Viejas historias de la Diputación de Salamanca

TERRITORIO CIDIANO

La Diputación de Salamanca celebró el pasado jueves, festividad de San Mateo, el tradicional Día de la Provincia, al que nos gusta asistir sobre todo porque brinda la oportunidad de confraternizar con gran parte de los alcaldes de los pueblos salmantinos.

Muchos de ellos aprovechan la visita a la capital para redondear la jornada festiva acudiendo por la tarde a la corrida de toros, la cual pone fin al ciclo taurino salmantino y a las fiestas de la ciudad.

Esta corrida, con carteles dedicados habitualmente al toreo a caballo, era conocida hasta hace algunos años entre los cronistas taurinos como ‘corrida de la pana’ porque en ella se daba cita un público festivo, llegado desde todos los rincones de la provincia, con pocos o nulos conocimientos de los cánones del toreo; un público ávido por repartir trofeos a troche y moche entre toreros y rejoneadores, pues su único objetivo era simplemente pasar un día de fiesta al margen de cualquier otra consideración.

Los aficionados ‘entendidos’, que en las corridas precedentes ocupaban barreras, contrabarreras y tendidos de sombra, presumían de regalar ese día sus entradas al personal de servicio, igual que en la película “Sissi y su destino” cuando Francisco José y Sissi asisten a una ópera en la Scala de Milán y comprueban con horror que toda la nobleza italiana, para despreciarlos, había regalado sus entradas a la servidumbre.

Así pues, como los pueblerinos de antaño, tras el acto del Día de la Provincia partimos hacia la plaza de toros para presenciar la corrida de rejones, igual que hicimos durante tantos años mientras trabajábamos en la prensa salmantina, ahora tan desfigurada, ay.

El presidente de la Diputación, Javier Iglesias, acertó reuniendo en el acto del Día de la Provincia a los nueve presidentes de la institución que le precedieron desde el inicio de la etapa democrática, entre otras cosas porque por suerte todos ellos siguen aún vivos.

Mientras Iglesias desgranaba su discurso oficial, el catálogo vetusto de rostros nos provocó una sensación de nostalgia retrospectiva. Porque cada una de esas legislaturas son también etapas de nuestras vidas.

Cada presidente/presidenta tenía su propia personalidad y en los cuatro años de su mandato sucedieron hechos de mayor o menor trascendencia que forman parte ya de la historia de la provincia salmantina.

Nosotros empezamos en este abnegado oficio del periodismo a mediados de los años 80. Presidía entonces la Diputación salmantina el socialista Juan José Melero, en una época en la que Felipe González acababa de ganar las elecciones y el PSOE gozaba de un poder casi absoluto. Felipe González acabó con el reinado de la UCD, y en Salamanca, Melero puso fin a las presidencias de UCD en la Diputación entre 1979 y 1983, que encarnaron los presidentes Antonio Gómez Rodulfo y José Muñoz Martín.

Muchos de estos políticos de la UCD se apresuraron luego a llamar a las puertas de la Alianza Popular de Manuel Fraga Iribarne y han seguido hasta hace muy poco o siguen todavía en política integrados en el PP. La lista sería interminable.

Juan José Melero fue apeado del cargo en 1988 tras un pacto de gobierno entre AP y CDS, este último partido de nuevo cuño que trató de rentabilizar el patrimonio político de la UCD. La presidencia de la Diputación recayó en la centrista Charo Diego, mientras que la vicepresidencia se puso en manos del popular Casimiro Hernández.

Fue un gobierno de grandes tensiones internas, ya que Charo y Casimiro se odiaban hasta extremos inimaginables. De hecho, en privado, Charo Diego se refería siempre a Casimiro Hernández con el apodo despectivo de ‘Casio’. Hernández, por su parte, tampoco se quedaba atrás en los apelativos que utilizaba cuando hablaba de la presidenta.

En las elecciones municipales de 1991, el PP consiguió por fin la anhelada mayoría absoluta en la Diputación: 13 de los 25 escaños de la institución. Sin embargo, la pésima relación entre Casimiro Hernández y Charo Diego hizo que ésta urdiera un plan para privar a Hernández de la presidencia.

De acuerdo con los diputados provinciales del PSOE, liderado en ese momento por Emilio Melero, hermano del anterior y actualmente vocal del Consejo de Cuentas de Castilla y León, ofrecieron la presidencia de la Diputación a José Dávila Rodríguez, diputado del PP, que se convirtió en tránsfuga y también en el nuevo presidente de la institución en detrimento del que había sido su compañero de filas, Casimiro Hernández.

Manuel Fraga tildó este pacto como “la mayor traición desde la de Viriato”. La elección de Dávila provocó sonadas manifestaciones de protesta en Salamanca. Tras la elección del inopinado presidente, José Luis Sagredo de Miguel, tesorero de la Diputación y significado dirigente del CDS (entre otros cargos, fue consejero de Medio Ambiente en el gobierno de José María Aznar en la Junta de Castilla y León) tuvo que saltar a la calle por una ventana de la Diputación y refugiarse en una tienda próxima para evitar que fuera linchado por la multitud airada.

Así pues, Casimiro Hernández fue el gran ausente el jueves en esta reunión de presidentes. Un puesto que le habría correspondido en buena ley si las circunstancias políticas en 1991 hubieran seguido su curso natural. Por contra, su lugar lo ocupaba José Dávila Rodriguez, el polémico tránsfuga.

Pensábamos en aquellos sonados hechos de 1991, que vivimos en directo en nuestra juventud física y periodística, mientras Javier Iglesias se dirigía a la concurrencia, quizás influido también en el ánimo por la triste circunstancia personal que atraviesa actualmente Casimiro Hernández tras la grave caída que sufrió hace un par de meses.

Fue a partir de 1995, una vez que Dávila abandonó la Diputación, cuando se forjó esta larga etapa de hegemonía del PP en la Diputación de Salamanca, que se prolonga desde entonces hasta hoy.

Entre los nueve presidentes, precisamente sentado junto a Dávila, se hallaba Alfonso Fernández Mañueco, quien luego proseguiría su carrera política en Valladolid formando parte del primer gobierno de la Junta de Juan Vicente Herrera y como secretario regional del PP tras la marcha a Madrid de Juan José Lucas y de su vicepresidente, Jesús Merino.

Conque, a mediados de los 80, cuando comenzamos a juntar letras en el hoy desaparecido El Adelanto, no imaginábamos ni por el forro el catálogo de rostros recolectados que nos encontramos el jueves en la Diputación salmantina.

Hemos visto pasar ya a muchos ‘curuneles’, sin duda, tal como afirmaba sabiamente aquel pueblerino. ‘Curuneles’ en Salamanca, sí, y también en las instituciones de Castilla y León. Qué fatiga, tú. El puñetero tiempo, que se escapa como arena entre los dedos, Javier, ay.

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