Cambiar, ¿para qué?

FuenteEnrique de Santiago
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En esta semana hacemos 40 años de democracia y parece que no hemos aprendido nada, no hemos avanzado ni profundizado en lo que ello significa, es más, lo que hemos hecho ha sido desmontar controles, eliminar fórmulas de rendición de cuentas y destruir limitaciones al poder, sin que con ello podamos afirmar que hemos dejado de ser un país democrático, aun cuando lo cierto y verdad es que hemos empobrecido nuestro sistema.

Dimos un paso de gigante cuando superamos un periodo de totalitarismo para, desde la ley, con la ley y por la ley, pasar a construir un régimen democrático, de libertad, que hemos ido desarrollando, con mejor o peor acierto, hasta el momento presente en el que algunos se empeñan en superar, negar la democracia y desdeñar lo hecho, pero me sorprende que aquellos que niegan el Estado de Derecho no den su alternativa, los que rechazan la democracia actual, no indiquen el futuro que desean, los que niegan la libertad actual no marquen cuál es su objetivo, los que repudian la democracia que vivimos no señalen cuál es su ideal.

En política, como en la vida, se tiene que tener una hoja de ruta, un objetivo y un camino a recorrer para llegar a ese fin, por lo que hablar de regeneración política tiene que ir acompañada de cuál es el objetivo con ella y los pasos a desarrollar para conseguirla. Hablar de recuperación democrática tiene que desplegar un modelo democrático al que se pretende llegar y los hitos intermedios que se deben de producir para conseguirlo. Si simplemente hablamos de regeneración y de recuperación democrática, sin explicitar cuál es el objetivo, estamos intentando engañar al ciudadano y posiblemente le estemos estafando, pues manipulamos su voluntad, viciándola de nulidad, al ocultarle las últimas intenciones, que a buen seguro no son las aceptadas y deseadas por él.

Acusar de corrupción puede ser loable o una estafa, puede suponer una lucha digna o un engaña bobos, si pretendes acabar con los corruptos deberás de indicar los métodos a implementar, se tienen que indicar las medidas, controles, fórmulas y sistemas que deseas aplicar para evitar la corrupción; demostrar que esos modelos de prevención de la corrupción son eficaces y que tienes la voluntad de hacerlos; si sólo buscas quitar un corrupto para ponerte tú y corromperte, corromper o hacer que se corrompan otros, al menos dilo, no nos engañes o nos tomes por bobos. Para limpiar se debe de estar impoluto. Mal, pero muy mal, puede limpiar, regenerar o democratizar algo, aquel o aquellos que vienen de un mundo o modelo endogámico, oscuro, antidemocrático, falaz, o de no trabajar, de no haber demostrado nada en la vida y de haber recibido lo que se posee sin el esfuerzo y el trabajo previo. No vale decir:“eres un corrupto” y, cuando en tu seno existen indicios de poca ética, mirar para otro lado.

Hablar de democracia y pretender destruir lo creado durante 40 años, despreciando lo hecho, es demostrar que desmontar la memoria y pretender reescribir la historia es un error y que la historia debe quedar para el estudio de los profesionales y la memoria servir para no repetir errores, pues destruir es muy fácil, pero crear, trabajar y desarrollar un proyecto requiere tenerlo, demostrarlo, aplicarlo, desarrollarlo. Y, todo ello, precisa un esfuerzo, un trabajo y una solvencia que debe de acreditarse antes de comenzar a desmontar lo conseguido, y hacerlo desde el respeto, el reconocimiento y la valoración del trabajo realizado hasta el momento y que se pretende mejorar.

Por tanto, primero dime qué quieres cambiar, por qué lo quieres cambiar, cómo lo quieres cambiar y dónde pretendes llegar. Si no eres capaz de contestar estas cuestiones con claridad, ¡cuidado! eres un farsante.

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