Discernir el engaño de los pitones…

FuenteMiguel Mayoral
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Año tras año parece que no evolucionamos. Día tras día se mete a todos en el mismo saco de forma que todos parecen culpables e inocentes, afirman o contradicen, solucionan y estropean. Es como si viviéramos en constante confusión. En lenguaje taurino parece que están sacando a la corrida todos los sobreros para que parezca confusa, para que no sepamos a que diestro mirar ni a que toro valorar.

Los ciudadanos asistimos pacientes a que alguien nos enseñe a separar el grano de la paja, el engaño de los pitones, que nos han puesto y nos ponen para que no nos fijemos en los temas verdaderamente importantes que acongojan a este país, cada día más, e incapaz ya de sorprenderse. Se trata de la secular práctica que consiste en suscitar falsas discusiones que distraigan la atención de otras verdaderas o de otros asuntos que no interesa que sean tenidos en cuenta como el día a día de las familias y los ciudadanos.

España es un país de verdades evidentes que se obvian para no violentar postulados, que alguien eleva a dogma por interés siempre personal, y de verdades a medias que se lanzan para provocar reacciones controladas que distraigan la atención o que siembren entre las gentes una determinada idea o un determinado olvido. Olvidar es ignorar lo aprendido. Los casi cuarenta años de democracia, más de los que duró la dictadura en todo el territorio español, y parece que no nos han enseñado a caer en trampas dialécticas tras las que poca cosa se oculta. En estas fechas deberíamos pensar en que la memoria es cada día más peligrosa para algunos y más beneficiosa para la sociedad en general que necesita referentes para analizar el día a día de la vida pública. La vida pública no debe constituirla las cuitas entre partidos o al menos no con carácter fundamental.

Los medios de comunicación deben jugar su papel como depositarios de afirmaciones, y negaciones, que pueden poner en apuros a quién pretenda desdecirse de lo dicho y lo hecho. La justicia debería ser rápida para los temas que afectan a los ciudadanos, al igual que la justicia de los mismos partidos políticos. La verdad tiene que ser clara al igual que las actuaciones. Hay que dedicar las energías del país a solucionar en todos los frentes, y a renovar pero sin destruir. Algunos enseguida caen en la tentación de afirmar que lo foráneo es mejor, los que hemos viajado sabemos que no es así, lo bueno para los españoles debe ser lo que genera su propia idiosincrasia que ha sido ejemplo de Europa desde hace cientos de años mal que no queramos reconocerlo. Como diría mi abuela yo no me muevo de donde me cubra mi tarjeta de la Seguridad Social, y concretando donde me atiendan en castellano. La creatividad no tiene que estar reñida con la honradez, y no se es honrado cuando se manda al más allá a nuestra juventud con promesas huecas de paraísos inciertos. Cuando las personas no cumplen con sus deberes pierden sus derechos desde el primer momento, y no hay que esperar a que sean juzgados, se les aparta “pá siempre”.

Los ciudadanos estamos cansados de que se nos engañe tan abiertamente. La verdad es evidente como el que sufre el cambio de “pelo de la dehesa” por un traje o ideología del color que sea. No se puede tapar la verdad con la escusa de la crisis, de aventuras políticas inciertas, ni los ciudadanos tienen porque pagar moral y económicamente los errores de otros.

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