¿Por qué la gente lleva siglos apostando?

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El tiempo pasa, pero hay cosas que permanecen inmutables. La pasión por el juego es algo que acompaña a la humanidad desde el año 2300 a.C. hasta el día de hoy, si bien los juegos han ido evolucionando. Algunos de ellos, como el faro, ya han desaparecido. Otros, como las tragamonedas, son de reciente creación. Sin embargo, nuestra actitud frente al juego ha cambiado poco: seguimos disfrutando de arriesgar nuestro dinero como hacíamos milenios atrás.

¿Alguna vez te has preguntado por qué a la gente le gusta tanto el juego? Podríamos asumir que el ambiente específico de un casino y la sensación de rivalidad que se respira hacen que el juego sea tan atractivo. Sin embargo, a pesar de la aparición de los casinos online, la gente juega tanto como antes. De hecho, ahora se juega más, porque los casinos online se han sumado a los casinos físicos, en lugar de substituirlos.

La gente se siente cada vez más atraída por los juegos de azar, ya que tiene más “oportunidades” para ganar dinero sin necesidad de realizar grandes inversiones. Por ejemplo, hay gente que se considera cazadores de bonos, es decir, que usa los bonos gratuitos de los casinos para intentar ganar dinero a largo plazo. No es una estrategia fácil de implementar y cada vez se ofrecen menos bonos con un valor positivo esperado, pero ello no detiene a los jugadores.

Los cazadores de bonos son una minoría en el mundo del juego. La mayoría de la gente simplemente juega a los juegos que le gustan y, en la mayoría de casos, pierde dinero. Así pues, ¿por qué a pesar de perder la gente lleva toda la historia jugando?

¿Cuándo se inventó el juego?

Para entender por qué apostamos, es muy importante conocer el origen del juego. Aunque no existe una fecha particular en la historia que signifique la invención de los juegos de azar, varios manuscritos antiguos indican que el juego como actividad se remonta a los albores de la civilización. De hecho, algunos datos demuestran que la gente ya jugaba incluso antes de la historia escrita, en el Paleolítico.

Las primeras culturas, como la mesopotámica o la china, incluían elementos relacionados con el juego. En Mesopotamia se encontró el dado de seis caras más antiguo, cuya invención se remonta a más de 3000 años a.C. China, por su parte, ya fue una verdadera cuna del juego miles de años antes del inicio de la nueva era.

El juego también fue habitual en la Antigua Grecia, donde lanzar dados para ganar dinero o para decidir entre dos elecciones era una práctica habitual. Homero habla regularmente sobre el juego en sus obras, mientras que otros manuscritos históricos indican que los griegos creían que incluso los dioses jugaban a juegos de azar. Una conocida leyenda griega dice que Zeus, Hades y Poseidón lanzaron un dado para decidir quién gobernaría cada una de las partes del Universo.

Con el paso del tiempo, el juego se ha ido expandiendo. Durante los años del Imperio Romano, el juego ya era muy común, e incluso la Biblia menciona que los soldados se jugaron a los dados quién se quedaría con las ropas de Jesús, lo que vincula claramente el juego con el pecado. El juego, como arte, estuvo a punto de ser prohibido en la Europa medieval, pero acabó resurgiendo durante la Ilustración con la creación del primer casino, cuando el Ridotto abrió sus puertas al público en 1638 en Venecia (Italia).

¿Por qué y cómo se jugaba?

El juego en sus orígenes era un tanto primitivo, aunque muchas de las prácticas inventadas en la antigüedad permanecen vigentes hoy en día. En las culturas antiguas, una tirada de dado, un lanzamiento de moneda o una elección de carta servían para determinar el ganador de un juego. Juegos como el Biribí, en el que un banquero extraía un número entre 70 posibilidades, se jugaban en la Europa del siglo XVII.

En la actualidad, el juego ha evolucionado de forma significativa, pero muchos de los juegos de nuestros días mantienen el estilo de antaño. El baccarat, por ejemplo, es un juego muy sencillo en el que el jugador apenas puede elegir a qué lado quiere apostar.

Las apuestas deportivas son otra actividad derivada del juego que nacieron prácticamente al mismo tiempo que el propio deporte. Aunque la manera de calcular las probabilidades han cambiado y han surgido nuevos mercados, las apuestas deportivas de entonces son similares a las que podemos encontrar hoy en día.

¿Por qué seguimos jugando?

El paso de los siglos nos ha enseñado una cosa muy importante: ganar es casi imposible en el juego. Aunque de vez en cuando aparecen ganadores afortunados, la mayoría de los mortales acaba perdiendo en cualquier tipo de juego. La pregunta, por tanto, es: ¿por qué seguimos jugando?

Para muchos, el juego era antes una manera de relacionarse con la gente y de celebrar victorias o lamentar derrotas con personas afines. Sin embargo, con la llegada de los casinos online, cada vez más gente juega desde su hogar sin necesidad de socializarse.

La sencillez del juego online, la cantidad ingente de publicidad y la posibilidad de ganar grandes premios son probablemente los principales motivos por los que cada vez hay más jugadores online. Sin embargo, conociendo las probabilidades y el hecho de que la mayoría de gente pierde, cabría preguntarse si lo que se considera un simple entretenimiento no acabará en adicción para muchos jugadores.

Incontables estudios demuestran que el juego activa en nuestro cerebro una respuesta similar a la de las drogas, el alcohol y otras sustancias adictivas, de modo que la ludopatía debería considerarse un problema grave de la era moderna. Aunque a la mayoría de gente le cueste admitirlo, las tragamonedas, las apuestas deportivas y otras formas de juego online están produciendo más ludópatas que nunca.

¿Es posible curar la adicción al juego?

Gentes de todo el mundo llevan milenios jugando. Durante mucho tiempo, a nadie se le ocurrió que el juego y las drogas pudieran siquiera equipararse. Sin embargo, hoy en día, conocemos tanto la psicología como los procesos químicos que se producen en el cerebro cuando jugamos, y podemos afirmar sin riesgo a equivocarnos que el juego puede causar adicción tan rápidamente como las drogas.

Lo bueno es que, como con el resto de adicciones, la ludopatía se puede curar. Con una rehabilitación adecuada y con la ayuda de familiares y amigos, mucha gente ha conseguido dejar el alcohol, la heroína o el juego. El primer paso (y el más difícil) es admitir que se tiene un problema, condición indispensable para poder librar la batalla contra la adicción e iniciar el camino hacia la libertad.

 

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