas elecciones catalanas a Artur Mas. Qué fácil se lo han puesto a los socialistas y podemitas con el Pacto de las Cinco Llagas de Sevilla, y qué alivio para Pedro Sánchez.

Estas circunstancias que suben de la antaño Al-Andalus, nada bueno traen a las formaciones de Castilla y León, juntos o separados. El PP puede perder un buen puñado de votos por la derecha si es que el candidato Fernández Mañueco no se desmarca del discurso nacionalista español de Casado y busca el propio que hable de esta tierra, porque ese discurso ultra lo tiene en propiedad VOX y además lo sabe manejar muy bien, que puede ser un nuevo lastre o sangría de votos populares, y más en una tierra donde la derecha agraria -aquella que denominaban CEDA de Gil Robles– está aún muy arraigada en la sociedad rural castellana, a la que se suman un buen número de votos de jubilados -funcionarios, fuerzas de seguridad, clases medias venidas a menos…-. Más la hemorragia que pueda producir Cs.

Para Ciudadanos es un nuevo test tras el experimento de Andalucía, y no es en casa ni con gaseosa. No sabemos qué discurso tendrá Luis Fuentes y su gente para acallar las voces que les tildan ya de derecha, cuando el portavoz regional solo pretendía desmarcarse del PP como fuerza de derecha, enarbolando la bandera liberal. ¿Y ahora? Cuando los liberales europeos ya han dado el toque de atención al pacto con VOX. Otra vez tiempos complicados, Don Luis, para hurgar en el centro político.

El escenario en Castilla y León se presenta, hoy más que ayer, incierto desde cualquier color político que se mire. ¿Cuánto puede perder el PP? ¿Sumarán PP, Cs y VOX? ¿Hasta dónde llegará Luis Tudanda con el PSOE ya en plena vorágine electoral? ¿Alcanzará los 41 con el Podemos de Pablo Fernández? ¿Tendrán mayoría absoluta PSOE con Ciudadanos tras el pacto andaluz? Esta última respuesta es la que más preocupa a Fernández Mañueco. Que Tudanca y Fuentes alcancen procuradores suficientes para una mayoría que pueda desbancar al PP tras casi 32 años en el Gobierno de la Junta de Castilla y León. Vamos, Andalucía pero al revés. Este escenario, que es el demonio en persona para Mañueco, es agua bendita caída del cielo para Luis Fuentes y sus Ciudadanos de lavar o mitigar en lo posible el acuerdo de Andalucía con VOX y el PP que, más pronto que tarde, va a tener que pasar la prueba del algodón, pero en las urnas, ay!

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