Frases para felicitar la Navidad

TERRITORIO CIDIANO

FuenteCarlos Velasco / director de Noticiascyl
loading...

Los teléfonos móviles han cambiado nuestra vida y todavía no sabemos hasta qué punto. Al catálogo generoso de adicciones, hay que añadir ahora la dependencia del móvil (o del ‘celular’, que dicen en Hispanoamérica), ese aparatito minúsculo, coqueto y cálido que nos permite llevar a cabo desde la comodidad del sofá un sinnúmero de acciones y, sobre todo, estar al tanto de lo que hacen o dicen los demás. El móvil se ha convertido en la plaza mayor o en las solanas de antaño de los pueblos.

Las consultas de psicólogos y psiquiatras están a rebosar en nuestro tiempo de adolescentes enganchados al móvil, a las tecnologías de la información y la comunicación en sus variadas vertientes: Facebook, Twitter, Instagram, grupos de Whatsapp, grupos de Skype, etc. Y no solo se trata de un fenómeno juvenil, sino que la masa gruesa de adultos se está adentrando con vértigo e intensidad en este amplio universo que es el Internet.

En una decena de años, nuestro mundo ha cambiado a un ritmo tan vertiginoso que produce pavor. Pocas cosas se pueden hacer ya sin el Internet dichoso. Las app, otra nueva palabra de nuestro tiempo, han transformado nuestros hábitos en casi todos los aspectos de nuestra vida cotidiana: contratar un viaje, reservar un hotel, enviar una factura o un formulario a un organismo público, comprar cualquier objeto…

Ahí está el ejemplo admirable de Amazon y otras empresas de venta online, que han conseguido que en apenas veinticuatro horas dispongas en tu domicilio de un bolígrafo o cualquier otra nimiedad que compres en su web. Y además, sin cobrarte los portes del envío, que parece algo milagroso. Te preguntas: ¿Y todavía les queda ganancia?

Capítulo aparte es el preocupante control sobre el individuo que permiten estas tecnologías. Las grandes compañías de Internet no ofrecen gratis sus servicios. Para darte de alta en Facebook, Gmail, Microsoft, Apple y demás te exigen que previamente facilites un porrón de datos personales, en primer término tu número de teléfono móvil.

A partir de ahí, empiezan a saber todo de ti, a crear tu perfil como potencial consumidor: dónde estás, qué páginas web consultas, el tiempo que permaneces en un lugar, dónde trabajas, dónde viajas, qué tiendas físicas visitas… Y todo, para ofrecerte publicidad personalizada, claro. Conque, adiós a la intimidad y bienvenida esta novela colectiva de las nuevas tecnologías.

Las consecuencias de la adicción al móvil no son solo psicológicas. El vicio constante conlleva también secuelas físicas, especialmente para la vista y las cervicales, ya que la consulta del aparatito, sobre todo cuando se camina por la calle, nos lleva inconscientemente a doblar la cerviz. Y qué decir de esas personas que se abstraen tanto mientras caminan que cruzan la calle o la carretera y son arrolladas por un vehículo. El número de este tipo de casos crece de día en día de manera alarmante.

La celebración de las fiestas de Nochebuena y Navidad (luego vendrán la Nochevieja y el Año Nuevo y la parafernalia volverá a repetirse casi como calcada) ha sido invadida por el móvil. La familia se aplica al ritual de los langostinos y el cabrito con sus miembros con el móvil desplegado sobre la mesa, atento más cada uno a lo que dicen unos y otros fuera, en la redes sociales y grupos de Whatsapp, que a lo que se habla dentro del hogar.

La rutina, digo, de la Nochebuena y Navidad son las felicitaciones a través del móvil mediante bonitas frases, que muchas veces se copian de aquí y allá. La raza humana casi al completo enviándose mensajes a través de los dispositivos móviles. He aquí una mínima muestra de las chorradas almibaradas, repetitivas y sin gracia con las que algunos acostumbran a saturar la Red en estos días señalados:

– Como dijo Shakespeare, «estamos hechos de la misma materia que los sueños”. Espero que en esta Navidad podamos materializar todos nuestros sueños. ¡Feliz Navidad!

– La alegría que puedo ver en las calles la noche de Navidad embriaga mi corazón de una gran emoción. Puedo sentir lo hermosa que es la vida cuando todos nos amamos y respetamos. ¡Feliz Navidad!

-Dejemos que nuestro corazón se llene de felicidad en esta Nochebuena y sentiremos lo maravillosa y especial que es esta fecha.

La pregunta que nos surge ante estos hábitos deleznables es si tiene algún límite la estupidez humana. Cuando, por fin, una tecnología como el Internet permite a buena parte de la especie humana acceder a casi todo el conocimiento acumulado a lo largo de miles de años, resulta que el juguete se utiliza para perder el tiempo, el ocio sin sentido y el bombardeo masivo de chorradas de unos contra otros como las descritas. En fin.

La paradoja más grave de estas potentes herramientas de comunicación es que se utilicen precisamente para lo contrario, es decir, para desinformar, tal como ha sucedido en las elecciones norteamericanas y como seguirá sucediendo a partir de ahora en elecciones en Europa, en guerras como la de Siria, etc. Así pues, nos aguarda un peligroso futuro de mentiras y falsedades.

Lo que distinguía al ser humano del resto de criaturas de la Creación era que sólo él alzaba la vista al cielo para mirar las estrellas. Ahora se diferencia acaso por su obsesión en mirar el móvil, la cabeza inclinada hacia el aparatejo endemoniado, castigando severamente las cervicales, sin darse cuenta de todo lo grandioso que está sucediendo en ese instante sobre su cabeza, ay.

Conque, pese a todo, Feliz Nochebuena y Feliz Navidad.

 

Christmas phrases

Mobile phones have changed our lives and we still do not know how much. To the generous catalog of addictions, we must now add the dependence of the mobile (or the ‘celular’, which they say in Spanish America), that tiny, flirty and warm gadget that allows us to carry out from the comfort of the sofa countless actions and, above all, to be aware of what others do or say. The cell phone has become the main square or the old solanas of the villages.

The consultations of psychologists and psychiatrists are overflowing in our time of teenagers hooked on mobile, information and communication technologies in its various aspects: Facebook, Twitter, Instagram, Whatsapp groups, Skype groups, etc. And not only is it a juvenile phenomenon, but the thick mass of adults is entering with vertigo and intensity in this broad universe that is the Internet.

In a dozen years, our world has changed at such a dizzying rate that it produces dread. Few things can be done without the blissful Internet. The app, another new word of our time, has transformed our habits in almost every aspect of our daily life: hire a trip, book a hotel, send an invoice or a form to a public body, buy any object…

There is the admirable example of Amazon and other online sales companies, who have managed to have a pen or anything else you buy in your web in just twenty-four hours. And besides, without charging you the postage of shipping, which seems something miraculous. You ask yourself: And you still have profit? Chapter apart is the worrying control over the individual that these technologies allow.

Large Internet companies do not offer their services for free. To sign up for Facebook, Gmail, Microsoft, Apple and others require you to previously provide a heap of personal data, primarily your mobile phone number. From there, they begin to know everything about you, to create your profile as a potential consumer: where you are, what web pages you consult, how long you stay in a place, where you work, where you travel, what physical stores you visit… And everything, to offer personalized advertising, of course. So, farewell to the intimacy and welcome this collective novel of the new technologies.

The consequences of mobile addiction are not just psychological. The constant vice also entails physical sequelae, especially for the eyes and neck, since the consultation of the device, especially when walking on the street, leads us unconsciously to bend the cervix. And what about those people who are so abstract while walking that cross the street or the road and are overwhelmed by a vehicle. The number of this type of cases grows from day to day of alarming way.

The celebration of the Christmas Eve parties (then New Year’s), and the paraphernalia will be repeated almost as if it were on foot) has been invaded by the cell phone. The family applies to the ritual of prawns and kid with their members with the mobile displayed on the table, more attentive each to what some say outside, in social networks and Whatsapp groups, than to what is Speak within the home.

The routine, I say, of Christmas Eve and Christmas are the congratulations through the mobile through beautiful phrases, which are often copied here and there. The human race almost complete sending messages through mobile devices. Here is a small sample of the syrupy, repetitious and ungracious crap with which some are accustomed to saturate the Net these days:

-As Shakespeare said, «we are made of the same stuff as dreams.» I hope that this Christmas we can realize all our dreams.

-The joy I can see in the streets on Christmas night intoxicates my heart with a great emotion. I can feel how beautiful life is when we all love and respect each other. Merry Christmas!

-Let our hearts fill with happiness on this Christmas Eve and we will feel how wonderful and special this date is.

The question that arises from these disgusting habits is whether there is any limit to human stupidity. When, at last, a technology such as the Internet allows a good part of the human species to access almost all the knowledge accumulated over thousands of years, it turns out that the toy is used to waste time, nonsense leisure and Massive bombardment of bullshit against each other as described. Anyway, the most serious paradox of these powerful communication tools is that they be used precisely to the contrary, that is to say, to misinform, as has happened in American elections and as will continue to happen now in elections in Europe, in wars such as Of Syria, etc. Thus, a dangerous future of lies and falsehoods awaits us.

What distinguished the human being from the other creatures of the Creation was that only he looked up to the sky to look at the stars. Now he can be differentiated by his obsession with looking at his cell phone, his head bent toward the demon-possessed device, severely punishing his neck, unaware of all that is happening at that moment on his head, ay.

So, despite everything, Merry Christmas.

No hay comentarios

Dejar respuesta