Machismo, no. Iguales de verdad

FuenteEnrique de Santiago
  1. En la educación de mis hijos tenía claro que quería que ellos eligiesen su futuro, fuesen buenas personas, y el esfuerzo y la superación fuera su lema, y me ocupé y preocupé porque tuviesen siempre una alta estima y un sentimiento de igualdad, frente a los demás , que les impidiese dejar de ser ellos mismos.

    Esos parámetros los he utilizado tanto con mi hijo, en la medida que él pueda comprenderme y alcanzar esos planteamientos, como con mis hijas,  a las que siempre defendí, defiendo y defenderé,  y no permitiré la más mínima discriminación por razón de sexo, ni el más mínimo intento de agresión, desprecio o menosprecio por su sexualidad.

    Siempre he defendido la igualdad de todos, el valor de ser mujer y hombre y la posible realización de todo tipo de trabajo, sin valorar la sexualidad de quien lo realiza, de forma que he respaldado que somos seres humanos iguales en contenido, con diferente continente.

    Precisamente, por considerar que la igualdad es una cuestión no discutible, me repugna y asquea la legislación denominada de género, pues la violencia, el delito, la agresión y su punición no puede depender del sexo del causante, sino que debe de suponer una reacción social frente al hecho causado, el daño ocasionado y, fundamentalmente, la protección de un bien jurídico superior diferente del sexo o la sexualidad del perjudicado.       No se puede condenar por ser homosexual, por ser blanco o negro, por tener el pelo largo o corto, pues todas esas condiciones son meros adjetivos del ser humano que debe, en todo caso, ser tratado de acuerdo con parámetros de igualdad, sancionado los hechos que pueda haber realizado.

    Existe el principio de derecho penal de que la mente no delinque, tan sólo se persigue la acción puesta en marcha, independientemente del iter de la misma, y el de que todos somos iguales ante la Ley. Pues   bien, con la denominada legislación de género, en pos de una supuesta protección de la mujer, se vulneran ambos principios tratando de forma diferente los hechos en función del sexo del actor y adoptando medidas cautelares sobre el supuesto pensamiento, si el pensante es varón.

    De este modo, la denominada legislación de género,  lo que hace es otorgar un trato diverso, mejorado, o no, a la mujer, de lo que se colige y transmite que la mujer es diferente al varón, con lo que, en lugar de buscar la igualdad de todos, ahonda en la desigualdad de los sexos.

    Si hay más violadores, asesinos o agresores varones que hembras, habrá de aparecer un mayor número de condenas de unos que de otras, pero ello no debe marcar un diferente trato, sobre todo cuando quienes propugnan esas diferencias, después, defienden la mesura de las penas en el código penal.

    Acabar con la violencia es algo indiscutible. La protección de la víctima debe de ser prioritaria e imprescindible. La Ley debe de cumplirse y aplicarse como signo de sanidad social. Así, habrán de adoptarse medidas en el orden educativo, legislativo y penal; educando en igualdad, no ahondando en una u otra diferencia; facilitando legislativamente el acceso a la igualdad suministrando a la mujer el trabajo sin valorar, o tener en cuenta, sus posibilidades de dar a luz y que, cuidar de los hijos suponga una causa de diferenciación, promoviendo la igualdad en el seno familiar, en las obligaciones sociales y en las actividades sociales y, penalmente, persigamos la delincuencia y ofrezcamos soluciones eficaces.

    La violación no debe de ser un delito, sino una causa de internamiento psiquiátrico que impida que al enfermo o depredador moverse en libertad. No se trata de sancionar al enfermo, sino evitar el daño a la víctima y asegurar al enfermo su tratamiento y la imposible acción a la sociedad. Con el código penal, verán la calle más pronto que tarde y volverán a actuar.

    No soy un machista, sino alguien que defiende la igualdad y el respeto sexual, con independencia de la tendencia o ejercicio personal; a lo mejor otros/as son los que pretenden imponer una visión sesgada y torcida de la realidad para obtener un lucro manchado de sangre.

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