El teatrillo de la Cumbre Hispano-Lusa de Valladolid

TERRITORIO CIDIANO

La XXX Cumbre Hispano-Lusa, que se celebra en Valladolid este miércoles, día 21 de noviembre, es el regalo que Pedro Sánchez hace al PSOE de Castilla y León, en particular a Luis Tudanca y Óscar Puente, por el apoyo incondicional que le proporcionaron en el 39 congreso federal del partido (17 y 18 de junio, 2017), en el cual resultó elegido secretario general frente a Susana Díaz.

Estas cumbres ibéricas, y otras, tienen sobre todo una vertiente protocolaria y apenas deparan resultados más allá de las fotografías de los dirigentes de los dos países en armonía fraternal y algún gesto más o menos vistoso de cara a la galería de índole turística y/o gastronómica.

Tal aconteció en la última, celebrada en mayo del año pasado en la localidad lusa de Vila Real. Antonio Costa y Mariano Rajoy se encontraron entonces en el muelle fluvial de Vega Terrón, en Salamanca, para iniciar un viaje en barco por el Duero portugués hasta las proximidades de Vila Real, porque Portugal tenía gran interés en publicitar su gran río navegable desde la frontera española hasta Oporto. Poco más de sí dio la cita.

Así pues, siguiendo esa lamentable tradición, poco o nada se espera de la de Valladolid. Entre las cámaras municipales portuguesas próximas a la frontera reina mayormente el escepticismo. No fueron invitadas a la de Vila Real y tampoco se las espera en el territorio cidiano. Ni a las cámaras municipales portuguesas, ni a los ayuntamientos españoles que rayan con la Beira Interior y Trás-os-Montes, ni a las diputaciones de Salamanca y Zamora, ni a la Junta de Castilla y León, cuyos dirigentes manifestaban hace unos pocos días que ni siquiera disponían de información oficial. Como a menudo sucede, “se habían enterado por la prensa”.

Macrorregión RESOE

En lo relativo a Castilla y León, la cooperación transfronteriza con Portugal se canaliza desde 2010 a través de la denominada Macrorregión RESOE, un ente formado inicialmente por la Xunta de Galicia, la Junta de Castilla y León y la Región Norte de Portugal, cuya creación se justificó en el hecho de que la Unión Europea “ve con buenos ojos este tipo de alianzas plurirregionales con características comunes y, sobre todo, si se comparte frontera”. En 2014, se sumaron a la Macrorregión la Región Centro de Portugal y el Principado de Asturias. Y en 2017 hizo lo propio la comunidad autónoma de Cantabria.

La estrategia de la Macrorregión se centra en tres grandes áreas: transportes y logística, competitividad industrial y excelencia en la educación superior e investigación. La intención es disponer de una sola voz ante la Unión Europa a la hora de solicitar que se concreten los proyectos que desarrollen el denominado Corredor Atlántico. Un corredor ferroviario de pasajeros y mercancías, incluido en Red Transeuropea de Transporte, que conectará los puertos de la fachada atlántica con el interior y el resto de Europa y que debe estar finalizado antes del año 2031.

El trazado inicial del Corredor Atlántico para el transporte de mercancías incluía el desarrollo de infraestructuras viarias desde Lisboa hasta la frontera francesa por Hendaya pasando por Salamanca y Valladolid; y desde Algeciras, también hasta Hendaya, por Madrid y posterior conexión con Valladolid.

Galicia y Asturias quedaron fuera del Corredor Atlántico, algo inexplicable, sin duda, a pesar de la importancia de los puertos gallegos, v.gr., el de A Coruña y Vigo. Sin embargo, este mismo año, la Comisión Europea, presionada por los gobiernos de las tres autonomías españolas y por el Gobierno de España, ha aceptado que los objetivos del Corredor Atlántico se amplíen a todo el noroeste español. En juego están los 30.600 millones de euros que la UE destinará a financiar las redes transeuropeas de transporte hasta 2030.

A día de hoy, Galicia ha sido la comunidad autónoma que, sin duda, más se ha beneficiado de las políticas de cooperación transfronteriza hispano-lusas, no solo por su inclusión en el Corredor Atlántico, sino también por el importante desarrollo de las infraestructuras de comunicación con el norte de Portugal.

Castilla y León ha apoyado decididamente los objetivos de la Macrorregión, pero se ha olvidado de las relaciones horizontales con los territorios más próximos a la frontera, o sea, los de Trás-os-Montes y la Beira Interior. Estas relaciones se han dejado en manos de las diputaciones de Zamora y Salamanca, cuyas acciones de cooperación transfronteriza apenas han ido más allá de la celebración anual de alguna feria hispano-lusa (Ecoraya, por ejemplo) o de la constitución de órganos de cooperación (Zasnet, BinSal), de los que apenas se tienen noticias.

No hay encaje administrativo

Es cierto que las relaciones horizontales entre las administraciones públicas españolas y las portuguesas son casi imposibles por las diferencias entre unas y otras. No hay manera de encajarlas: no existen comunidades autónomas en Portugal, ni las diputaciones provinciales tienen su equivalente en el país luso, ni los ayuntamientos españoles son lo mismo que las cámaras municipales portuguesas, que son una especie de minidiputaciones con un lejano parecido con nuestras mancomunidades comarcales.

Este ‘vacío administrativo’ está provocando disfunciones y ausencias, y no está favoreciendo la permeabilidad de la frontera como a todos nos gustaría. La autovía que debía unir Tordesillas con la frontera portuguesa por Alcañices quedó en su día congelada en Zamora sin solución de continuidad; Braganza no ceja en su reclamación imposible para que se mejoren sus conexiones viarias con el norte de Zamora y la provincia de León. Y en este plan.

Recientemente, la UE ha reparado en que en sus grandes diseños de creación de infraestructuras ha dejado olvidadas las conexiones por carretera y ferrocarril para el transporte de viajeros de muchas zonas transfronterizas, lo que denomina ‘eslabones perdidos’. Conexiones fundamentales adicionales que podrían mejorar la movilidad y el desarrollo económico en las regiones fronterizas.

En la frontera hispano-lusa tenemos unos cuantos ejemplos de esos ‘eslabones perdidos’, brechas o conexiones a pequeña escala en las provincias de Salamanca, Zamora y León, colindantes con las zonas lusas de Trás-os-Montes y Beira Interior.

Y no hay administraciones públicas, salvo los gobiernos centrales, que puedan ocuparse de ponerle solución. La Junta de Castilla y León canaliza sus energías hacia la Macrorregión, que es sobre todo Galicia. Las diputaciones de Salamanca, Zamora y León poco pueden hacer al respecto por la ausencia de fondos, estructura, etc. Y en Portugal, por las diferencias administrativas, no se encuentran los interlocutores adecuados.

Porque las regiones Norte y Centro son solo un nombre. Un nombre que induce a equívocos. No son las comunidades autónomas españolas, sino solo un concepto. Detrás de estas ‘regiones’ portuguesas no hay ninguna estructura administrativa. Se trata solo de un cargo político nombrado a dedo por el gobierno portugués de turno. Así pues, quien de verdad forma parte de la Macrorregión es directamente el gobierno portugués, el cual habla con Galicia y con Castilla y León a través de su representante en cada momento para presidir esas ‘regiones’ Centro y Norte.

El tren del Duero

Con el fin de solventar alguno de estos ‘eslabones perdidos’, un estudio redactado recientemente por la UE propone habilitar una línea de transporte de viajeros por ferrocarril que, recorriendo el Duero desde Oporto, conecte a todos sus municipios ribereños con España a través de La Fregeneda hasta Salamanca.

Las cámaras municipales de la frontera están muy interesadas en este proyecto, que sería un gran aldabonazo para mejorar las relaciones de todo tipo entre territorios próximos. Pero su intento choca contra el muro del diseño administrativo desigual.

En Valladolid estará el miércoles el primer ministro de la República de Portugal, el socialista Antonio Costa, el gran referente de Pedro Sánchez y su gobierno ‘bonito’. Costa se hizo en 2015 con la dirección del gobierno portugués. Un gobierno que muchos vieron precario porque estaba sostenido por una coalición heterogénea que incluía al Partido Comunista y al Podemos luso, el Bloco de Ezquerda.

Sin embargo, tras rodearse de un potente equipo económico, Costa ha conseguido enderezar la economía portuguesa. Y su gobierno, a pesar de que algunos le daban pocos días de vida, está saliendo reforzado. Es por ello el gran modelo de Pedro Sánchez: lo nuestro es posible en España, a pesar de nuestra precariedad, porque Antonio Costa lo ha conseguido en Portugal.

Ambos se reunirán este miércoles en Valladolid en loor de multitudes. Dicen que estarán tratando asuntos tres horas o así más una cena de gala. Dudamos mucho de que con tantas prisas hablen ni siquiera de proyectos transfronterizos de cooperación. O sea, un puro teatro.

Entre tanto, la Junta de Castilla y León no sabe nada. Y los dirigentes locales de los territorios lusos fronterizos con Zamora y Salamanca siguen buscando un interlocutor idóneo para que alguien defienda ante Europa su ansiado tren del Duero.

Conque, bienvenidos a Valladolid, Mr. Costa y Mr. Sánchez. Y adiós al tiempo. Porque será todo tan breve que intuimos que no habrá espacio para despedidas, ay.

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