Por las tierras de Castilla y por las demás

FuenteEnrique de Santiago

En estas tierras chacineras charras se conoce bien al guarro y nos gusta de él hasta los andares; pero, también, bien sabemos que el que nace lechón muere cochino y que a todo marrano le llega su San Martín, en manifiesta referencia al momento de la matanza en la que el invitado de honor es él.

Debemos de tener en cuenta que los grandes especialistas en el producto derivado del cerdo acreditan que un cerdo mal capado o sin castrar produce unos resultados menos gratos al paladar, de forma que resulta más sabroso, más grasiento y de mejor sabor el macho emasculado.

De este modo, es evidente que, en el lodazal, a todo puerco le gusta revolcar, y que es mejor que lo disfrute, pues a buen seguro que el día en que el granjero ponga fin a ese solazar llegará más pronto que tarde.

Que la canalla se compre un chalet, piso o casoplón no es de extrañar, pues su esencia no es más que parecer cordero para salvar los cuartos para el jamón curar a escondidas del mayoral, de modo que el problema está en los “perritos sin alma” que se creen al magro, retorcido mal capado, como si él fuere limpio e impoluto y su costra es mayor que la del estúpido derechón que, por su babear tontorrón, cuelgan del mostrador mientras este puerco se salva del puñalón.          No es de extrañar que los ciudadanos se desafecten de la política si a ella solo el cerdo se acerca y con su ponzoña nos cubre, nos miente y nos roba, haciéndonos pasar por bobos. Pobre de aquel mortal que se permita acercar a intentar limpiar la pocilga o pretenda hacer alarde de “míster proper”, pues pronto los verracos embestirán contra él o apartarán para hacerle desistir de su afán de luchar por una política impoluta de grasas indeseables.

¿Cuándo llegara la chaira que degolle tanto mamar y nos devuelva a los ciudadanos lo que nunca debimos perder? Ojalá lo haga pronto, con corte fino de honradez, humildad y buen trabajar pues, por más que el lechón se empeñe, otra forma hay de actuar y salir del cuchitril en el que, entre todos, nos quiere ahogar con su pestilente hedor.

Hemos llegado a la fractura social entre catalanes independentistas y unionistas, como igualmente se ha producido una fractura social entre demócratas y radicales de izquierda, no porque los naziindependetistas o los narcocomunistas sean mejores, sino porque los demócratas les hemos dejado ocupar el espacio social, permitiendo que la ponzoña nos cubra con la sola voluntad de ganar un cobre y un minuto de poder, olvidando que la gloria cuesta, el triunfo es fruto del esfuerzo y la grandeza se lleva en el corazón, en el alma,  y no se gana por un voto o una posición política.

Vivimos momentos de zozobra de los que, a buen seguro, saldremos con fuerza, esperanza, seriedad y rigor, pues mimbres tenemos y no debemos desdeñar, si bien, todo ello, será cuando acabemos con tanto mangarranas que cual ladilla cochiquera se nos han agarrado a los “membríscalos” y nos dolerá liquidar.

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