Un paso adelante. Un paso de locos

FuenteEnrique de Santiago
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Sé que es una locura, que -como me dijeron hace “taitantos” años cuando comencé mi carrera profesional- la tarta ya está repartida, que no hay nicho de mercado, que dicen los publicistas, que los ciudadanos ya estamos descreídos, pero… igual que hice mi camino profesional, abrimos nuevos mercados y, con la idea clara de que solo se pierde la batalla que no se da, es tan excitante el intentar dar forma a un proyecto ilusionante, que se quiere construir desde la solvencia, la tranquilidad, la seriedad y, sobre todo, desde la coherencia, sin prisas, demostrando que las promesas se cumplen, que, pese a las muchas mentiras, farsas, traiciones y desilusiones, “sí, se puede” hacer política sin mentir, cumpliendo la palabra dada, desde la aportación personal y la humildad para servir, sin servirse.

Cuando me ofrecieron volver a empezar, reiniciar desde cero, o casi cero, en plena locura de luchas de poder, desde la locura, sólo me convenció el observar que nadie quería correr, nadie quería medrar, nadie quería servirse, nadie quería otra cosa que demostrar que se puede hacer política desde la derecha democrática y social sin mancharse la manos con lucros ilícitos, sin buscar un sueldo del que vivir por no tener nada, sin mentir, sin envolverse en la bandera de todos para traicionar a todos, sin generar víctimas o enemigos para con ello salir en la foto, sin activismos militaristas o con soflamas reaccionarias, sino con seriedad, firmeza, solvencia y prudencia defender la igualdad, la libertad, la democracia y un Estado eficiente y pequeñín en el que vivir.

Todos tranquilos que no tenemos intención de concurrir a las elecciones mientras no tengamos una estructura sólidamente formada, no vamos a correr los 1000 metros sin un entrenamiento, no vamos más que a formar equipos, construir edificio, organizar y preparar liderazgos, sin prisa, sin ansias, sin falsas promesas o pesadas hipotecas, buscando el rigor, la solvencia y desde abajo hacia arriba, con una fórmula propia de constructores, con buenos equipos de arquitectos, técnicos, profesionales, albañiles y poco a poco, hasta colocar la bandera al alcanzar el cielo.

No se trata de fracturar más el centro derecha nacional, sino de inculcar ideas, procurar adhesiones, calar como la lluvia suave sin pretender mojar como una chaparrón de verano que seca a los 10 minutos, exigir seriedad sin insultar, demostrar firmeza sin violencia, dialogar sin imponer, negociar sin humillar, hacer de la política un honor y no una forma de ganarte la vida  y, sólo cuando se alcance la madurez precisa, posicionar al partido “Democracia y Libertad Popular (D.L.P.) en la carrera.

Queremos una España con regiones que se fortalecen en la unión, no permitiendo la burla a la que nos someten los independentistas, los terroristas y aquellos que buscan destruir la unidad nacional.

Queremos incrementar la división de los poderes con una Justicia fuerte, sólida, segura y sin intrusiones partidarias.

Queremos aplicar políticas sociales basadas en la equidad y la justicia, fortaleciendo la sanidad, la educación, las fuerzas armadas y de seguridad del Estado, apoyando al empresario y luchando contra el fraude.

Queremos la igualdad real entre hombres y mujeres, aplicando políticas de equilibrio y no de discriminación o criminalización por razón del sexo, luchando con fuerza y contundencia contra los agresores y contra todos aquellos que no respeten las leyes, sean quienes sean.

Queremos aplicar políticas económicas en las que los gastos prioritarios sean los sociales y no los políticos, con subvenciones o ayudas a las víctimas, a los ciudadanos, a los necesitados y no a las asociaciones dirigistas, a los grupos de presión política, a los partidos y estructuras políticas.

Queremos pasar el testigo a nuestros hijos en iguales o mejores condiciones que lo recibimos y no una ruina, fracturada y hundida.

¿Es de locos dar el paso? Pues, sí, pero prefiero ser un loco, un iluso o un utópico que un cómplice en la traición, en la conciencia clara de que prefiero fracasar en el intento o la mofa del “forajido” político que quedarme mirando cómo se pierde la España que merecen nuestros hijos.

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