La felicidad del reintegro

FuenteMiguel Mayoral

Se vive de encorvado a tumbado y a veces tumbado definitivamente; pero entonces ya no se vive. El placer de mandar al prójimo a paseo es un lujo extraordinariamente caro o al alcance de unos pocos, rentistas o no, que no saben de donde les ha caído la suerte o para otros que poseen, por no se sabe qué, una cohorte de complacientes besapies heredados o no, etc … Pero para la mayoría que tenemos que ganar los garbanzos, como decimos en la Armuña salmantina, trabajar es importante pues nos ayuda además a aumentar nuestro capital social, es decir a aumentar la calidad de las relaciones con los demás, compañeros, vecinos, amigos y familiares. El capital social es muy importante para tener una satisfacción vital. En los USA es patente cada vez más la sensación creciente de soledad y la percepción de los demás como personas injustas y que no merecen confianza. La tendencia a la felicidad es más estable en Europa, ya que el trabajador no se siente tan presionado por la competencia laboral y las largas jornadas de trabajo, sumado a la fragilidad del empleo y económica de la clase media estadounidense.

En todo el planeta nos vemos obligados a trabajar para vivir o sobrevivir. Aunque trabajar es duro, hemos de intentar que nos permita desarrollar nuestras cualidades y sentirnos realizados. Con una actitud ante la vida adecuada el trabajo puede convertirse en una vocación y disfrute sin olvidar nuestras otras obligaciones familiares y sociales.

El ser humano pasa por lo menos un tercio de su vida trabajando por eso repercute en todos los ámbitos de nuestra vida y en nuestra felicidad. Es una experiencia ambigua y contradictoria que nos proporciona un sentido de orgullo y de identidad que no se encuentra en otras actividades. El trabajo proporciona momentos de gran satisfacción y lo contrario, con nosotros mismos y los demás. Sin embargo todos pensamos en lo mismo y afirmamos sin dudarlo que no trabajaríamos si pudiéramos. Pero una de las causas de mayor infelicidad en las sociedades modernas es estar en el paro y al final sin recursos.

¿Cómo se explica tal contradicción? En la educación que recibimos desde pequeños aprendemos a diferenciar entre trabajar y jugar. El primero es necesario y el segundo es placentero. Pero ambas actividades no son muy diferentes si nos lo proponemos. Todas las características del trabajo están presentes en el juego, sólo tenemos que aprender a reconocerlas para disfrutarlas, porque un trabajo será tanto más agradable cuanto más se parezca a un juego.

Las condiciones externas en las que se desarrolla un trabajo son importantes, pero lo son más las internas, es decir, cómo conseguimos enfrentarnos a nuestra tarea para sacarle el máximo partido. En nuestras manos está en llenar nuestro trabajo de sentido. Nuestro objetivo está en transformar la rutina en oportunidades para el desarrollo personal mediante nuestra creatividad. Para ello es necesario crearse al principio pequeñas metas que podamos ir alcanzando cada día que podamos alcanzar cada día a través de la puesta en práctica de nuestras capacidades personales, que generalmente cuando se enfrentan a la rutina siempre salen victoriosas.

También es importante redescubrir la vocación en nuestro trabajo, pues todas las tareas son valiosas para los demás, y tienen un fin social. El cartero comunica a las personas, el maestro abre un mundo de posibilidades a sus alumnos, los voluntarios luchan por un mundo mejor, etc. Redescubrir el fin social y la vocación convierte a nuestro trabajo en una actividad más gratificante.

Juguemos a trabajar o trabajemos con deportividad. Los juegos nos hacen disfrutar porque están programados a partir de unas pautas que propician el disfrute y la gratificación. Parten de una serie de reglas, requieren el aprendizaje de un conjunto de habilidades, establecen unas metas claras, nos reportan información de como estamos actuado, facilitan la concentración, fomentan la creatividad y nos proporcionan la agradable sensación de estar descubriendo cosas nuevas, además de interrelacionarnos mejor con los demás; y nos olvidaremos un poco del acoso laboral, de la corrupción y los malos compañeros laborales de viaje que nos suelen acompañar. Aunque de momento seremos felices si nos toca el reintegro en la lotería de Navidad.

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