La lucha por el autismo que no refleja «The Good Doctor»

Artículo de opinión de Enrique de Santiago

FuenteEnrique de Santiago

Este verano se está programando, en una cadena de televisión, la serie de un médico con autismo que se convierte en un doctor especial, como especial es él.

Es una serie que me hace daño, me duele en el alma pues, aunque acerca la problemática del autismo como un trastorno y no como una enfermedad, como un padecimiento que supone una alteración de la percepción, de la comunicación y de la interacción que afecta a la persona en su relación con los demás, pero que normalmente no supone una reducción de su capacidad intelectiva, sí es una afección que es sumamente limitativa, pues ante una persona absolutamente normal en lo físico, con sus capacidades intelectuales en perfecto estado, sus discapacidades emocionales y de relación con el mundo exterior están tan altamente afectadas que es imposible que no precise de un apoyo permanente de alguna persona.

El que vive en el autismo ve reducida su capacidad de interacción y de la relación personal, pero siente, sufre, disfruta, con una intensidad igual o superior al del supuestamente “normal” y es muy duro escuchar de su boca únicamente un “papá yo no soy tonto”, cuando es incapaz de decirte un “quiero esto…” o “tengo necesidad de …”

Por eso, cuando vives un día a día en el que un miembro de tu familia tiene que renunciar a un futuro laboral o personal, como el del resto, por tener que apoyar, ayudar o servir de sostén a otro de los que conforman ese clan, cuando compruebas que tu vástago vive encerrado en el autismo y que las pocas puertas que se le podían abrir le fueron cerradas por unos padres de otros niños crueles que prefirieron tapar la mentira, ocultar el mal y destrozar el futuro de otro niño con tal de que el suyo no se viese afectado, cuando ves cómo los Jueces carecen de sentimiento y valor, cuando vives que la Administracion es incapaz de actuar, cuando compruebas que él te comprende, siente y percibe como los demás, pero nunca será como ellos y ves cómo se hace una serie, con la mejor intención, con la voluntad de ganar dinero, pero se afirma, sin pudor, que es una serie que acerca el problema del autismo al común de los mortales, te duele, te afecta y te dan ganas de luchar por demostrar que esa afección es mucho más dura que una serie de un médico.

Ojalá pudiese llegar a desarrollar una profesión de forma independiente, por más que manual o poco cualificada, como para poder soñar en una profesión como la médica.

Ojalá, los profesionales, que cuando era aún un niño, hubieran desarrollado esa profesionalidad en ayudarle, en lugar de haber cumplido su tiempo en intentar dañar a un padre indestructible para ellos.

Ojalá, esos profesionales se hubieran ganado sus pingües emolumentos, que pagamos todos, los que tenemos necesidades especiales y los que no, para que esta pandilla de mangarranas los usen en su propio beneficio y vendan una solidaridad inexistente.

Ojalá, en lugar de echarle de la Iglesia hubieran tenido la caridad cristiana de aceptar su diferencia.

Ojalá, los que estaban en su en rededor, en lugar de mirar para otro lado o aceptar lo sencillo, hubieran sido capaces de comprender que él no comprendía.

Sí, good doctor, pero la realidad es muy otra, es mucho más dura y menos romántica y cinematográfica, y está repleta de “gana panes” que usan y abusan del dolor en pos de su lucro profesional y la venta de una pericia inexistente.

No hay comentarios