¡Viva la policromía! No al blanco y negro

FuenteEnrique de Santiago

A ver cuándo entenderemos que la defensa de la libertad, la igualdad, la ayuda al necesitado y el progreso, no son banderas de la izquierda, que las usa para obtener su objetivo de un Estado omnipotente manejado por ellos que decida nuestra vida, en el que se decida lo que es bueno y lo que es malo para ti, lo que debes aprender y lo que no.

No sé cuándo seremos capaces de aceptar que la bandera, la Patria, la vida, el respeto y el orden, no son propiedad de la derecha, que se envuelve en ellos para conseguir un Estado pequeñín, manejado por ellos para, con él, decidir lo que es bueno y lo que es malo, lo que debes aprender y lo que no.

Cuando diestros y siniestros ven que no convencen, que los “perritos sin alma” no les aprecian, se dedican a sembrar semillas de crispación, inocular gérmenes de pasión, atontar nuestras neuronas con grandilocuentes misivas con las que cualquier corazón sensible se engancha y que ocultan una droga con la que obtener lo que de otro modo no obtendrían.

En estos días tuve la ocasión de visionar la película “Mientras dure la guerra” y, en ella, se ve a un Unamuno que se siente traicionado por la izquierda, por la república, que prometió conseguir el cielo y se dedicaron a asesinar cristianos o disidentes o, simplemente, no de izquierdas; que él, como muchos otros intelectuales, había previsto el alzamiento y lo apoyaron pensando que con ellos se obtendría el orden, el respeto, el derecho y las libertades perdidas. ¡Craso error! los unos, como los otros, traicionaron el corazón del libre pensador y vencieron, pero no convencieron. Si los que hubieren ganado en lugar de azules hubieren sido rojos, la misma, idéntica frase, habría salido de D. Miguel.

Ahora, volvemos a sacar la momia del lugar en que se había enterrado, que no era, no fue, no ha sido un mausoleo del dictador, por más que así se afirme, con grandilocuentes afirmaciones de devolver la dignidad al perdedor, sin evaluar si ese perdedor fue un asesino, un sinvergüenza o simplemente alguien que estaba donde no debía, mezclando unas y otras posiciones. Volvemos con la retirada de los escudos, de las calles, de las referencias al bando vencedor, acomodando que el retirado era un asesino, un sinvergüenza y no un simple personaje que se ubicó en el lugar equivocado, nuevamente mezclando, esta vez para mal, unas y otras posturas y todo con un ánimo de revancha, de reescribir la historia que se esconde tras una Ley creada ad hoc, manifiestamente mejorable, claramente dirigida en favor de un sector y que, a buen seguro, acabará perjudicando al que la redactó, pues será como un boomerang que le golpeará.

En este enjambre de avispas, se encuentra la desmembración política del Archivo de la Guerra Civil de Salamanca, que todos defienden, pero que cuando gobiernan, o creen que obtendrán la gloria de las urnas, se trasforman en porteros de discoteca, macarras barriobajeros, y pretenden su destrucción, convirtiendo en un objeto de deseo la ocultación, la eliminación de las pruebas y la transformación de los asesinos en vírgenes vestales, de uno y otro bando, o se pueda comprobar que aquellas veneraciones de santos libertarios no es más que una filfa montada sobre la imagen de un villano delincuente.

Ese intento de ocultar nuestro pasado, o de reescribir la historia, no es nuevo, no es algo que únicamente hace la izquierda, también es una enfermedad de la derecha y, en ambos casos, se transmite mediante el odio, la pasión, la generación de enardecidos eslóganes.

Vamos a volver a votar y, los 5 que se presentan a las elecciones, han recibido el deseo de los ciudadanos, de que queremos policromía, conversación, diálogo, multicolorismo, y los 5 inútiles, incapaces de trabajar, nos devuelven a la votación para que, con miedo, con tacticismos que les benefician pero no nos agradan, eliminemos alguno de los colores, cuando lo que deberían de hacer es ser coherentes, comprender que queremos variedad cromática, asumir su incapacidad y dejar a otros, del mismo color, demostrar que sí se puede, sin mentiras, sin ardores, sin crispación, obtener lo que perdimos; pero eso no, eso toca su faltriquera, que es lo que realmente les importa a unos y otros.

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