Feliz Navidad

Enrique Santiago

En estos días, no celebramos el invierno, ni el consumismo, ni cualquier otra fiesta pagana de las nieves, sino el nacimiento de un niño hace más de 2.000 años que cambio el ritmo de la humanidad y al que, no pocos, han intentado quitar de la historia, de la realidad y, pese a todo, aún sigue marcando el ritmo del mundo, predicando el amor.

Algunos se mofan de él, otros lo critican, incluso alguno ha dicho que era el opio del pueblo; pero, lo cierto y verdad es que ninguno de ellos ha sido capaz de congregar ni a tantas personas, ni a tantas naciones, ni hacerlo durante tanto tiempo. El marxismo quiere acabar con él pero, en todo el tiempo que lleva intentándolo, lo único que ha conseguido es cansarse de perseguir a la panda de bobos que le siguen, y que seguro son bobos, pero, por más que quieran, son muchos más que los que nunca tuvo el marxismo.

Es verdad que en la Iglesia hay corrupción, hay humanidad, hay errores, defectuosas interpretaciones de la realidad de Cristo, diablos que se encaraman en su obra; pero, no hay, en el mundo, obra humana que soporte ni el tiempo, la maldad, ni las embestidas que a ella se le dan, y sorprende que, en ella, encuentras un solo mensaje: el amor.

Quienes se burlan del niño Dios, seguido por millones de personas durante miles de años, exigen un respeto a sus ideas o planteamientos que son seguidos por cuatro pelaos, durante unos añitos.

Te ríes del misterio, te mofas de la fe, te burlas y guaseas de la Navidad; pero, no existe nada, en la historia, con la fuerza de la fe, no hay ideología en el mundo, que aglutine a tanta gente, no hay potencia que desarrolle tanto amor.

Comprendo que aquel que no crea en ese Niño Dios no disfrute de la Navidad, no entienda su sentido, pero me parece ruin que se manipule ese momento, se altere la celebración, se busque la forma de lacerar los sentimientos de los que así lo creen, mientras que se pide respeto a otras celebraciones, no religiosas, que son controvertidas, no aceptadas por todos o simplemente defienden situaciones muy personales que no tienen por qué tener un desarrollo o festejo exterior.

Déjame vivir la Navidad, la Semana Santa, mi fe, sin mofa, desdoro, desprecio o burla, pues es algo que llevamos dentro y, del mismo modo que yo no me mofo de la fiesta del orgullo, ni me burlo del carnaval, ni ataco al que celebra la fiesta de un pueblo, pues cada uno de ellos debe de ser respetado, ayudado y defendido en su sentir, si yo siento algo tan profundo como el Nacimiento de Dios, ¿quién coño eres tú para reírte de mí y de mis sentimientos, destruirlos o manipularlos, para evitar que mis vástagos sigan mi senda?

Cualquier celebración no religiosa, ideológica, política o simplemente humana, no tiene ni la fuerza, ni el seguimiento, ni la duración, ni la intensidad que pueda sentirse por tanta gente, durante tanto tiempo, en el mundo como el nacimiento de un niño en un cochambroso establo entre animales, ni tanto ha transformado la historia y la vida del ser humano que ese parto en Belén.

Que puedas haber vivido una Santísima Nochebuena y una muy Feliz Navidad, para en estos días finalizar el año con alegría y desearte un inmejorable año 2019.

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