Violencia psíquica

FuenteEnrique de Santiago

Cuando alguien se encuentra sometido a violencia psíquica y, sobre todo, amenazada su familia, su reacción, por más que guste pensar sosegadamente sus decisiones, puede resultar celtibérica, extraña o histriónica; pero, para calificarla como tal, el calificador habrá de contar con todas las variables pues, de otro modo, la injusticia es aún mayor.

La violencia psicológica o la persecución mental es mucho más dañina y menos evidente que la violencia física, que puedes denunciar con la sola exhibición del daño producido; no en cambio la herida psicológica, que es mucho más difícil de acreditar y que te obliga a un desnudo mayor y a una mofa casi segura. El silencio, el desprecio, el mal gesto son de ardua probatura, así como expresiones que, fuera del contexto en el que se realizaron, son inocuas; ​ mientras que, en el mismo, son de una dureza y una crueldad inusitada​s y, cuando estas se desarrollan contra lo más querido, suelen ser aún más difícil de acreditar, contar o explicar, pero están ahí.

Siempre he dicho y mantenido que no debemos de tener miedo, pues nos paraliza, nos limita y nos impide actuar en debida forma; pero, también, hemos de comprender que ninguno, por más que lo pretendamos, estamos exentos del miedo, que además se puede deber a la falta de defensa, de comprensión, de apoyo ante situaciones reiteradas a las que te sabes enfrentar, lo has hecho, pero de repente, por un motivo u otro, te sientes solo, te encuentras abandonado.

La violencia machista es una violencia animal, grosera, inaceptable, pero evidente y demostrable; pero, cuántas personas son objeto de la violencia psicológica o mental, sin posible acreditación o incluso cuando lo han dicho han sufrido la mofa o befa de los propios, no ya de los ajenos, sino de los más cercanos.

Cuántos hombres y mujeres son objeto de este tipo de violencia silente sin defensa alguna y sin que la sociedad, los próximos, hagamos algo y cuan cruel es esta situación. Me pregunto, y no sería excusa, ¿cuántos asesinos de sus mujeres que después se suicidan no eran objeto de esa violencia por parte de alguien?

Cuántos ancianos desean la muerte o se hunden en enfermedades mentales consecuencia del dolor psicológico que produce la violencia psicológica consecuencia del abandono, del maltrato psíquico, de la falta de cariño.

Cuántas personas viven en una sociedad violenta, en la que los políticos sólo saben actuar con violencia dialéctica, el jefe los acosa psicológicamente, sus esposos o esposas les laceran mentalmente, sus hijos no les respetan… sufren violencia permanentemente y no la soportan, sufren constantemente y se sienten desgraciados, deseando, buscando o anhelando la muerte.

Para cuándo nuestros políticos, nosotros mismos, seremos capaces de trabajar contra la violencia, venga de donde venga, evitemos las expresiones agresivas o violentas, que no significa dejar de defender lo que consideramos propio, sino hacerlo con mesura, considerando al que está enfrente, evaluando los motivos del contrario, sosegando nuestras actuaciones, articulando nuestra defensa en la seriedad y no en la ordenanza paramilitar. Cuando comprenderemos que el problema no es gritar, sino hacerlo de forma agresiva o violenta y que el que te escucha merece tanto respeto como tú y que el sexo, la posición social, el dinero, la educación o cualquier otra diferencia, no deben de existir mientras las acciones sean entre personas que, por tanto, merecen el mismo respeto todas.

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