¿Por qué fracasa el sistema universitario español?

Antonio Jiménez Rodríguez, abogado salmantino, diplomado en práctica jurídica, Director General de AECCAL-Asociación Española de Certificación de Calidad y Auditoría Legal, Director de la Escuela de Negocios de Salamanca y candidato a la alcaldía de Salamanca por el partido político CSD(Contigo Somos Democracia)

En las mejores universidades del mundo los exámenes son anónimos. Los estudiantes no se identifican con su nombre, sino con un número o con un código alfanumérico. Además, las pruebas no las corrige el profesor que imparte la asignatura, sino otro profesor diferente o bien un comité de expertos. Esta es una de las grandes diferencias entre la mayoría de las 100 mejores universidades del mundo (En adelante TOP 100) y las universidades públicas españolas.

En las TOP 100 casi el 100% de los alumnos se gradúan y el 90% encuentra trabajo estable antes de que transcurran seis meses a contar desde su graduación y el 99% antes de los dos años. En España esos porcentajes están aproximadamente por la mitad.

Pero no todo son ventajas en las mejores universidades del mundo pues tienen unos altos niveles de exigencia que en ocasiones conllevan estrés y ansiedad entre sus estudiantes. Si bien todas cuentan con un servicio psicológico gratuito a disposición de los estudiantes que hacen que estadísticamente tengan unos porcentajes de estrés y ansiedad similares a los de las universidades españolas.

¿Cuáles son los principales escollos de las universidades españolas?

Uno de los mayores problemas de la universidad española es la tendencia a repetir y la falta de creatividad. Así por ejemplo en España, las tesis doctorales, los trabajos de fin de máster y de fin de grado son muy extensos, unas 250 a 500 páginas, de las que las 100 a 150 primeras se destinan a hacer un resumen de todo lo que se ha publicado al respecto en relación al objeto de ese trabajo ó tesis. El alumno en más de un tercio de su trabajo se limita a demostrar que conoce esa base sin que exponga una teoría propia y original. En cambio, en las TOP 100 la extensión es de 100 a 200 páginas en las que se va al grano desde el principio creando e innovando sobre el objeto de estudio. Es claramente otra forma de trabajar en la que no hay que demostrar que ya se conoce sino tratar de crear y defender cosas, teorías o proyectos nuevos, en definitiva de lo que se trata es de innovar.

En el sistema universitario español la enseñanza se basa principalmente en clases magistrales. No hay apenas oportunidad de interactuar con el profesor, más allá de las preguntas en clase. Las notas se basan casi exclusivamente en los resultados de los exámenes que consisten básicamente en repetir lo que se ha memorizado de las clases magistrales. En cambio en las TOP 100 la enseñanza se basa en seminarios y clases reducidas en las que se enseña al alumno a pensar por sí mismo y no solo a absorber datos. En ellas se prepara mejor para el futuro profesional a través del método del caso práctico. Aunque este modelo claro está, requiere mucho más esfuerzo por parte del profesor pues es más fácil preparar una clase magistral, un formato en el que nadie te va a cuestionar y en el que cuestione es objeto de apercibimiento que otro diferente en el que los alumnos puedan cuestionar las ideas y en el que esto no está mal visto sino que favorezca la nota final del alumno en la asignatura.

Otra de las grandes diferencias entre las TOP 100 y las Universidades Españolas es el proceso de selección del profesorado. En las TOP 100 se hace una entrevista al candidato y tiene que dar una clase ante el panel de contratación, no hay un examen de acceso y la universidad tienen total libertad para elegir al candidato. No hay una lista de candidatos internos. Se sigue el criterio de la excelencia en vez del de la endogamia y el clientelismo hacia candidatos internos que en muchas ocasiones se da en algunas de las universidades españolas.

En las TOP 100 los alumnos, solos o en parejas, pasan una hora a la semana con cada uno de sus profesores en la que tratan el contenido de una asignatura específica. Esto sirve para que el profesor observe rápidamente qué alumnos tienen problemas, dónde andan flojos y qué hay que enfatizar para arraigar los conocimientos. Además esto también obliga a los alumnos a llevar las asignaturas al día. El sistema implica pues una enseñanza mucho más personalizada y organizada en torno a las necesidades del alumno. A diferencia de España, el objetivo es enseñar a aprender y a pensar, más que inculcar un temario y examinarlo. Las asignaturas no son como muchas veces ocurre en España, el castillo de un docente concreto, rodeado de un foso inundado con suspensos.

Por otro lado el modelo español es horizontal ya que los estudiantes suelen ir a la universidad más cercana y la calidad de enseñanza varía poco de unas a otras. En cambio, los modelos de las TOP 100 son verticales y hay una diferenciación mucho más clara entre universidades, los títulos otorgados por una universidad de cara a la búsqueda de empleo no tienen el mismo valor que los que se otorgan en otras universidades. Los estudiantes aspiran a estudiar en la más valorada. Hay números clausus de entrada de alumnos de nuevo ingreso y los bachilleratos están enfocados a la competición para entrar en las buenas universidades.

En el sistema español un porcentaje amplio de docentes se sienten orgullosos de tener enormes proporciones de suspensos. En las TOP 100 el porcentaje de suspensos no suele ser superior al 5% del total de matriculados. Es muy raro ver repeticiones ni de cursos ni de asignaturas, ni suele haber convocatorias más allá de la primera. De hecho, en caso de suspenso los profesores del departamento analizan cada caso para conocer la situación personal del alumno: su estado de salud o familiar y así ver qué se puede hacer al respecto.

Otro de los problemas de la universidad española es que se centra en impartir todo el temario en lugar de profundizar en él. Hay un grave problema de financiación que lleva a que en España la carga lectiva para los profesores “es enorme, superior al 15% de la de las universidades del TOP 100, ello provoca que trabajar más en la docencia y menos en la investigación y para tener un buen perfil investigador lo tienen que hacer en sus horas libres. Más profesores conllevaría una menor carga docente pero ello supone una mayor financiación.

¿Cómo se financian las universidades españolas?

En un contexto de financiación menguada año a año desde 2009, las desigualdades entre CCAA han aumentado, especialmente en lo que se refiere a la financiación pública y a los ingresos por tasas y precios públicos. Concretamente el total de ingresos por estudiante más alto se da en La Rioja( unos 10.000 euros por alumno) y el más bajo en Baleares (con unos 6500 euros por alumno). La financiación pública varía también entre las comunidades autónomas siendo de unos 8500 euros por estudiante del País Vasco y los 4.700 euros de la Comunidad de Madrid.

En cuanto a los ingresos por tasas y precios públicos, el valor mayor se da en Cataluña, con unos 2.200 euros de media por estudiante, le sigue Madrid con unos 1700 euros alumnos y luego el resto con una media de unos 1400 euros por alumno.

En España el gasto público por estudiante se sitúa alrededor de un 12% por debajo de la media de la OCDE. España gasta en la financiación del sistema universitario universidades un 1,1 % de su PIB ,mientras que la media de la OCDE es del 1,40 % del PIB.

La European University Association en el informe 2017 de su Public Funding Observatory, indica un descenso del 24% en términos reales de la financiación pública de las universidades españolas en el período 2008-2016. De acuerdo con este informe, la financiación pública de las universidades en España ha disminuido más que el PIB en dicho periodo.

En la actualidad ninguna universidad española forma parte del TOP100.

Conclusiones

Si queremos un sistema universitario mejor habrá que cambiar los sistemas de evaluación del alumnado, el sistema de selección del profesorado, aumentar el número de profesores para disminuir la ratio profesores/alumnos, habrá que cambiar la metodología de las clases, habrá que transferir mejor el conocimiento a la sociedad, habrá que racionalizar las carreras y canalizar las plazas ofertadas hacía las demandas del mercado laboral. Pero sobre todo habrá que mejorar notablemente la financiación del sistema universitario.

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