Recuperar el sosiego

FuenteMiguel Mayoral

Se puede fingir pasar o estar por encima del bien y de la realidad, pero no se puede pasar o estar verdaderamente. Tampoco se puede pasar de los que pasan o estar por encima de ellos, porque si se estrellan habrá que ayudarles, con respeto, con la conciencia que en esa traición a la verdad nadie tiene derecho a tirar la primera piedra. Es justo ayudar a que descubran que no es tan difícil conocer las cosas rectas. Casi siempre basta ponerse la mano en el corazón para saber si obramos bien o mal, aunque no es que se descubra la verdad a base de corazonadas; pero sucede que la conciencia es una luz que mientras hay uso de razón no se apaga.

Atacamos al vecino para ocultar nuestras vergüenzas, pero el bien y la verdad son categorías permanentes de la razón. El derecho a la vida y el deber de respetarla, la de los demás también, parece que están aletargadas en la mente de algunos.      Las leyes, en algunos periodos de crisis, pueden parecer más injustas, aunque las cree un legislador legítimo. San Agustín decía que “la Ley que no es justa no parece Ley”, por otro lado Santo Tomás afirmaba “que si una multitud de hombres libres es conducida hacia el bien común por el gobernante, habrá un régimen recto y justo, el que conviene a los hombres libres; pero si el gobernante se atiene, no al bien común de la sociedad, sino al bien propio, el régimen será injusto y perverso”. Nuestra historia y la experiencia reciente y pasada se convierten en observadores incansables de la validez de estas palabras.

España necesita recuperar el sosiego, y hacer frente a quiénes, instalados en la crispación y el conflicto permanente la convierten en un campo de batalla en el que todo vale con el fin de lograr sus objetivos, que, en estos momentos, deberían ser apartados de toda actividad de forma fulminante. Políticos y medios de comunicación, además de la sociedad, tienen la obligación de hacer una apuesta por los problemas de este país, los de verdad que son la falta de unidad y concordia, la pobreza, la creación de empleo y la degradación social, para que lleguen a resolverse desde el cumplimiento de la legalidad, desde el respeto a la dignidad de las personas y sobre todo, desde una voluntad de construir en positivo. Hay que priorizar los problemas para poder solucionarlos todos y para que todos vayamos en la misma dirección sin ambiciones particulares y partidistas.

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