Entre la inconsistencia y la inanidad

Enrique Santiago

Hace unos años, cuando yo dirigía una formación política, surgieron dos partidos nuevos en la ciudad. Uno era Cs y, el otro, una facción de Podemos, ambos con líderes nacionales potentes, y en Salamanca con personajes, o del colorín cateto de la ciudad o simplemente absolutos inanes, faltos de un hervor que, por ser desconocidos, se montaron en el potente viento de Madrid y ahí están. Todos ellos, llegaban con las auditorías de infarto, el cambio en la política, la honradez, etc. y, cuando me crucé con uno de ellos, le informé de que les exigiría el cumplimiento de lo prometido y su contestación fue: “hala majete, que yo ya tengo sueldo público y tú no”. Evidentemente, ni se había enterado que yo no me presentaba a las elecciones, pues había llevado la campaña, pero habíamos puesto a una chica muy preparada como cabeza de lista… hasta en eso, son flojos.

Yo cumplí mi palabra y, transcurridos los 2 años, di un paso a un lado en la formación y adoptó mi posición un compañero, al que ayudaba, estribaba en cuanto me pedía y sabía que tenía en mí un apoyo, mientras nos seguía cayendo aceite hirviendo. Entre tanto, aquellos que llegaron a ser “ediles de la nueva era” sólo fueron capaces de apoltronarse, cobrar el sueldo, gastar dinero de los ciudadanos y cacarear mucho con muy poca chicha y preparar lo que nos viene.

Ahora, el panorama es desolador; pues, aquellos que eran incapaces de representarse a sí mismos, se arrellanaron en sus posiciones, aún no saben ni dónde tienen la mano derecha, pero corretean por los pasillos del ayuntamiento buscando y pidiendo su sueldo o utilizando su supuesto glamour o su presunta condición para colocar su culo en otras instituciones más lucrativas, eso sí abanderando esta o aquella lucha para la que no han nacido. Fatuidad de fatuidades.

Comienza el baile en todos los partidos, y el PP coloca a Carlos como alcaldable, un funcionario de nivel, sin carisma político, con preparación y solvencia, pero muy sometido a la voz de su amo.

El PSOE propone a José Luis, un muchacho bien preparado, animoso y buena gente, que está en fase de creación de su futuro, le llega un poco pronto su momento, y al que le van a imponer un equipo que no es el suyo; vamos, que le atan las manos y los pies.

En Cs hay varias alternativas, la propuesta por Fuentes de colocar a David Prieto, siempre que este mantenga la insolvencia actual; otra, la de Alejandro, al que todos conocemos y sabemos lo que puede dar de sí; y otro movimiento, autorizado por el partido y paralizado en la ciudad, de un grupo de profesionales de alto nivel, con preparación, solvencia y solidez, que están dispuestos a dar un paso, pero que no quieren ver ni en pintura lo que les exigen de incluir la quiebra actual, que no se quiere bajar del machito. Fuera hace frío.

En Podemos, siguen desojando la margarita de si colocan o no al presidente de los grupos Gays en su cabeza o mantienen la postmodernidad vacía, pues algunos de sus cuadros ya han sido condenados y el baile sigue. ¡Cachis! parece que los nuevos ya tienen cosas de los viejos, y eso que prefiero no ir haciendo un escandallo de cómo se encuentran esos novedosos en determinadas zonas de la provincia o de la comunidad.

Finalmente, VOX, ¿dónde estaba tanto valiente? Que espera entrar en el Ayuntamiento con el sólo viento de Madrid pues, aquí, ni está ni se le conoce y, si las informaciones son buenas, espero equivocarme pues hay mucho mal intencionado, mejor que lo dejen, pues para que vengan a colocar a otro, u otra, insolvente, como hicieron otros, mejor que no vengan, pues hasta ahora habían contado con profesionales de prestigio, y si no mira las listas de Andalucía; pero, si aquí vienen a no cumplir, que no vengan.

Está claro, que como se decía hace años en un programa de televisión que nadie veía pero conocíamos todos, alguien quiere ponerle la pierna encima a Salamanca para que no levante cabeza, pues no alcanzo a comprender que una ciudad con un importante número de personas preparadísimas, con mochilas bien cargadas de inteligencia, con solvencia intelectual y económica, tenga en perspectiva el plantel que se le presenta para dirigir la ciudad.

Con Gonzalez y Aznar, que se sabían mediocres, la política era rodearse de los mejores para lucir con ellos, pero desde Zapatero y Rajoy el modelo se transforma en cómo sé que soy muy poco me rodeo de inconsistentes y parezco inteligente, pues bien ese modelo debemos de romperlo con la exigencia ciudadana de que nos presenten a los mejores y no basurillas de tercera que permitan a los inconsistentes dirigentes parecer que valen para algo y en lugar de engrandecer Salamanca nos sigan hundiendo en la miseria. Aún estamos a tiempo.

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