Sí a la tecnología… social

Que la técnica, la informática y las nuevas tecnologías han avanzado de forma muy importante en nuestra sociedad debe de ser algo que nos llene de orgullo y nos anime a seguir en el camino del progreso, rementalizando a cada ciudadano, formando y reformando a cada individuo, buscando nuevos rumbos en el mercado que nos haga más potentes y nos posicione en un mundo global de forma más sólida. En ese desarrollo, no podemos olvidar al ser humano, a los individuos que precisan de una recolocación o reubicación, de manera que, antes de implementar una acción tecnológica, hemos de preparar a los trabajadores, formar a los interventores y dotar de un modelo de cambio que impida la laminación de lo anterior.

Hoy, vivimos una obsesión por la aplicación de internet a nuestra vida en facetas muy sensibles para las que no todo el mundo está preparado, que afectan, de forma profunda, a determinados sectores y no siempre tienen la intención de mejorar o desarrollar proyectos de futuro, sino que tienen un interés espurio y ladino de control del ciudadano.

Resulta sorprendente que, mientras en la banca se despiden trabajadores, se digitaliza la operativa y se fuerza al cliente a la desaparición del dinero físico, no exista un plan de formación del personal o de implantación social del mismo, pero se incrementen las comisiones, los problemas y los costes bancarios. Despedimos a un trabajador y nos ahorramos unos costes, unos seguros sociales –que perjudican a la hucha de la pensiones- y unos impuestos –que cobramos al trabajador y al empresario-, colocamos en su lugar una maquinita a la que no podemos explicar nuestro problema, no podemos pedir ayuda y en la que tanto el banco como hacienda controlan nuestra pequeña transacción. Pues bien, no tengo inconveniente en ese control, pero me preocupa esa obsesión por controlarme, pues hoy es una estupidez, pero mañana querrán meterse en mi cama y organizar mi sueño. Sí me gustaría que el cambio de persona-máquina no supusiese únicamente el beneficio para el banco (léase empresa) que se ahorra costes, sino también, que la anulación del puesto de trabajo, el ahorro de los seguros sociales y el ahorro impositivo que tiene el banco, con incremento de ingresos por ello, aunado con el incremento de comisiones, tuviese una repercusión social. Dicho de otro modo, si te ahorras unos seguros sociales, en beneficio propio, paga, mediante una tasa, por colocación o implantación del sistema, un importe que compense la pérdida social que padecemos todos.

Claro que estoy dispuesto a apoyar al sistema bancario, es vital para la economía, pero el trabajo es vital para el futuro de las pensiones y de nuestros mayores. No quiero impuestos a la banca que repercutirá al ciudadano, no quiero gravámenes por el apoyo que necesitó la banca, pero sí quiero que cuando cambiemos trabajadores por sistemas informáticos, en la banca o en cualquier otro negocio, lo hagamos sin perder en futuro, lo hagamos preparando a los trabajadores, a los usuarios y reduciendo costes sin reducir en apoyos sociales. Proyecta futuro, pero las cotizaciones a la seguridad social no las perdamos, transformémoslas en pagos a la caja de las pensiones por digitalización, así ganamos todos.

Si se ayuda a alguien no hay que exigirle la devolución de la ayuda, cuando se apoya el sistema no puedes generar odio, violencia o criminalizar al ayudado, como está intentando el PSOE, pero sí buscar soluciones y buscar el bien común.

Cuando digitalizamos la Justicia y no lo hacemos operativo en todo el territorio nacional, no hemos formado a los profesionales de forma adecuada, no hemos implementado sistemas operativos seguros (utilizamos java, el más inseguro y desechado por ello), fiables, adecuados a las necesidades del sector y, además, generan problemas técnicos cada cuarto de hora, es evidente que la intención no es la de optimizar la administración de Justicia, sino controlar desde el fisco la actividad de los profesionales y de los que acuden a la Administración de Justicia en pos de sus Derechos. Ese control me parece correcto siempre que cumpla dos premisas: una primera, que se comunique expresamente que esa voluntad existe (¿no avisamos de los radares?) y segunda, y no menos importante, que ese control esté limitado legalmente, sometida al imperio de la ley, y no sea una acción omnímoda e incontrolada de la libérrima decisión de un funcionario o político de turno.

Yo no propongo el control del Estado, yo busco la libertad del ciudadano, el sometimiento a controles del poder y no del ciudadano, la aplicación de la división de poderes y la generación de vigilancias a la autoridad y que, cuando nos “vendan” modernidad y progreso, no encubran o escondan el control al que nos quieren someter, a la falta de libertad a la que nos quieren llevar.

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