Un frente común…

Los días pasan y los ciudadanos que trabajan más horas, cotizan, pagan sus impuestos, y ven que no suben sus ingresos acusan el día a día entre el cansancio y la acritud. Algunos preferirían no leer ni escuchar ninguna noticia. Pero al final acaban escuchando o leyendo para ver que se cuece. Pero visto lo visto, ¿realmente sabemos lo que sucede? Cada día somos más pesimistas ante la realidad virtual inventada que se nos impone. Algunos ante tanta mentira ya no quieren saber, les da igual cualquier explicación o solución y están en el puro extremismo.

Sabemos que España fue durante años, como decimos en Castilla “La Casa de tócame Roque”. En que la algarabía y el descontrol campaban a sus anchas. Actitud propia de quiénes afirmaban, como alguna exministra, que “el dinero público no es de nadie” filosofía de charca que sigue en vigor, que ha hecho que se despilfarre o gestione el dinero de todos a manos llenas.

¿Aprenderán algún día los partidos a usar las palabras y los términos exactos para explicar la realidad sin maquillarla a su interés? Para ellos todos somos compañeros o compañeras, todos somos iguales, eso sí cuando el que habla o toma la batuta está en la posición de arriba. La realidad es que algunos todavía están discutiendo lo de los miembros y miembras, la multitud de géneros y por si fuera poco el indefinido donde cabe todo. Qué se nos quiere transmitir con el engaño o capote después de que desde Europa nos han vuelto a indicar que la economía se ha ralentizado, que el Banco Europeo va a tener que inyectar dinero y que miles de parados diarios engordan poco a poco las estadísticas de nuevo. Algunos ignorant@s creen que por ponerse detrás de una pancarta les van a arreglar la vida, que los políticos en agradecimiento l@s van a colocar y la realidad, que es que lo único palpable, es que lo que pueden sacar es que l@s partan la cara.

La verdadera democracia no debería ser la de las taifas. Deberíamos preguntarnos quién tiene la culpa de la creación de una sociedad totalmente apátrida con un lastre a estas alturas muy difícil de reformar que tiene asumido el slogan del “todo vale”, “el da igual”, “tengo todos los derechos y ninguna obligación” o “el esfuerzo cero”. Resultado de varias generaciones de una amplia mayorí@ que no lee, iletrada y que carece de una rápida capacidad de análisis. ¿Quiénes han negado el acceso a una eduación de calidad, han destruido la familia y han vejado el concepto de Patria? La respuesta es muy amplia. Pero una cosa está clara educar no es un puesto en un pupitre, ni generar leyes muy cuestionables y partidistas, que han dejado su gestión y desarrollo en manos de unas autonomías que han inventado falsas realidades frente al concepto de nación. Ello ha dado acceso a tod@s a una educación de bajo nivel y sin valor alguno. Las últimas manifestaciones generales han puesto sobre el tapete una frase de Chesterton: “la familia es la prueba de la libertad; porque la familia es lo único que el hombre libre hace para sí mismo y por sí mismo; quienes atacan a la familia no saben lo que hacen, porque no saben lo que deshacen”.

El mayor problema es que más allá de la demagogi@, además de la corrupción que acompaña a demasiadas pancartas y la tentación populista, existe siempre una cosa que se llaman cifras, números, matemáticas, finanzas, mercados de deuda, tipos de interés, compromisos internacionales, cifras de competitividad, mercado de derivados, costes, presupuestos, etc. Cosas aburridas y con poco gracejo, pero indispensables para que funcionen las cosas.

Los ciudadan@s de a pie no suelen tener mucha idea de la sala de máquinas de un Estado y menos de cómo funciona, y el político de a tribuna, sabiendo como funciona, calla la mitad, tapa mucho y agita a las masas para que aplaudan su opera particular.

Es patente el pesimismo indignado ante una falta de soluciones o de liderazg@ que se respira por todas partes, incluso entre los que viven del momi@ y que, en verdad, puede llevar a la separación entre clase política y ciudadan@s, o a la creación de un frente común que borre todo a lo que hemos asistido hasta ahora.

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