No hay nada más peligroso que un periodista aburrido…

Artículo de opinión de Miguel Mayoral

FuenteMiguel Mayoral
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Nadie de nuestra generación podía imaginar que los analfabetos funcionales en nuestro planeta más de un tercio de la población mundial, sino más. Pero tampoco podíamos imaginar que la televisión, y sus productos derivados como el vídeo, el móvil, los ordenadores, etc… crearían una realidad virtual, o doble realidad. Un mundo cerrado en torno a una idea de paraíso y del horror, que se alimenta a sí mismo en una especie de autoconsumo o de autointoxicación. Los que whatsappean sobre un tema creen que todo el mundo lo ve, y sólo lo ve el mismo círculo de siempre; muchas veces el circuito acaba en el punto de partida. El exceso de artificio, lo sensacional, la redundancia y demás elementos de sensibilidad aparente o infantil conforman los criterios de selección de las imágenes o contenidos. Los sondeos de opinión, las encuestas, las estadísticas proyectan cada vez más una idea poco definida de lo público.

La televisión no nos dice tanto como debemos ser sino cómo cree ella que somos, o se pierde en un falso dirigismo. Sólo le queda el poder de atracción para coincidir, para discrepar o escandalizarse. A la televisión parece que cada día más le importa menos quiénes somos fuera del ritual del espectáculo, incluso la información meteorológica peca de lo mismo. La información se está encerrando en sí misma, formando grupos, que despiertan o aparecen de repente en situaciones de descontento o electorales.

Nadie busca la idiotización conscientemente. Los medios cada vez más sólo comunican una sensación de apariencia, matan la sensación de soledad, y eso ya es un paraíso suficientemente atractivo y consolador. La actual dinámica de la comunicación hace que la aparición, o no, de noticias resulte pocas veces inocente. Detrás siempre hay alguien interesado. El medio apoya o desautoriza al periodista en la búsqueda de la verdad, siempre a las órdenes de quien paga. Un ejemplo claro es el partido de la nueva derecha española VOX, que al igual que Podemos, iniciaron su andadura juntos, a unos se les silenciaba por todos los medios, y a los otros se les potenciaba sin más. Así siguen las cosas. Con la sensación de que la derecha española es enemiga de sí misma. Lo mismo pasa con el problema eterno del nacionalismo secesionista, se dan noticias de delitos, de atropellos, un día sí y otro también para acabar dando sensación de que el estado de derecho no existe, o que vivimos ya en un estado fallido. La luz que intenta proyectar la información sobre determinados temas, sirve al mismo tiempo, para que otras cosas pasen desapercibidas.

Entretener al periodista, ofrecerle temas, es tanto como garantizar, que no se ocupará de lo que no debe. No hay nada más peligroso que un periodista aburrido, y que no esté pendiente de aquello que tiene que estar pendiente: lo que normalmente se llama noticia.

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