Asnos que susurran a los pencos

Cada vez que escucho al Sr. Iglesias o al Sr. Sánchez hablando de la pobreza, de las necesidades de los menos favorecidos, de las mujeres, de los problemas de los ciudadanos y lo hacen suevamente, despacito, en un tono apesadumbrado, casi susurrando, no sólo me parece que nos toman por “pencos” y que ellos se consideran grandes hombres que hablan de grandes situaciones, sino que me parecen unos “canallas que susurran a los burros”.

¿Con qué cara hablan con esa sensibilidad y blandura cuando ellos no saben, no conocen, lo que aguantamos los ciudadanos, cuando ellos no han trabajado en su vida en algo que no sea la política? El Sr. Sánchez y el Sr. Iglesias no han pasado de dar cuatro clases, sin ni siquiera haber obtenido la condición de profesor titular.

Sánchez, es un niño bien que estudió en la universidad privada, con un máster privado de importante coste, no accesible para muchos e, inmediatamente, tras finalizar su formación, ya estaba entre los asesores de los socialistas. Es un personaje que siempre ha vivido a cuerpo de rey y no ha demostrado en su vida activa un trabajo al margen de la política.

Iglesias, es el hijo de un inspector de trabajo casado con una abogada de comisiones, que ha estudiado derecho y ciencia política que, sin haber realizado actividad alguna que no sea la propia formación, pasó a ser presentador televisivo y, posteriormente, político.

Ambos susurradores no saben lo que es emprender un negocio, realizar un trabajo, desarrollar el esfuerzo laboral, un despido, la dificultad de mantener una familia, ni la dificultad de encontrar un trabajo remunerado, por haber vivido en familias acomodadas, con contactos, que les ha permitido desarrollar la poca actividad que han llevado adelante sin coste, sin esfuerzo.

Hablan de los problemas de los ciudadanos, a los que consideran puntualmente necesarios para obtener el poder, como si tuviesen una sensibilidad especial, una forma de vivir y una manera de empatizar superior a la de cualquier otro y, para ello, para parecer que es así, susurran y susurran, poniendo cara de pena y amaneramientos sensiblones que son mera impostura.

Por el otro lado, en el PP y en Cs., nos encontramos con Rajoy, que no acababa de terminar la oposición de registrador y ya estaba en política y que no ha llevado a efecto ni una sola nota registral en su vida, y un Rivera que es licenciado en Derecho y entró, por la cara, a trabajar en La Caixa, y a los 4 años de trabajo ya pidió su excedencia y comenzó su carrera política. Estos todavía no susurran a los ciudadanos, pero no dudéis que no tardarán en hacerlo, pues para ellos, como para los otros, el valor del ciudadano es únicamente electoral, no saben ni lo que cuesta un café.

Necesitamos políticos formados, pero que también puedan demostrar su desarrollo profesional posterior, que sepan lo que es trabajar, lo que es vivir, como un ciudadano corriente, que vengan a demostrar su valía, no su buena imagen, su solvencia personal, no lo delgados o gorditos que están, su afán de servicio y no el de “servir-se”, que tengan interiorizados los valores y defiendan principios, no personajes que incoherentemente hoy defiendan la vida y mañana la muerte con igual fuerza; necesitamos personas que deseen la gloria por hacernos alcanzar la gloria a los demás y no simples gloriosos que han vivido en la gloria y nos susurran para hacernos creer que tienen sensibilidad.

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