Como si de la Biblia se tratara…

Fuente Miguel Mayoral

Estoy en contra de imponer -ismos de cualquier pelaje, pero de lo que estoy más manifiestamente en contra es de imponer. Éste verbo o acción se está repitiendo mucho desde hace tiempo. No es que haya cosas con las que se esté o no de acuerdo pero, entre prohibiciones y ‘decretazos’ por parte de los sucesivos gobiernos, no deja de ser cuanto menos sorprendente y comprensible el pensamiento único hacia él nos encaminamos.

 

 

Después de tantos años de mentiras, la clase política no debería engañar a nadie, pero aunque la mayoría han perdido toda la credibilidad y muchos tienen los días contados, no es que hoy lo digan las encuestas, lo dicen sus hechos que no pueden tapar. No hay que ser ni muy listo ni un fuera de serie. Se ha hecho mucho daño a la democracia de este país, a su economía, a la educación y lo que es peor a la conciencia y a los modos sociales de los ciudadanos tolerando lo intolerable, mirando tan sólo los votos antes que el bien común.

Todos sabemos que ya no se va a crear más empleo serio, pues los empresarios siguen sin recibir una verdadera financiación, las familias tampoco por lo que no se consume ni piensan en futuros a largo plazo, así se recauda poco. Los contratos a media jornada o por horas son los que estaban de moda aunque a partir de ahora no sabemos. Una tapadera para dar de alta a los trabajadores, y hacerlos trabajar por las mismas horas por poco o nada, por lo tomas o lo dejas que otro vendrá, y ya se verá… De los emprendedores mejor no hablar, vaya eufemismo o invento para definir al comerciante o industrial de toda la vida, pues cada día se ven más tiendas chapadas. Nos hablan de soluciones mágicas y nos prometen el paraíso, por parte de conferenciantes, contertulios, ministros, gentes distraídas, entes recaudatorios pero como decía el poeta si escribes con tinta te acabas manchando los dedos.

Nos siguen mostrando estadísticas y encuestas cada vez más mal maquilladas, mientras nos lanzan soflamas que no son más que una tapadera. La realidad es que muchos vuelven  a ser peatones a la fuerza, otros van con patinete. “Bicicleta hombre!”… hay que ser ecologistas, que es muy sano, que el cambio climático te ataca, aunque trabajes a 10 km de tu trabajo, pedalea que es bueno y se te quita el cabreo. Algunos hasta se lo creen y se hacen veganos hasta caer desfallecidos. Cada día son más los que van andando a trabajar por las mañanas, estudiantes incluidos, empleadas domésticas, se ven hasta amas de casa por los arcenes de las carreteras cargando las bolsas contemplando con mirada triste los descampados de nuestra Castilla camino de no se sabe donde… Lo peor es regresar de noche.

Es jocoso oír afirmar a algún político o candidato que disminuye el paro o que la culpa ahora la tiene el patriarcado como si de la biblia se tratara. Castilla y León se despuebla y envejece porque no se han sabido seguir políticas de arraigo a la tierra ni crearse las oportunidades de trabajo para su gente. Lo mismo pasa en el resto. Algunos deberían afeitarse la barba, peinarse, cortarse la coleta, vestirse en condiciones y lo que es peor lavarse si quieren ser representantes de los ciudadanos. Como mínimo algo de empleo crearían, porque el que se levanta sin asearse poco aseado será con los asuntos de los demás.

Castilla y León va camino de convertirse en la España en escombros que adorna nuestros pueblos. Las gentes importamos poco. La estafa cotidiana en todos los aspectos de la vida que nos rodea, avanza un día si y otro también, y algunos la saben adornar bien de inoperancia y de una soberbia como nunca se ha conocido. Estafas gordas en Cataluña, en Andalucía, en el País Vasco, en Valencia, etc… al final estafas y más estafas lo mires por donde lo mires.

A día de hoy asistimos de nuevo la dejación de funciones de otro gobierno más, que tampoco ha sabido defender la constitución, ni a sus votantes, ni a los españoles. Una vez más somos víctimas de un país que no tiene referentes de país. La civilización occidental de Roma y Grecia, pasó a España y de ahí a todo el mundo, y porque no al universo. Los ciudadanos, los españoles, desde su pereza e ignorancia se hacen valer poco. Se ha perdido todo el coraje y valor para levantarse contra tanta desidia, que flaco favor se hace a los que nos representan y nos gobiernan.

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