Un debate de bolsas de caramelos

Entre primos anda el juego de política y toros

FuenteLuis Falcão | @luischiado

Acertado estuvo el candidato de Ciudadanos, Francisco Igea, cuando se refirió a las campañas electorales como «el reparto de bolsas de caramelos». También estuvo oportuno y convincente en otras cuestiones y, sobre todo, metiendo el dedo en la llaga de la realidad que viven los medios de comunicación en Castilla y León que, incluso, llegó a afirmar que «no se respetaba la libertad de prensa»… Un debate en RTVCyL -La7 y La8– que no se salió del típico formato encuadrado y monologuista. Tan sólo en el último bloque, relacionado con la ‘Regeneración democrática’, tuvo interés, tensión y donde se vio aflorar quién es cada uno y qué diferencia y defiende cada uno.

Las propuestas de unos y otros ya son de sobra conocidas durante estos intensos seis días que llevamos de campaña electoral. Manidos discursos, encorsetados postulados, frases aprendidas y, para no ser menos este debate, tópicos de un lado y otro sobados y cansinos. Los diversos medios de comunicación se encargarán de trasladar esas propuestas.

Cuatro candidatos -a pesar de las protestas de José Sarrión de asegurar que queda fuera «la izquierda crítica», pero la realidad es la que es- que llegan en muy diverso estado de ánimo y con perspectivas también diferentes y, sobre todo, marcadas por los resultados de las pasadas elecciones generales del 28A, que muy bien supo explotar el candidato del PSOE, Luis Tudanca, cuando reprochaba vez tras otra al candidato del PP, Alfonso Fernández Mañueco, de ya no ser el partido más votado en CyL.

Aquí lo claro es que ya no sólo se disputan la hegemonía PP y PSOE, sino que al final del debate, Igea también quiso colarse por esa rendija del poder para reivindicar que es un partido de gobierno. Fernández Mañueco le interpeló -en su minuto de ‘gloria’- si «iba a convertirse en el caballo de Troya que apoyaría a los socialistas tras las elecciones». Algo así como Pablo Iglesias preguntaba a Pedro Sánchez si iba a pactar con Cs. Dio Mañueco alas a Paco Igea para reivindicarse y ofrecerse como cambio. Un cambio que también hace suyo el líder de Unidas Podemos, Pablo Fernández, al asegurar que el cambio real «a favor de las personas no pasa por el PP ni por Cs, sino por Podemos». Fue realista Fernández que no se postuló como ganador. Él sabe cuál es su papel y si CyL se bascula a la izquierda, que también es probable, puede tener hasta razón.

Vimos al popular Alfonso Fernández Mañueco, no tanto a la defensiva, pero sí encorsetado en el discurso de siempre, con las frases de siempre. Además, era el único que iba con corbata… Su papel no era fácil en este formato. Los populares debieron ser conscientes de lo que hacían cuando sugirieron estos debates. Eran tres contra uno. Eran 33 años de gobierno -del que el líder popular no podía deshacerse- al que hacían trizas los otros tres candidatos. Es verdad, que Castilla y León ha cambiado mucho, en unas cosas para mejor, en otras para peor. Pero ni las cosas buenas le servían a Mañueco para detener las críticas contínuas del resto de formaciones. Parecía algo nervioso en el último punto, ‘Regeneración democrática’, donde no se sentía agusto, donde iban disparos de un lado y otro más que con bala con misiles. Incluso ese nerviosismo se lo puso en voz Igea. Al final hizo una alusión a su padre que le «transmitió honradez para llevar por la calles de Salamanca la cabeza alta que desea transmitir a sus hijas». Y terminó.

El socialista Luis Tudanca estuvo correcto en sus intervenciones. Su misión, ahora que el viento sopla a favor -invocaba vez tras otra los resultados del 28 de abril-, era no cometer errores. Y, por suerte, no los cometió. Su contrincante era, única y exclusivamente, Fernández Mañueco en una idea de que se erigía como el único que podía disputar al PP el futuro Gobierno de la Junta. No se cansó de pedir el voto, porque «ahora es el momento» de cambiar azules por rojos -como decía Igea-. Por cierto, con Unidas Podemos ni con Ciudadanos tuvo malas palabras. Quién sabe con quién se tendrá que sentar a hablar o a compartir Gobierno… Ese era el gran interrogante que dejó Mañueco en el debate y nadie, y menos Igea, respondió.

El candidato de Unidas Podemos, Pablo Fernández, se convirtió en la voz reivindicativa, crítica y, casi digamos, realista con los problemas de la calle. Pablo tiene un discurso seco, fiel a su ideología, alejado de los pragmatismos más políticos. No vende bolsas de caramelos y también es sensato de la situación que tiene Podemos. Por eso buscaba hablar de pactos para empleo, despoblación, regeneración, fiscalidad… Crítico, muy crítico con la corrupción donde repartió a un lado y otro -de los dos lados con el «expolio» de las cajas de ahorro- y fue tajante al afirmar que «no dependemos ni debemos favores a multinacionales, ni banqueros ni empresarios». Ciertamente.

Finalmente, el naranja Francisco Igea salió muy airoso de este debate. Sensato, tranquilo, supo encajar algunas críticas que le llegaban. Duro con el PP, que se valió durante cuatro años de su apoyo para impulsar ciertas medidas que «ahora se apropia los populares». Políticas económicas y fiscales, creemos por su intervención, no tan liberales como propugna a nivel estatal. Y, además, no tuvo reparos en poner encima de la mesa la situación que viven los medios de comunicación en Castilla y León. La red de «clientelismo empresarial y de amiguetes» que se ha creado en esta Comunidad. Apostó por un Plan de Medios con carácer objetivo, transparente y no clientelar que no obligue a «llamadas para cambiar una foto o una información». Francisco Igea sorprendió como ese maestro, aunque es médico, de toda la vida que nos aconseja con templanza y del cual no tenemos duda.

Este es el primer asalto. Habrá ‘otro partido de vuelta’ la próxima semana donde los candidatos aprenderán de lo que han hecho mal y dónde deben incidir. Esperemos que no se equivoquen de adversario político. Los votos están donde están. Lo cierto es que las espadas están en todo lo alto y, no es menos cierto, que a partir del 26 de mayo veremos una Junta de Castilla y León que nada se parecerá a la que hemos tenido hasta estos días. Gobierne quién gobierne y lo haga con quién lo haga, nada será igual. Ahí acertamos todos. Por cierto, en estos debates, cuánto te echo en falta, querido Roberto, ay!

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