Siendo más los perros se reparte entre muchos el hambre

Un cazador pedíale a su mujer que ahorrase aquel gasto, que no podía mantener. Entró un día con dos nuevos lebreles, enfurecióse la señora, y para quitarle, la razón, dijo: “Calla, amiga, ¡no ves que siendo más los perros se reparte entre muchos el hambre, y les alcanza a menos!”

Vista la historia castiza, podemos pensar que es lo mismo que les está pasando a los diversos grupos del secesionismo catalán. Aunque la historia no es tampoco un consuelo pues el resultado de esta confrontación entre tantas liebres y lebreles es incierto, y seguramente no acabará allí. Este será el juego político al que asistiremos hasta las próximas navidades. Esperemos que no nos contagie, y pasemos con la tranquilidad anhelada esos días tan esperados.

La situación nos hace repensar el liderazgo que ejerce algún que otro lebrel entre tantas rehalas. Hay personas con carencias de autoestima y, aunque saben o pueden más de lo que creen, son muy cautas en sus acciones. Otras personas, por el contrario, padecen exceso de confianza y, conociendo poco sobre algo, se suben a un personaje autoinventado y van más allá de sus conocimientos arriesgando más de lo que pueden. Es necesario, por ello, conocer nuestra mediatriz para aceptarnos como somos y para que confiemos en nosotros mismos y en nuestra naturaleza de forma objetiva. Para confiar en nosotros mismos hay que saber enfrentarse tanto al éxito como al fracaso, y aprender a manejar las situaciones de ganancias y de pérdidas. La confianza en uno mismo sólo es la conclusión final de que la vida es buena, y que confiamos en la naturaleza de las cosas tal como son.

Comportarse de forma constructiva y positiva favorece el encontrar soluciones a nuestros objetivos o proyectos, además de convertirnos en inmunes al mal humor y a la tensión. Muchas veces dejamos que personas negativas, maleducadas nos contagien su estado de ánimo, generalmente destructivo. Es el ejemplo de un camarero poco correcto, de un conductor poco eficaz, de un jefe cretino, etc… Su mal comportamiento, su poca objetividad o simplemente su infelicidad nos puede arruinar lo que sería un buen día.

El estudio del fenómeno del contagio de los estados mentales no es nuevo, la prueba la tenemos en los días de Navidad en que aparentemente todo el mundo intenta ser bueno y la gente aparece contenta. Se llega así a la conclusión de que las personas con alto concepto de sí mismos o autoestima poseen cierta inmunización frente al estado de ánimo ajeno. Al parecer una persona constructiva y positiva cuando se encuentra en una situación de este tipo se ve influido pero enseguida vuelve a centrarse en sus proyectos personales, lo que le mantiene en un buen estado anímico. La clave está en concentrarnos en nuestros propios objetivos, y nuestras creencias más profundas, lo que nos llevará a ser mejores líderes en nuestro entorno.

Los mejores líderes saben cómo prepararse para la próxima reunión, como planificar el siguiente proyecto, saben que como padres tienen que recibir a sus cónyuges e hijos con los brazos abiertos independientemente de cómo les haya ido el día, etc. Todos tenemos esa capacidad si sabemos dirigir la atención hacia lo que verdaderamente importa.

El éxito verdaderamente importante viene del respeto hacia uno mismo y de arriesgarse en la dirección de lo que somos y sentimos, de lograr ser excelentes en nuestras predisposiciones y talentos. Los logros personales se apoyan en confiar que lo que somos es bueno y es bueno para los demás. La confianza se plasma en ser lo que somos, que a su vez, nos lleva a hacer lo que hay que hacer, dar lo que hay que dar y recibir lo que hay que recibir. Cuando somos nosotros mismos, confiamos en nosotros mismos y hacemos las cosas de forma espontánea. La consecuencia es que llegaremos al éxito en algún campo de nuestra vida. Pero el mayor éxito será que llegaremos a ser a la larga unos seres humanos significativos para los demás aunque llegue el día que ya no estemos.

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