Comparaciones odiosas

No puedo estar más de acuerdo con aquel que un día le dio por decir aquello de “las comparaciones son odiosas”. Voy a utilizar este compendio de términos estructurados en una oración para referirme a OT 2018, y a esos chavales que buscan hacerse un hueco en ese mundo musical, más complicado si cabe que el periodístico, y ya es decir.

Desde el comienzo del concurso, los Famous, Natalia, Alba Reche y compañía han tenido que convivir con el espejo enfrentado en el que pueden ver reflejados a los Alfred, Amaia, Aitana, Agoney y compañía, un grupo de jóvenes privilegiados a los que los astros juntaron para conformar, quizás, la edición más espectacular de Operación Triunfo.

Desde el comienzo, las redes sociales se llenaron de comparaciones, las tertulias de peluquerías se encargaban de hacer lo propio y en los bares, café o carajillo en mano hacían prácticamente lo mismo.

El ansia por seguir haciendo caja rápidamente de cadena y productora de este formato televisivo que parece que ha vuelto para quedarse ha dejado literalmente en paños menores a estos chavalitos que apenas superan los 18 años y que, sin embargo y dejando las comparaciones a un lado, tienen muchos bemoles para subirse al escenario y darlo todo delante de más de 300 personas en el público y de millones en los sofás de sus casas.

A veces nos empeñamos más en comparar que en valorar. Estos nuevos triunfitos, además de la carga añadida que acumulan por tener delante a gente como Miriam que ya ha sacado a un single con Pablo López, referencia ahora mismo en el Pop español, suman su corta edad, lo que es un factor muy a tener en cuenta.

Remóntense a sus 18 años. Piensen si serían capaces de coger una guitarra, cantar en inglés con todos los parámetros técnicos que les obligan a aprender en la Academia y a poner de relieve en la actuación mientras ejecutan una coreografía perfecta. Piénsenlo y después me cuentan.

Comparaciones a un lado, lo cierto es que poco a poco, las Sabela, María, Miki y compañía se han conseguido hacer un huequecito en la parrilla televisiva, poco a poco y aunque costó al principio, la vuelta de los Javis ha sido de gran ayuda.

Un ejemplo de que esta edición ha vuelto a calar se pudo ver este sábado en Valladolid donde, de nuevo, la presencia de tres de los triunfitos expulsados de la actual edición volvió a llenar de colas el centro de la capital, para que los cantantes en potencia les firmaran sus discos.

Las comparaciones son odiosas y el éxito relativo, dicen.

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