Eco-verde falaz y regresivo

Como consecuencia de llevar unos años con unas estaciones climáticas más templadas y de una sensibilidad social respecto de la situación del planeta, se nos llena la boca con el “cambio climático” y nuestros políticos, ahora en fase de berrea, se apuntan a la sensibilidad eco-verde, hasta el punto de que nuestro chulesco presidente -por accidente- se refiere a sus propuestas finales de ciclo en ese sentido y, de forma, engolada, afirma que está dispuesto a apostar por el “cambio de paradigma energético” para luchar contra el cambio climático y en defensa del planeta. ¿Pero, será fatuo?

Es claro que, tras la farfulla del postureo político, se echa de menos el trabajo serio, riguroso y cabal de nuestros dirigentes y sus equipos, faltos de la coherencia precisa para comprender, que en lugar de bobadas, estamos ayunos de soluciones reales. Y prueba de ello, es que nadie se preocupa en el momento presente de la falta de un Plan Hidrológico Nacional, el último fue propuesto por el PP, para cuando llegó el PSOE liquidarlo y no presentar uno nuevo, resultando, ahora, con esa etapa de secano en la que vivimos, mucho más preciso que nunca y ni gobiernos, ni oposiciones, ni alternativas políticas exigen la redacción de ese Plan.

Se habla de la desertización de terrenos, que anteriormente eran frutales, y se hace para ejemplarizar dicho cambio en el clima, pero se oculta que esa situación desértica es también consecuencia de la falta de unos sistemas de riego y trasvases de agua que eran la pieza clave del PHN, que ahora no tenemos. ¿Es la falta de lluvia o la falta de riego adecuado la que genera la desertización? ¿Era antes una zona árida bien regada o no?

Hablamos de modernidad y nos dedicamos a, con diseños más o menos impactantes, inundar las casas, las vidas y nuestros campos de plásticos, que introducimos, de forma brutal, como síntoma de modernidad, de progreso, de avance, desplazando el vidrio, la reutilización de las botellas, que llevábamos de niños a las tiendas para “devolver los cascos” y donde te reintegraban parte del precio en metálico, donde nuestros padres iban a comprar con bolsas de tela o te enviaban con ellas; pero, todo eso, tan antiguo, tan propio de la carcunda, suponía la limpieza de nuestras ciudades y campos, donde se nos pedía que no dejásemos las botellas para evitar que los vidrios sirviesen de lupa y generasen incendios que, ahora, provocan los brigadistas en paro o pirómanos ansiosos de dinero.

Se persigue al conductor, al que se le ha echado de la ciudad para vivir en el extrarradio, por contaminar nuestras ciudades, pero no se toman medidas para evitar la contaminación de las calefacciones que son las que provocan el efecto contaminante. Se exige un vehículo ecológico al que no puede vivir en el centro por falta de recursos, no se le facilita el cambio y se le imponen multas por no tener dinero para cambiar de coche, pero las calefacciones del centro siguen contaminando y no se arbitran ayudas para evitarlo.

Cuando la eco-verde-reciclaje sirve para ganar dinero con ello en lugar de para acabar con la contaminación, cuando se vende modernidad y progreso ganando dinero con ello y causando perjuicio al menos favorecido, al que se dice defender, estamos ante la prueba palpable de que nos toman por tontos y siempre seremos para ellos, nuestros políticos, “perritos sin alma” sólo útiles cada cuatro años.

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