De león a rata de laboratorio

Cuando hay gente que te pregunta por la importancia de la historia como asignatura troncal de la educación básica, es por no entender que debemos de aprender del pasado para no repetir las cosas.

Da la sensación de que estamos reviviendo tiempos pasados y que, de ellos, no hemos aprendido nada de nada. Las ínfulas secesionistas de la magra catalana, bien engrasada desde el Estado central, y apoyada por una izquierda que busca la desmembración de España para, con ello, obtener el poder y conseguir su propósito de una nación Comunista en el sur de Europa, que encuentra su apoyo en una izquierda democrática desnortada, falta de liderazgo y con miedo a no alcanzar el poder si no es de la mano de la canalla, aunada por una derechona absolutamente egoísta, radical y onanista, que apoya a una derecha democrática repleta de taras, miedos, complejos y cainitana.

Las masas, cumplidamente manipuladas y aleccionadas con eslóganes potentes de populismo demagógico, de difícil desmontaje por encontrarse insertado en medios de propaganda comunicativa, se alzan contra una clase política corrupta, corrompible o, simplemente, incapaz de dar lustre a una actividad comunal limpia, con una crisis económica, social y de valores, hace que el campo se encuentre bien abonado.

Finalmente, se nos olvida, y parece que no se observa con claridad, que volvemos a ser, como sucedió en la historia republicana, la guerra civil, una simple y denostada rata de laboratorio de lo que luego serán las técnicas aplicadas en el resto de Europa. Aquí, en nuestra piel de toro, los rusos, la izquierda del momento, probaron sus técnicas de propaganda, de latrocinio y de guerra y, los alemanes, la derecha de aquellos momentos, hicieron lo propio, cada uno en un bando, en una España a la que dividieron, consciente y deliberadamente, para ser capaces de sus probaturas y que nos dejaron tarados hasta que, tras muchos años, se había conseguido coser, con debilidad, pero superando laceraciones, restañando heridas, con mucho pendiente por hacer, pero superando pasados y divisiones, hasta que Zapatero llegó y resucitó el fantasma de las dos Españas que tanto costó aunar.

Lo importante es que España, otra vez, vuelve a ser laboratorio de las angustias de Europa, de las probanzas de otros y de los futuros del norte que, antes de aplicar, han empleado en nosotros, dejándonos con taras que perdurarán en el tiempo y dañan nuestro futuro. ¿Acaso crees que el independentismo catalán es algo propio, sin extrapolación o una novedad autóctona fruto de una miopía política de un solo partido o un solo gobierno? Las indefiniciones, acciones, planteamientos opacos y las miradas para otro lado ¿crees que son meras coincidencias? Nos usan, nos vuelven a usar, de la mano de la estulticia, de la incultura, de la falta de educación y de la progresía inútil, inconsistente y carente de solvencia, que considera avance lo que no es más que un retroceso, que loa la división trasnochada en lugar de la unidad y la fuerza.

España, los “perritos sin alma”, debíamos de superar las barreras ideológicas, los complejos, las diferencias de fondo aceptando las de forma para, desde una base común que es nuestra historia, nuestra grandeza, nuestra unión, decir “No” a quienes nos intentan manipular, usar y tirar.

Yo sí creo en Europa, no en la que se nos va a empezar a vender en breve con las elecciones, sino en una que se crea desde la unidad de los pueblos, el respeto a todos y con el sentimiento de unidad que no se construye con burocracia sino con personas, con pueblos firmes, sólidos, fuertemente legitimados y soberanías robustas que se defienden, a la par que se buscan los mínimos comunes denominadores que nos permitan crecer creando políticas únicas de fuerza económica, social y de defensa común.

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