Congreso PSCyL: El decente, el obispo rojo y una persona normal

CARTAS A MARIO

Mario, amigo, el secretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos, clausuraba en esta calurosa mañana de domingo el 13 Congreso de los socialistas de Castilla y León, celebrado en Zamora y en el que el burgalés Luis Tudanca ha revalidado su cargo de secretario regional. Revalidación con poderes absolutos frente a su frágil situación anterior, tras el nombramiento de la gestora a nivel nacional y la división entre ‘pedristas’ y ‘susanistas’.

Ábalos protagonizó un discurso improvisado y zigzagueante en el que mezcló lo afectivo (“el PSOE es un partido de afectos”, dijo) con una serie de tópicos propios de mítines y congresos de partidos de izquierda. “Tenemos que recuperar el espíritu fundacional del partido”, subrayó. Un espíritu que, a su juicio, debe dirigir la acción política hacia los más débiles, hacia los trabajadores, los niños, las personas dependientes, las mujeres maltratadas, etcétera.

Por momentos, tuvimos la sensación de estar asistiendo al sermón de una misa de domingo, a la oración evangélica de un obispo, rojo en este caso. Tal nos pareció Ábalos con su discurso redentor a favor de los desfavorecidos del mundo.

Claro que sus palabras las suscribiría cualquiera. ¿Acaso hay alguien que no quiera que mejoren las condiciones de vida de los más débiles? La cuestión no es el qué, sino el cómo, que es justamente lo que tiene que resolver la acción política. Pero del cómo, que es lo difícil, nada se dijo.

La intervención de Ábalos estuvo precedida por la de Demetrio Madrid. El papel de Demetrio Madrid en esta cita congresual ha sido especialmente relevante. Demetrio Madrid es el referente moral de este nuevo PSOE de Pedro Sánchez y Luis Tudanca. El hombre íntegro que en 1986 dimitió de su cargo como primer presidente de la Junta de Castilla y León tras ser imputado en el denominado ‘caso Pekus’, por la supuesta venta fraudulenta de dicha empresa textil, de su propiedad, y del que luego resultó absuelto.

A partir de su absolución, acaecida en 1989, Madrid se ha convertido en el ariete moral de los políticos socialistas españoles. Le sirvió a Felipe González cuando sacó a relucir su nombre en un debate en el Congreso de los Diputados. Y le está siendo de gran utilidad ahora a Luis Tudanca como contrapunto a los casos de corrupción que asenderean al PP de Castilla y León. La foto de Demetrio Madrid en la tribuna del teatro Ramos Carrión bajo el eslogan “La alternativa decente” era harto elocuente.

Conque, la intervención del hombre ‘decente’ y lo que escuchamos acto seguido hicieron que empezara a campanillearnos en la mente el título de la película de Sergio Leone y Clint Eastwood como apresurado resumen.

Digamos de paso que, tras su absolución, Demetrio Madrid ha declarado que, a pesar de que sabía que iba a ser absuelto, “no es obligatorio estar en política” y que “hay vida después de la política”. Pero lo cierto es que no ha dejado de ocupar cargos públicos desde su rehabilitación en 1989, más de treinta años saltando del Congreso de los Diputados al Senado, Cortes de Castilla y León, Consejo Consultivo, etcétera. Una dilatada trayectoria en cargos públicos que contrasta con la tendencia actual de rechazo a que la política se convierta en un estilo de vida.

El nuevo secretario general, Luis Tudanca, que ha forjado una ejecutiva autonómica monolítica, en la que apenas figuran ‘susanistas’ (el alcalde de Tordesillas es una de las pocas excepciones) confesó en su intervención que el mejor elogio sobre él lo pronunció hace algún tiempo el propio Demetrio Madrid: “Lo más extraordinario que tiene Luis Tudanca es que es una persona normal”. Y este fue el remate a la tríada.

En su línea habitual, Tudanca cargó las tintas contra el PP de Castilla y León. Utilizó para ello una cita de Tácito: “A la rapiña y el robo los llaman con nombre falso gobernar, y donde crean un desierto, lo llaman paz”. La frase, que, a juicio de Tudanca, define el quehacer del PP en estos últimos treinta años en Castilla y León, no precisa de comentarios.

A mayores, denunció el reciente almuerzo que han celebrado en una bodega de Valladolid los cuatro presidentes de Castilla y León del PP y el actual presidente del partido: Aznar, Lucas, Posada, Herrera y Mañueco. Tudanca señaló que, si la foto hubiera sido de los vicepresidentes de la Junta, comprobaríamos que todos ellos han sido condenados o imputados por casos de corrupción.

Al margen de dimes y diretes, el congreso se salda con las posturas habituales en estos casos: alegría desbordante entre los que han sido llamados para cargos y malestar entre los excluidos. A pesar de que José Luis Ábalos insistió en la necesidad de integrar, lo cierto es que la mitad de los actuales secretarios provinciales no han asistido al congreso regional de Zamora.

Vimos hoy en las inmediaciones del teatro Ramos Carrión caras largas, v.gr., la del alcalde de Soria, Carlos Martínez, la del secretario provincial de Salamanca, Fernando Pablos, o la del anterior secretario regional, Óscar López, entre otros, este último fuera de cacho tras la ‘traición’ que protagonizó hacia Pedro Sánchez a raíz del nombramiento de la gestora.

Realmente, la composición de la ejecutiva autonómica tiene importancia a efectos internos, pero apenas incide en la vida externa del partido. El poder hoy en el PSOE de Castilla y León reside en dos personas: Luis Tudanca y Óscar Puente, este último alcalde de Valladolid y portavoz de la Ejecutiva Federal del PSOE.

De ahí para abajo, como mucho la presencia en la vida cotidiana del partido de la nueva vicesecretaria, Virginia Barcones, y de la secretaria regional de Organización, Ana Sánchez, cuyos modos de mando, como de gobernanta de hotel o así, no son del gusto de muchos militantes, según pudimos escuchar en los corrillos formados a la puerta del teatro.

Una vez celebrado el congreso, lo que importa ahora son las elecciones municipales y autonómicas de 2019. El reto de Tudanca será presentar entonces a los mejores candidatos y no, como ha venido sucediendo hasta ahora, a los amiguetes o a los aduladores de turno.

Después de treinta años de gobiernos del PP, en los cuales el PSOE no ha tenido oportunidades reales de alcanzar el poder, se abre ahora la “oportunidad histórica” de conseguir la presidencia de la Junta mediante un gobierno de coalición, en el supuesto de que el PP no logre una mayoría absoluta.

Esta posibilidad sólo surgirá si el PSOE consigue remontar el baldón de los 25 procuradores que obtuvo en las elecciones de 2015, el peor resultado de su historia en la Comunidad. Ello sólo será posible si se apuesta por los mejores candidatos en las nueve provincias.

Porque este nuevo PSOE de Sánchez y Tudanca, más radical, más de izquierdas, más rojo si cabe, entusiasta como hoy en el cántico de ‘La Internacional’, toca una música que suena bien a la militancia. Pero el aplauso final corresponde a los electores. Este será su gran reto dentro de dos años, convencer a antiguos votantes de que vuelvan a votar PSOE. Pero ésta, Luis, es harina de otro costal, ay.

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