La autocrítica es una virtud…

A los de nuestra edad cuando estudiábamos primaria nos encantaba oír hablar de las gestas de Gravina y Churruca, y nos apenaba que muchos hubieran muerto en Trafalgar. Con el paso de los años algunos, incluso por esa admiración que sentíamos, con nuestros pocos años, hacia esos personajes legendarios, algunos nos interesamos por la historia como profesión, por esa profesión de escribir y contar hechos y sucesos ejemplares. Otros en definitiva por ser alguien de bien en su profesión… Hoy se echa en falta ese sentimiento, tanto en jóvenes como adultos.

Sabido es que la historia la hacen los historiadores. Qué historia se podrá hacer de una sociedad que está tan desorientada. En la que todo está bien y está mal según el interés. Se palpa viendo que se escribe mucha literatura sin el debido rigor. No importa el tema. No se aporta nada. Qué duda cabe que el escribir de historia siempre crea ambiente, como el hacer películas o visionarla que no son más que simples historietas, pues no captan la vida interior de los personajes, sino que se extrapola la vida interior del siglo XXI en personajes de otras épocas.

Hoy por hoy, el rigor histórico siempre es de poca entidad, como en tantas profesiones en las que tan sólo cuentan los millones que cuesta el asunto o los que pueda producir. Sin ser conscientes que se está destruyendo así el pasado y el futuro de nuestra sociedad. Lo fácil de escribir de un artículo, novela o película es conducir una historia a su antojo, o bajo los parámetros de un guión o intereses determinados, dirigiéndola en la dirección conveniente, y haciendo que de esta manera se llegue a enaltecer, y aun celebrar derrotas, calificándolas de honrosas, como punto final a un romanticismo inventado y en perpetuo recuerdo de un desastre. No tanto cuando hay que describir la cruda realidad.

Hay muchos progresistas, pseudointelectuales, y flojeras de pantalón, influenciados por una pseudohistoria, creada por un compendio de errores transmitidos que se han perpetuado a lo largo del tiempo, y han llegado a adquirir carta de naturaleza, que intentan sentar cátedra u opinar según van sus intereses. Nada peor que la historia al servicio de la política para arruinar un país. Los políticos hacen política, realzan unos hechos y hacen silenciar otros según les va, por lo que acaban generando grandes desencuentros.La gran dificultad que se crea al hacer rodar la pelota equivocada es poder discernir luego lo verdadero de lo falso, lo de unos y de los otros, para obtener la exacta y fidedigna realidad del pasado. Una vez elegidas y repetidas las mentiras adquieren tal fijeza, que se transmiten como inalterables, adquiriendo para muchos carácter dogmático. Malo es cuando se oye hablar a alguien de los demás tildándolos de “vosotros”.

En el caso de España y sobre todo en su historia reciente, predomina generalmente la falsedad y el error; evitando incluso buscar el motivo de la derrota, o la victoria. Sin llegar a ahondar en sus posibles causas. La cuenta con la historia, por consiguiente, es otra muy distinta, y siempre suele estar en el debe. Para los españoles medianamente instruidos es difícil buscar el concepto político de las causas de los hechos históricos, donde estén condensadas las ideas y los objetivos de tal o cual situación, pues desde hace algunos siglos no hemos dejado de ser juguetes de los grandes intereses de otras naciones, de las intrigas políticas, y las incapacidades de nuestros gobiernos, así como de ideas importadas que no tienen nada que ver con nuestra sentir como españoles.

A día de hoy podríamos afirmar desde la perspectiva de la historia profana sobre la actualidad, que si no sabemos, o no podemos alcanzar ningún acuerdo, o gobernanza, nos sobraría razón para afirmar que seguimos igual de atrasados. Pero no es así sería bueno pensar que si hacemos a todas horas balance de nosotros mismos, es porque queremos ser mejores. La autocrítica es una virtud, pero puede que fallemos a la hora de gestionarla. Somos un gran país y mejores de lo que pensamos.

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