Ilusión, solvencia y contrato

Estamos viviendo, de unos años a esta parte, una prostitución de la política regida por mediocres que viven de ella, no sirven sino que se sirven, y que se están dedicando a la generación de odio, agresividad, tensión y sentimientos de venganza que no aprovechan para la creación de planes de futuro u hojas de ruta que valgan para el desarrollo de la sociedad.

Nos hemos dedicado a reclamar derechos y exigirlos de forma violenta, olvidando que, junto a cualquiera de ellos, existe siempre una obligación o carga que no estamos dispuestos a asumir; pero, lo realmente grave es que esa demanda se hace siempre con odio, violentamente o generando sentimientos de revancha que emponzoñan hasta la legítima reclamación. Así, no pedimos o clamamos por una pensión digna, exigimos la lapidación de los políticos que no nos las conceden, con razón o sin ella. No clamamos por la igualdad de hombres y mujeres, sino que generamos guerras de sexos; no deseamos la unidad de España, sino que luchamos contra las hordas separatistas; no queremos acabar con la corrupción, sino que queremos el escarnio público del que tuvo a su lado a un corrupto, como si llevasen en la frente grabado lo que son, pero cuando se trata de nuestros acólitos los cuidamos o tratamos como si el apestado fuere el que pone de manifiesto su ponzoña.

Los políticos de la regeneración se visten de generalatos luchadores cuales comandantes de las Geos, luchando contra los más viles enemigos y no simplemente personas defendiendo un plan de acción política mejor que el de enfrente.

Los de los partidos de la pata del Cid, con miedo, sin proyecto, ocupando el puesto por el tiempo más largo posible, sin plan u objetivo de futuro que no sea su propio calor, con altanería, falta de respeto y como si sólo ellos pudieran ocupar las posiciones creadas para ellos.

Un proyecto político tiene la obligación de ser ilusionante para una mayoría de los ciudadanos, por lo que habrá de ser transversal, tener un proyecto claro a desarrollar que aúne la mayor parte de los intereses de una sociedad, debe de ser coherente, solvente intelectualmente, presentar un programa de gobierno serio, aplicable, que demuestre no sólo la capacidad de atracción, sino que lo que se promete es sea adaptable, eficaz y beneficioso para la mayoría de los ciudadanos. Cada vez que nuestros políticos se limitan a la foto, al cortoplacismo, a jugar con las ventanas de oportunidad política que son capaces de abrir, pero no aportan más que un pico y una pala para mantener la apertura sin desarrollar un plan de acción, lo que consiguen es agotar al ciudadano, desafectarle y perder el futuro por ganar unos segundos de telediario.

No queremos generales, ya los tuvimos muchos años, no queremos flojitos que no saben dónde ir, no queremos lustrosos inteligentes de salón que no tienen un plan, lo explican, lo ejecutan y lo cumplen. Queremos líderes que sepan dónde, cómo, por dónde y de qué modo podemos llegar a ganar el futuro que previamente nos han presentado, que  estén dispuestos a perder para que ganemos todos, que no quieren ira, sino libertad, que desprecien la violencia y el odio para conseguir la paz, queremos recuperar políticos que en campaña prometen lo que van a cumplir y no vienen a prometer y prometer hasta meter, para una vez metido nada de lo prometido, que nos devuelvan nuestros derechos y exijan nuestras obligaciones, que en su liderazgo sean ellos los primeros en probar la hiel para ser los últimos en gustar de la miel. Eso es lo que queremos!

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